31 de August de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoIvonne Acevedo

En América Latina gobiernos de izquierda de diversos matices han tomado posesión en los últimos años: Venezuela, Brasil, Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Paraguay y Chile. Entre estos hay unos con fuertes posicionamientos anticapitalistas, mientras otros comparten posiciones más moderadas. Pese a que a simple vista resalta el giro de Latinoamérica a la izquierda, esto está muy lejos de constituirse en un bloque unido con un frente común, ya que difieren sustancialmente en sus agendas económicas, políticas y sociales.

En lo que respecta a Nicaragua, a partir de la toma de posesión del Presidente Ortega, el país se adhirió a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), junto a Venezuela, Cuba y Bolivia, compartiendo posiciones ideológicas y reforzando los lazos de cooperación entre estas naciones. Sin embargo, en materia económica también existen experiencias de países como Brasil, Chile y Uruguay que aplican, desde la izquierda, otras estrategias para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Las dos izquierdas



De acuerdo con el Dr. Alejandro Serrano, filósofo y analista político nicaragüense, en América Latina se está produciendo un fenómeno que inició con los marcos que se habían establecido en las dictaduras militares y, posteriormente, en las democracias liberales y neoliberales. Bajo este contexto se generaron problemas de orden económico social, ya que la idea del mercado absoluto originó que las políticas macroeconómicas no estuviesen acompañadas de acciones microeconómicas y políticas sociales para resolver la pobreza, el desempleo y acceso a los servicios básicos.

Afirma que un tercer momento surgió con el movimiento que se expresa en diversos gobiernos en Latinoamérica, considerado como una nueva izquierda, la cual no es un concepto homogéneo, sino que se identifican distintas corrientes.

Según Serrano, la primera corriente corresponde a una izquierda relacionada con los principios socialdemócratas europeos y cuyos puntos de referencia son: el estado social y democrático de derecho, la economía social de mercado, un sistema político que no abandona la economía de mercado y que no propone la estatización o centralización de la economía, pero que le confiere una importancia prioritaria al ser humano individual y colectivo.

En este aspecto resalta que es primordial comprender que la economía tiene razón de ser por la posibilidad de que la bonanza económica esté dirigida a toda la comunidad y, que no ocurra que el crecimiento económico no genere desarrollo económico. Por tanto, es fundamental que junto al crecimiento económico haya una distribución equitativa de la riqueza a lo interno de la sociedad.

Este sector de la izquierda latinoamericana está relacionado con el Brasil de Lula, el Chile de Bachelet y el Uruguay de Tabaré Vázquez, ya que aplican la tesis de que sólo hay desarrollo si hay mejoría en la calidad de vida de la población.

La otra corriente, asegura Serrano, no es homologable a este modelo ya que se caracteriza por sistemas autocráticos del poder, control de las instituciones del estado, eliminación de los principios del Estado de derecho, cierre de los espacios democráticos y expresión de populismo demagógico.

La experiencia brasileña



Inicialmente, Brasil se consolidó internamente y en la actualidad se está fortaleciendo a nivel regional e internacional. El gobierno ha mantenido la estabilidad macroeconómica acompañada de programas sociales que benefician a la población. Un ejemplo de estas políticas es que para el 2008 se anunció un aumento de US$ 250 millones para el plan Bolsa Familia, que constituye un aporte esencial para 11 millones de familias que gastan una cantidad sustancial de ese aporte en alimentos.

Por otro lado, el gobierno sigue impulsando la diplomacia para que sus empresas se conviertan en las abastecedoras de otros países. En política externa el gobierno ha logrado crear lazos con líderes de Sudamérica, y no solamente con los de Venezuela y Argentina, sino con el resto de países que integran el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), además de consolidarse como líder ante el resto del mundo. De esta manera se le cataloga como una de las economías emergentes más competitivas, junto a China, Rusia e India.

De acuerdo con el Ministro de Desarrollo Agrario de Brasil, Guilherme Cassel, el eje central de todas las políticas económicas y sociales es aumentar la renta de las personas más pobres para disminuir las desigualdades. Es así que combinan política económica que genere oportunidades, con políticas sociales que poco a poco reducen las desigualdades.

Agricultura prioritaria


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Uno de los pilares fundamentales de la economía brasileña es la agricultura, por lo que han establecido una serie de políticas de Estado dirigidas a consolidar este sector y así cubrir el consumo interno y posicionarse como el abastecedor mundial de alimentos.

En Brasil, Cassel resalta que se ha priorizado la agricultura ya que hay 4 millones de familias que son responsables del 70% de la producción de alimentos, 70% de la mano de obra y 10% del PIB. Por tanto, cuentan con dos ministerios dirigidos a este sector, uno es el de Agricultura y Pecuario y el otro es el Ministerio de Desarrollo Agrario, institución que trabaja con los agricultores que tienen poca tierra.

Para garantizar el éxito de las políticas públicas, Cassel afirma que hay un convenio entre el gobierno, los estados de Federación y los municipios, para ejecutar adecuadamente los planes de acción.

De junio de 2007 a mayo de 2008, las exportaciones agropecuarias brasileñas alcanzaron el monto récord de US$ 64 mil millones, un 18.3% superior del valor exportado en el período anterior. Brasil ha diversificado sus productos de exportación y sus mercados destinos, por lo que posee un sector exportador dinámico que lo hace menos vulnerable ante la desaceleración económica global.

Cassel señala que recientemente se lanzó el Programa “Más Alimentos” para contribuir a la creación de una alternativa ante la crisis alimentaria mundial y el alza excesiva de los precios de las commodities agrícolas. El plan contempla brindar líneas de crédito donde cada agricultor puede tomar hasta US$ 45,000 dólares con 10 años para pagar, tres años de gracia y tasas de interés de 2% al año, recursos destinados para comprar maquinaria y mejorar la propiedad.

Adicionalmente sobresalen otras políticas para combatir la pobreza; la política de reforma agraria que ha destinado 38 millones de hectáreas para distribuir en 5 años; la política de agricultura familiar a través del crédito, asistencia técnica, seguros de cosecha agrícola, transferencia de conocimientos, políticas de comercialización; y la estrategia de desarrollo regional “Territorios para la Ciudadanía” que beneficiará a mil municipios, mediante acciones y planes pactados por el Gobierno Federal, los gobiernos estatales y los municipios.

De esta manera, el gobierno brasileño ha creado un esquema que persigue modificar el medio rural y crear otras posibilidades de producción, que garanticen ingresos y alimentos para la población, con la finalidad de reducir los índices de pobreza.

La realidad en Nicaragua


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Nicaragua es uno de los países más pobres de América Latina y pese a la relativa estabilidad macroeconómica de los últimos años, todavía se registran altos índices de pobreza entre la población. Por tanto, el retorno al poder de un gobierno que se define de tendencia izquierdista en teoría significaría la inclusión social de sectores menos favorecidos y la implementación de políticas sociales congruentes para combatir la pobreza.

Ante el contexto actual, Serrano agrega que hay que priorizar las políticas públicas sociales de educación, salud, empleo, educación y vivienda y retomar la experiencia de países como Brasil y Chile, que operan bajo la premisa de que se puede generar desarrollo económico con una política pública social definida con base en planes estratégicos dentro del marco jurídico institucional.

Pese a que en meses anteriores se presentó oficialmente el Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH), el contenido ideológico, las medidas cortoplacistas que contempla y el modelo de participación excluyente, ponen de manifiesto que esta propuesta no ha sido configurada como eje básico de política pública sino como una medida coyuntural.

Para Serrano el principal obstáculo que se presenta es el poco reconocimiento de la institucionalidad, por lo que fácilmente se manipulan las instituciones en beneficio de la construcción de la estructura de poder.

Tanto los gobiernos de izquierda de Brasil como de Nicaragua han implementado medidas para garantizar los alimentos, la educación, la tierra y el crédito, con la gran diferencia de que Brasil posee una visión concensuada de largo plazo, mientras que en Nicaragua con cada gobierno se plantea un nuevo esquema socioeconómico que hasta el momento no ha solucionado los problemas estructurales del país.

Recuadro
La versión original de Hambre Cero



El programa “Hambre Cero” es un gran mérito del gobierno de Lula que se implementó en el año 2003 con el objetivo de luchar contra el hambre que afecta a 100 millones de personas en Brasil.

“Hambre Cero” es una política pública, un abanico que comprende una serie de programas públicos, con la participación de la sociedad civil. Va desde la reforma agraria, la capacitación laboral, el cooperativismo, la agricultura familiar, entre otras.

A la fecha el programa “Bolsa de Familia” de Brasil ha beneficiado a 11 millones de familias pobres que tienen garantizada la alimentación y a 450 mil familias que tuvieron acceso a la tierra mediante la reforma agraria en 2003-2007.

Nicaragua, a partir del año 2007, está implementando un programa similar a la versión brasileña, también llamado “Hambre Cero”. Uno de sus principales componentes es el Programa Productivo Alimentario, el cual capitalizará a familias campesinas empobrecidas a través de un bono entregado a las mujeres, jefas de familias. Este programa tiene como objetivo incrementar la producción y el consumo de alimentos en 75,000 familias campesinas empobrecidas, cuya tenencia o acceso a la tierra es entre una a diez manzanas.

A diciembre de 2007, según datos oficiales, se beneficiaron 8,695 familias. Sin embargo, todavía no se sabe a ciencia cierta el impacto que ha tenido este programa en la disminución de la pobreza.

Brasil: retrato social y económico



• 11 millones de familias pobres tienen garantizadas la alimentación con el programa Bolsa de Familia
• 450 mil familias tuvieron acceso a la tierra mediante la reforma agraria en 2003-2007
• La desigualdad medida a través del índice de GINI es de 0.54, el menor desde 1981.
• La desigualdad de las personas ocupadas cayó 7% en los últimos años
• La meta del desarrollo del milenio, de reducir a la mitad la pobreza extrema, ya está sobrepasada.
• 11.2 millones de ocupaciones creadas, de las cuales 9.1 millones corresponden a empleo formal.
• 133.1 millones de toneladas de granos básicos en 2007
• La Inversión Extranjera Directa alcanzó US$ 34.6 mil millones en el 2007 y el acumulado de Ene-Jun 08 asciende a US$ 14 mil millones.


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