3 de agosto de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoNatalia Michell e Ivonne Acevedo

La frecuencia de desastres naturales se ha incrementado de 120 anuales a principios de los años 80, a unas 500 catástrofes anuales promedio en los últimos años, lo que significa que los eventos ocasionados por el cambio climático se han multiplicado por cuatro.

El informe de Oxfam Internacional, Alarma Climática, resalta que el número promedio de personas afectadas por todo tipo de desastres ha aumentado de 174 millones en el año 1985 a 254 millones de personas anuales, desde 1995.

Asimismo, se estima que las pérdidas de las reaseguradoras mundiales se han multiplicado 7 veces en comparación con las pérdidas de hace 20 años. Ante el inevitable aumento de estos escenarios catastróficos es crucial que los agentes involucrados desarrollen mecanismos para mitigar, prevenir y reconstruir los daños ocasionados por los desastres naturales.

En lo que respecta a Nicaragua, el país se encuentra en un estado elevado de vulnerabilidad debido a su posición geográfica, sus altos niveles de pobreza, el deterioro de la infraestructura, la mala planificación urbanística y; los escasos recursos que permitan la reconstrucción de los daños.

En este siglo y en el anterior, hemos sufrido todo tipo de fenómenos naturales, desde huracanes, terremotos y erupciones volcánicas, donde los más perjudicados siguen siendo los más pobres.

Sin capacidad reconstructiva



Un reporte elaborado por el Banco Mundial establece que entre 1970 y el 2002, el 92.6% de las pérdidas que se generaron por eventos de catástrofes naturales en los países en vía de desarrollo, fueron asumidos por los Estados. El porcentaje restante estaba protegido por los seguros.

Para el caso de Nicaragua, en cada uno de las catástrofes las cifras evidencian la poca capacidad de respuesta de los distintos agentes económicos ante estas eventualidades. En el terremoto de Managua de 1972 sólo el 10% de las pérdidas estaban aseguradas; en el Huracán Mitch este valor corresponde sólo al 2% y de las 3 mil vidas que segó el huracán ninguna tenía seguro de vida para aliviar el costo familiar. Y, en el caso del huracán Félix, sólo US$ 1.3 millones de las pérdidas estaban protegidas, según fuentes especializadas.

Para el profesor Nasere Habed, miembro de la Junta Directiva del Instituto Nicaragüense de Seguros y Reaseguros (INISER), la aseguradora líder en el mercado local, son tres áreas en las que Nicaragua debe trabajar para dar respuesta a estos desastres y disminuir las consecuencias humanas, económicas y sociales que ocasionan y agudizan los niveles de pobreza

En primer lugar acciones para prevenir los impactos de los desastres, sobre todo en planificación urbanística y aplicación de códigos de construcción, que aunque existen en Nicaragua no se hacen cumplir por las autoridades reguladoras, resultando en el deterioro de los caminos, puentes, destrucción de viviendas, centros de salud, entre otros.

En segundo lugar está la asistencia a la población en el momento en que ocurre el siniestro, para lo cual Habed considera que se es eficiente por medio de las instituciones públicas como el Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y atención de desastres (SINAPRED), el Ejército y la Policía Nacional, así como la ayuda proveniente de la cooperación nacional e internacional.

En tercer lugar son los fondos para la reconstrucción, en el cual el seguro de riesgos catastróficos juega un papel importante, ya que a través del pago de una prima que corresponde a 3 por millar de suma asegurada en el caso de desastres naturales y 2 en el caso de incendios, se cubre todo lo dañado por el desastre natural.

Cultura de seguros



De acuerdo con Lucía Ramírez, Gerente General de Aseguradora Mundial, el nivel de penetración de las empresas aseguradoras nicaragüenses es el menor de Centroamérica, pero los índices de crecimiento han sido favorables.

Ramírez afirma que uno de los factores que inciden en el bajo nivel de penetración de las compañías aseguradoras, es que en cierta manera se tiene la imagen de que éste es un servicio elitista, lo que ocasiona que no cubran a las grandes mayorías, incumpliendo la función social que es indemnizar en caso de pérdidas a las personas que más lo necesitan.

En los últimos 12 años, que es el tiempo que tienen de operar las compañías privadas de seguro en Nicaragua, el crecimiento del mercado de seguros ha sido impulsado principalmente por las acciones que ha tomado la banca privada, obligando a sus clientes de crédito a asegurar sus garantías. Es así que inicialmente se impulsó fuertemente el seguro de automóviles, pues el crédito de autos estaba en pleno boom en el mercado; actualmente el seguro de vivienda es el que está en auge, porque se está impulsando el crédito hipotecario.

En materia de seguros contra desastres naturales, las aseguradoras los ofrecen a los agentes privados a precios bajos en comparación a los costos que significan hacerse cargo de los daños ocasionados, sin embargo, a pesar que la demanda sobre estos productos ha crecido, para Habed ésta no crece con la rapidez que debería, dada la vulnerabilidad e incremento de desastres en Nicaragua por dos razones: la falta de cultura de seguros y los altos niveles de pobreza que no permiten a la población pagar una póliza, a pesar que Habed asegura que los precios de las mismas no son elevados. Por tanto, dada esta situación, considera que no son los mejores instrumentos para dar solución al problema.

En lo que respecta a la economía de los desastres, Ramírez afirma que las compañías de seguros son la mejor alternativa para financiar la reconstrucción de los daños, ya que el país no posee la capacidad de asumir el costo total de reconstrucción, pero lamentablemente el Estado no cuenta con los fondos necesarios para pagar las primas. Localmente las compañías nacionales no tienen la capacidad de asumir el riesgo de una catástrofe en un 100%, pero sí tienen la capacidad de conseguir el reaseguro que se necesita para poder darle cobertura.

Habed considera entonces que dado que los desastres naturales impactan más sobre las familias pobres, mismas que no tienen capacidad económica para acceder a un seguro, la mejor solución es que el Estado se haga cargo de la reconstrucción de los daños aportando un porcentaje del presupuesto para construir un fondo que sirva para pagar la prima a INISER, y a la vez INISER con ese pago reasegura con las principales empresas reaseguradoras del mundo esta prima, para que estas mismas sean las que paguen por cualquier cantidad en caso de cualquier siniestro.

Actualmente, las aseguradoras y reaseguradoras de todo el mundo están estudiando el fenómeno del calentamiento global con el objetivo de incorporarlo en la fijación de las primas y, así promover los seguros como alternativa para enfrentar las pérdidas.

Esta idea ya se encuentra dentro del Plan Estratégico de INISER para los próximos 5 años, pero aun no se ha puesto en marcha. Si se destinara el 0.5% del Presupuesto Nacional actual se tendría una prima de US$ 590 mil dólares, y dado que asegurar US$ 1,000 cuesta US$ 5, con esta prima se podría asegurar un monto aproximado a los US$ 118 millones, recursos con los cuales se podría atender los estragos de fenómenos naturales.

Avances en el seguro agrícola


Foto

Los desastres naturales en los países desarrollados provocan graves pérdidas económicas y muertes, pero en los países más pobres el impacto es mayor, ya que se registran más pérdidas humanas y daños económicos considerables.

Uno de los sectores más afectados es el agropecuario, del cual depende gran parte de la población rural nicaragüense y la seguridad alimentaria nicaragüense. El paso del huracán Félix a finales del año pasado, en pleno período productivo, dejó 123,757 manzanas de cultivos destruidas, lo que constituyó una amenaza contra la seguridad alimentaria y generó pérdidas en el campesinado.

Lamentablemente las compañías privadas, según Ramírez, no cuentan con una línea de servicios dirigidos al sector agropecuario, ya que la cobertura es restringida porque es de alta siniestralidad y no se logra una penetración importante para que las primas sean menores.

En la actualidad la oferta y demanda de seguros agropecuarios se encuentra subdesarrollada, por lo que no ha sido utilizada como un instrumento para promoción y desarrollo del sector agropecuario, ni como herramienta para garantizar los créditos de producción de las cosechas. Sin embargo, los eventos catastróficos recientes han evidenciado la magnitud del mercado potencial asegurable.

Ante esta necesidad, se inició un programa para implementar un seguro de cosecha. El seguro agrícola por sequía y exceso de lluvia es un proyecto piloto que inició el año pasado en INISER en el ramo de maní, por ser un sector tecnificado, estudiado y mecanizado que carece de poco riesgos.

A la actualidad sólo han existido dos reclamos, los cuales satisfactoriamente han sido pagados. La idea de este seguro agrícola es incursionar en un futuro en todas las ramas de esta actividad para proteger la inversión del sector campesino y de posibilitarles crédito bancario.

Aunque la póliza es accesible para pequeños productores, éstos no adquieren el seguro por desconocimiento. Pero, este año ya se está incursionando en el arroz, maíz y sorgo.

Más allá de los desastres



En lo que respecta al apoyo internacional, el estudio de Oxfam concluye que los niveles globales de ayuda humanitaria tienden a mejorar, ya que se ha observado la tendencia de que existe un mayor grado de compromiso para desembolsar fondos efectivos y equitativos a tiempo y de manera previsible, además de un mejor entendimiento de las interrelaciones entre ayuda humanitaria y desarrollo.

La ayuda humanitaria en caso de crisis no sólo debe salvar vidas sino que también debe ir dirigida a reducir la vulnerabilidad futura de las poblaciones en riesgo. Esto incluye el desarrollar las capacidades de los actores locales, incluyendo todos los niveles del gobierno local y no desplazarlos; dotar de poder a las poblaciones afectadas para que no sean simples beneficiarios de ayuda, sino que puedan hacerse escuchar al desarrollarse las medidas de respuesta, recuperación y rehabilitación.

Finalmente, Ramírez recalca que los seguros son necesarios y que se debe terminar con la creencia de que son productos inaccesibles, pues en las épocas de crisis estos instrumentos son la única manera de reponer los bienes que se pierden, sin afectar el patrimonio familiar y nacional.

RECUADRO

Inciden en inflación temporal



Los desastres naturales no solamente impactan sobre la pérdida físicas de recursos, sino que repercuten sobre un problema que no sólo a los nicaragüenses está perjudicando hoy en día: el encarecimiento de los precios.

Prueba de ello es que en el año 1998 la inflación alcanzó 18.5%, 11.2 puntos porcentuales más que el año anterior, lo cual fue consecuencia de la pérdida en producción e infraestructura y de los recursos externos para la reconstrucción que generó el Huracán Mitch. Caso parecido ocurrió con Félix, donde la inflación mensual de octubre y noviembre fue de 2.1% y 3.9%, respectivamente.

Esto se debe a que los desastres naturales actúan como shock exógenos que incrementan la inflación temporalmente en la economía, resultado de la disminución de la producción, el aumento de los costos y la entrada de recursos para la reconstrucción.


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