30 de junio de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoIvonne Acevedo

Egipto, Camerún, Madagascar, Filipinas, Haití. A pesar de ubicarse en diferentes continentes, todas estas naciones tienen un elemento en común. En los últimos meses, todos han sido escenarios de violentas protestas y disturbios por parte de la población, a causa del incremento insostenible en el precio de los alimentos.

La gravedad de la situación ha llevado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a conceptualizar el escenario como un tsunami silencioso, que amenaza con ocasionar hambruna y caos en todo el mundo.

Las causas de la crisis son diversas y van desde el cambio climático, el alto precio del petróleo, el aumento de la población mundial, la producción de biocombustibles, entre otras. Nicaragua no es ajena a este contexto, por el contrario, se encuentra en la lista emitida por la FAO, en la cual se señala a 37 países vulnerables ante las situaciones de emergencia alimentaria. Uno de ellos el nuestro.

El efecto dominó



El origen de la crisis proviene de múltiples razones, una de ellas es el crecimiento económico de las economías emergentes, como es el caso de India y China, donde el incremento en los salarios ha generado que aumente la demanda de cereales, carnes, hortalizas leche, etc. Este incremento significativo de la demanda ha presionado al alza de los precios de los alimentos, principalmente de los commodities o materias primas como maíz, trigo, sorgo.

Asimismo, la iniciativa de gobiernos como Estados Unidos y Brasil de promover los biocombustibles (etanol y biodiesel) ante la volatilidad de los precios internacionales del petróleo ha influido en el aumento de los precios de los commodities, siendo el caso más notable el del maíz amarillo, producto que en lo que va del año ha incrementado su precio en 30% en comparación con el 2007.

Sin embargo el calentamiento global, los desastres naturales, sequías y exceso de lluvias son las principales causas de la reducción en los suministros de alimentos en todo el mundo, acompañada de un incremento en la demanda, originando presiones en el precio de los alimentos.

Finalmente, la desaceleración económica mundial, la caída del dólar y la caída en la bolsa de valores, son factores que de una u otra manera han incidido en el precio de los alimentos. La falta de confianza en el dólar ha llevado a los fondos de inversiones a buscar retornos más altos en materias primas, es decir en los metales y alimentos.

Consecuencias de la crisis


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En términos de disponibilidad y acceso de alimentos, la crisis actual se traduce no tanto en escasez, sino en mayor riesgo de que con la subida de precios si no hay una rápida respuesta productiva la gente no tenga los ingresos para satisfacer sus necesidades básicas, entonces se pueda generar hambre. Las condiciones estructurales del país facilitan que el incremento en el precio de los alimentos incremente el riesgo social en la población y en la economía nacional.

Según la FAO, el 73% de la población en Nicaragua se encuentra en inseguridad alimentaria porque no logran cubrir al ciento por ciento la canasta básica; al mes de abril la inflación acumulada fue de 6,47%, menoscabando más el poder adquisitivo de la población. Alimentos como el pan, leche, arroz y frijoles, que son básicos en la dieta nicaragüense, se están convirtiendo en productos lujosos. Las personas más afectadas serán las de clase media/baja y las personas que viven con menos de dos dólares, ya que tendrán que limitar el consumo de carne, pollo y vegetales a una vez por semana, mientras otros solamente consumirán uno ó dos tiempos de comida al día.

Estudios elaborados por las Naciones Unidas estiman que para el año 2004 en Nicaragua el costo total de la desnutrición fue de US$ 264 millones, lo que equivale al 5,8% del PIB y al 64% del gasto social de ese período. Para calcular estos costos se tomaron en consideración la pérdida de productividad, los costos en salud, la disminución de la escolaridad y; los grados o años repetidos asociados con la desnutrición. Si se acentúa la situación actual, la pérdida del capital humano, sumada a los costos directos y asociados, serán incalculables.

Los sobrevivientes


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Diversos especialistas han recalcado que la actual crisis alimenticia es una oportunidad para revalorizar la agricultura nicaragüense y brindar mayores beneficios a los micro y pequeños productores. Sin embargo esto no es inmediato, sino que es un proceso de mediano y largo plazo que requiere de un conjunto de políticas integrales e inversiones específicas que permitan la inserción de gran parte del sector rural. Mientras esto sucede hay un segmento de empresas que ya estaban posicionadas en el mercado nacional e internacional, que están siendo beneficiadas en cierta manera por el incremento en el precio de los alimentos.

De acuerdo con las estadísticas del Centro de Exportaciones (CETREX), productos como el arroz, el aceite, azúcar y cereales, cuyos precios internacionales a abril del año en curso se han incrementado en 74, 98, 29 y 45 por ciento respectivamente, están concentrados en pocas empresas, que a la vez son las principales exportadoras del país.

Pese a que estas empresas podrían sacar provecho ante esta situación, existen otros costos asociados que podrían afectar el desempeño de todos los agentes económicos, como el incremento en los costos de producción originados por los altos precios del petróleo, la falta de energía y; la problemática del sector transporte.

Para Julio Sánchez, Oficial del Centro Humboldt, los más afectados por el incremento en el precio de los alimentos son los pequeños, medianos productores y los consumidores con menor nivel de ingresos. Desde su punto de vista las grandes empresas concentran producción y beneficios, ya que estas no tienen relación con pequeños y medianos productores del resto del país, por lo que ocupan los niveles más bajos de las cadenas de valor y se limitan a ser abastecedores de intermediarios en los mercados locales.

Los pequeños y pequeñas productoras, al encontrarse en el primer eslabón de la cadena, reciben precios bajos que no les permiten cubrir los costos de producción, mientras que los intermediarios, acopiadores y exportadores, son los que aumentan más su margen de ganancias vía precios.

El alto precio de los productos básicos alimentarios necesita un enfoque dual, el primero que incluya políticas y programas para ayudar a miles de personas con escasos recursos que no poseen los medios de subsistencia necesarios para afrontar la crisis actual y; simultáneamente, que se brinde apoyo al sector rural para aprovechar la nueva situación.


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