20 de March de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoAlvaro Ríos Roca*

Los países de Centro América y el Caribe son los más afectados por los elevados precios del petróleo y de todos los energéticos en general. Los países de estas dos subregiones demandan mucho más energía de la que producen (con excepción de Trinidad y Tobago por supuesto) y, por lo tanto son seriamente perturbados en su balanza comercial.

Varios de los países productores y exportadores de energía de Latinoamérica y el Caribe, de alguna manera tratan de subsanar esta coyuntura de precios con subsidios. Subsidios con los cuales no estoy de acuerdo, a no ser que sean focalizados, sin embargo, en el largo plazo implican generalmente desabastecimientos o crisis energéticas.

Mucho se habla de que es imprescindible diversificar la matriz energética para combatir seriamente los altos precios del petróleo. Teoría no muy valedera en vista que el petróleo es un referente de precios para los demás energéticos en diferentes proporcionalidades. Así distinguimos como el carbón, el gas natural, y otros energéticos, incluyendo los biocombustibles (a los que muy fuertemente apuestan varios países de Centro América y el Caribe), son muy buenos acompañantes de los impredecibles y oscilantes precios del petróleo, independientemente de sus costos de producción.

Resumiendo, es muy poco lo que se puede hacer para forzar precios más bajos de energía en estos países en el corto a mediano plazo. La apuesta de un cambio en la matriz energética es por lo tanto una medida de largo plazo.

Nadie duda que Centro América, debido a su potencial, deba apostar muy fuertemente a los proyectos hidroeléctricos. Existe una muy amplia oposición ambiental y social, la cual hay que vencer con el argumento de que los proyectos son necesarios y que van a ser ejecutados con tecnología y responsabilidad social y ambiental.

Se debe arriesgar a importar gas natural para complementar a los proyectos hidroeléctricos. Preferentemente de los vecinos países del sur, aunque bajo las diferencias políticas que hoy existen entre Colombia y Venezuela, este escenario es más que complicado en el corto a mediano plazo y la opción LNG parece mucho más asequible. Inclusión e integración del gas natural en esta subregión es un paso más que necesario.

El proyecto de integración eléctrica, denominado SIEPAC, en el cual los Centroamericanos avanzan lentamente, pero avanzan, (que debería servir de paradigma a los países suramericanos), debe apoyarse firmemente en la hidroelectricidad y el gas natural en el largo plazo.

Gas Natural a 8 ó 10 US$/MMBTU será siempre mejor que diesel a 14 ó 16 US$/MMBTU o que el contaminante e ineficiente fuel oil a 8 ó 9 US$/MMBTU para la generación térmica. CEso sí, requiere de más estabilidad jurídica y compromiso. El petróleo ha subido de 12 US$ el barril a casi 100 US$ el barril en 7 años (8 veces), mientras que el gas natural (LNG) ha subido de 3.5 US$/MMBTU a 7 a 8 US$/MMBTU (2 veces) en el mismo lapso de tiempo.

La apuesta a los biocombustibles en Centroamérica y el Caribe, primordialmente con la caña de azúcar para la producción de etanol, es otra alternativa que corresponde impulsar, más por el lado del empleo, la balanza comercial y el fortalecimiento del aparato productivo y agrícola, que por mejores precios de energía. El fomento del uso de estos productos renovables en el mercado interno, en competencia con los derivados de petróleo, son una alternativa en el segmento transporte.

* Ex Secretario Ejecutivo de la OLADE y ex Ministro de Hidrocarburos de Bolivia.


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