23 de April de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoAsier Andrés Fernández-Inforpress C.A

El más reciente panorama laboral, presentado por la Organización Internacional del Trabajo, OIT, ha puesto de relieve que el buen desempeño macroeconómico no ha conseguido generar ni empleo de mayor calidad, ni mayor número de puestos de trabajo. El istmo, al igual que el conjunto de países latinoamericanos, sigue siendo la única región del mundo en el que la informalidad en el empleo continúa en expansión.

Ni siquiera el aumento constante de la productividad ha contribuido a paliar la situación de los trabajadores de una región, en la que la falta de cobertura social y el incumplimiento de la legislación laboral, son la nota dominante.

Realidad del crecimiento



“El crecimiento económico es una condición necesaria para el incremento del trabajo formal. Pero los datos reflejan que no por ello se está creando más empleo decente.” Ésta es una de las conclusiones a las que llegó el informe anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “Panorama Laboral 2007 para América Latina y el Caribe”, un documento publicado hace dos semanas y que a pesar de haber pasado desapercibido, ofrece conclusiones contundentes

La frase anteriormente citada refleja en gran parte el espíritu de un informe que hizo notar algunas de las contradicciones del actual modelo económico. Así, aunque la media de crecimiento anual del PIB en el istmo superó en el último lustro el 5,5%, en 2007 no se logró ni reducir la tasa de desempleo, que siguió por encima de la media mundial del 6%, ni mejorar el nivel de informalidad, que en todos los países, excluyendo a Costa Rica y Panamá, fue superior al promedio latinoamericano del 61,5%.

Si bien es cierto que el porcentaje de personas desocupadas en el istmo fue en descenso en los últimos años hasta alcanzar en el ejercicio pasado el 7,1%, como total nacional, y 8,6% en el medio urbano, estas cifras todavía no mejoran la tasa de desempleo del 6,9% alcanzada en 2000.

Los datos sobre participación de la población en la fuerza laboral tampoco arrojan un saldo más favorable, si se comparan con las estadísticas de 2003. Según afirma el informe de la OIT, en 2006 los ciudadanos centroamericanos económicamente activos rozaron el 56%, medio punto menos que en 2003, pese a que en los tres años transcurridos, el PIB aumentó un 18,5%.

El desempleo además se agudizó en 2007 entre el sexo femenino y los menores de 24 años que residen en ciudades. Los jóvenes urbanos desocupados fueron el pasado año casi el 17%, mientras que las mujeres sin empleo sumaron un 10,6%.

Estos datos son el reflejo de un fenómeno ya descrito por el investigador de CEPAL Carlos Guerrero de Lizardi en su trabajo publicado el pasado marzo, “Evolución reciente y perspectivas de Empleo en el Istmo Centroamericano”. De acuerdo con los datos presentados por el economista, los países de la región, pese a la elevada tasa de migración, no crecen anualmente lo suficiente para absorber el crecimiento de la Población Económicamente Activa ( PEA ). Así, entre 1990 y 2004, se generó en el istmo un déficit de empleo de más de 200 mil puestos de trabajo.

La consecuencia de este hecho es para Guerrero de Lizardi evidente: “Si la economía formal no ofrece ni la cantidad ni la calidad suficiente de empleo, el mercado de trabajo informal crecerá, si no en calidad, sí en cantidad.”

Economía sumergida



El informe de la OIT confirmó que luego de cuatro años de una prosperidad sin precedentes en los últimos 25 años, en 2007 la informalidad en el empleo permaneció intacta en la región. Las diferencias intrarregionales fueron, no obstante, sustanciales. Mientras que en Costa Rica y en Panamá el trabajo sin garantías sociales representó el 43% del empleo total, en Guatemala ascendió al 74%.

Precediendo a Guatemala en la última posición se colocaron Honduras (67%), Nicaragua (66%) y; El Salvador (62%). Según sostuvo la organización internacional, la precariedad laboral se mantuvo debido a que la mayor parte de los trabajadores siguieron empleados en micro o pequeñas empresas, así como en negocios familiares, dos de los sectores considerados como más proclives a la informalidad.

Así, el promedio regional de jóvenes laborando como asalariados en compañías de menos de cinco empleados o bien como trabajadores por cuenta propia, alcanzó prácticamente el 68%. Entre los mayores de 24, la misma cifra ascendió al 56%.

Los datos sobre cobertura social en estos dos sectores, suministrados por la OIT, dibujaron un panorama en el que gozar de un seguro sanitario o de jubilación es la excepción. Así, en El Salvador, en la actividad económica más extendida, el trabajo en microempresas, la tasa de empleados con prestaciones sociales sumó apenas el 15%.

En promedio, solamente el 41% de la clase trabajadora en el istmo tuvo acceso en 2007 a algún tipo de beneficio derivado de sus derechos laborales, un porcentaje muy similar al registrado en 1995. Los datos avalan que el hecho de que la cobertura social haya permanecido inalterable se debe a que la mejora en la situación de países como Guatemala o El Salvador ha sido contrarrestada por el aumento de la informalidad en Costa Rica, fundamentalmente.

En los últimos 12 años, los empleados costarricenses con prestaciones disminuyeron en más de un 5%. Esta caída afectó sobre todo a los asalariados, que anteriormente estaban afiliados a la Seguridad Social hasta en un 91%.

Contradicciones



El hecho de que este fenómeno haya sucedido en un país como Costa Rica, en el que entre 1995 y 2007 el PIB creció más del 60%, es la constatación de que la bonanza económica no garantiza empleo de más calidad.

En opinión del líder de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), Róger Barrantes, la explicación de porqué el crecimiento no ha repercutido sobre los trabajadores, se debe a su carácter especulativo.
“ Dos rubros son básicamente los que han tirado del crecimiento: el aumento del valor los precios internacionales de productos de exportación como el café o el azúcar y el auge del sector financiero.

Pero no por ello se ha generado ni más ni mejor empleo”, dijo Barrantes a Inforpress.
Otras fuentes consultadas coincidieron en que este hecho se debe a características estructurales del sistema productivo. Según aseguró el miembro de la Unión Nacional de Sindicatos de Guatemala (Unsitragua ), Efrén Sandoval, la política en la región está orientada a hacer cada vez más profunda la brecha entre lo que producen los obreros y lo que reciben.

“Para los empresarios el sector informal debe seguir porque es una reserva de mano de obra barata, y reducir los costos es la única forma que creen que tienen para atraer la inversión”, concluyó Sandoval .
En términos parecidos se expresó el abogado laboralista guatemalteco Alejandro Argueta, quien criticó que “el modelo de inserción en la economía global que ha seguido la región centroamericana ha estado basado en el autoritarismo y la exclusión”.

El letrado explicó que la ausencia de trabajos dignos, especialmente en su propio país, es el resultado de la impunidad para violar la ley. “Cuando hablamos de trabajo informal, pensamos en el chico que vende películas o música copiadas en la calle, pero la informalidad más perjudicial es la que siguen perpetuando las grandes empresas que no pagan sus prestaciones a la Seguridad Social”.

A su vez, el miembro del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras Independientes de Guatemala ( Sttigua ), Jorge Peralta, agrupación que representa a sectores del sector informal, puso de relieve que existen muy pocos incentivos para hacer que la economía informal se haga formal. “No hay facilidades para los pequeños empresarios, todo son requisitos y tampoco hay una labor de información sobre las ventajas y las obligaciones de la formalidad”, comentó el sindicalista.

No obstante, Peralta apuntó que si los ciudadanos son atraídos al sector informal, es debido a que los salarios no garantizan una vida digna y son tan bajos que el pago de la contribución a la Seguridad Social es necesario para cubrir necesidades más apremiantes para las familias.


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