1 de septiembre de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoNatalia Michell

La relación entre crecimiento económico y pobreza, es un tema muy analizado en la teoría económica y que aún carece de consenso. La teoría que prevaleció durante dos décadas –entre los años 50 y 70-- era que el crecimiento económico era suficiente para reducir la pobreza, por medio de lo que llamaban el efecto goteo.

Según éste, los beneficios del crecimiento económico se van en un primer momento a los ricos, pero cuando éstos gastan sus riquezas se transfieren a los pobres, pero claro, en menor proporción, estimulando la desigualdad de los ingresos.

Esta desigualdad en los ingresos ocasionaron una serie de criticas al efecto goteo y nuevas propuestas, como lo es el Crecimiento Económico Pro Pobre, el cual se asemeja al Modelo de Bienestar implementado el siglo pasado en los países nórdicos.

El modelo de crecimiento económico pro pobre descarta la hipótesis que existe una relación lineal entre el crecimiento económico y la pobreza, ya que existen muchas fallas en el mercado que imposibilitan un mecanismo de transmisión directo entre las grandes empresas y los pobres, quedándose la mayor proporción del ingreso en los primeros.

Por tanto, las políticas redistributivas del ingreso ejecutadas por el Estado son esenciales para establecer el mecanismo directo entre crecimiento y pobreza, sin que se incremente la desigualdad del ingreso. Ejemplo de políticas redistributivas del ingreso son una banca de fomento, educación y salud gratuita, transferencias tecnológicas, incentivos fiscales a la producción, equidad vertical y horizontal en el pago de los impuestos, entre otras.

¿Qué ha sucedido en Nicaragua?



Nicaragua, desde 1995, ha experimentado tasas de crecimiento económico positivas e indicadores macroeconómicos estables; sin embargo, los índices de pobrezas, los indicadores sociales y la desigualdad en el ingreso se mantienen iguales. Hay que señalar que de 1998 a 2005, el crecimiento económico se desaceleró, lo cual pudo haber incidido en el aumento de la pobreza en ese periodo.

Esta realidad obedece principalmente a que el Presupuesto Nacional de la República, principal instrumento para redistribuir los ingresos, ha destinado pocos recursos al gasto para la reducción de la pobreza, además de no contar con instituciones capaces de ejecutar los pocos recursos que se asignan.

Asimismo, tampoco se cuenta con una gestión tributaria que persiga la equidad en el pago de los impuestos, una institución eficiente en recaudarlos y exoneraciones e incentivos fiscales que persigan el crecimiento económico del país.

Néstor Avendaño, reconocido economista que ha trabajado sobre el crecimiento económico pro pobre, señala que los gobiernos en Nicaragua nunca se han preocupado por establecer políticas destinadas a disminuir la pobreza, pese a registrarse crecimiento económico, estabilidad macroeconómica y; financiamiento internacional.

Avendaño explica que en la década de los 80, el presupuesto se concentró en gastos de guerra; en la década de los noventas para el pago de la deuda externa y; a partir del 2001 en el pago de la deuda interna. A pesar que durante el periodo 2000 – 2006 del alivio HIPC se liberaron US$ 1,040 millones, según Avendaño, sólo 44.2% se destinaron al gasto de reducción de la pobreza.

¿Hacia dónde vamos?



Actualmente se ha dado a conocer y continúa en consulta, el nuevo Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH) 2008 – 2012, el cual pretende ser una nueva propuesta en la cual se incluye la participación de los pobres en el crecimiento económico del país por medio de recursos temporales focalizados del Estado.

Por tanto, es de gran importancia determinar si los elementos en que se basa este Plan son suficientes para lograr un crecimiento económico pro pobre, objetivo principal de esta estrategia.

Para Avendaño, esta propuesta se acerca al crecimiento económico pro pobre, pero carece del principal instrumento para aseverarlo, como lo es la reforma tributaria y un bosquejo del Presupuesto Nacional de la República en el periodo que establece el Plan.

Al carecer de la reforma tributaria no se pueden establecer los distintos mecanismos para disminuir la desigualdad del ingreso, como son los incentivos a la producción y la equidad en el pago de los impuestos.

Avendaño enfatiza que para lograr el crecimiento económico pro pobre son esenciales mecanismo fiscales, que incentiven a las grandes empresas a trabajar con las más pequeñas, un Estado que priorice los recursos del presupuesto a programas que aumenten la competitividad de los pobres y; una regulación estatal de las actividades económicas para que el libre mercado no se convierta en libertinaje de mercado.


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