1 de octubre de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoGloria M. Carrión *

El martillo de madera dejó un sonido seco, pero inconfundible en la mesa del Consejo General de la OMC: la sesión se daba por concluida con un balance negativo para la Ronda de Doha.

Pascal Lamy, Director General de la OMC, en un último esfuerzo por acercar las posiciones de los países desarrollados y en desarrollo, convocó a una Mini-Ministerial a finales de julio del corriente año. La apuesta de Lamy consistía en aprovechar los avances alcanzados a nivel técnico por los negociadores meses antes, a fin de obtener un aval político que asegurara el final de la ronda. El real politik, sin embargo, se impuso una vez más.

La falta de un mandato de negociación por parte de la delegación de Estados Unidos y las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos e India opacaron la posibilidad real de un acuerdo. Lamy y algunas delegaciones, sin embargo, no pierden la esperanza de retomar las negociaciones en septiembre. Dicha estrategia será sin duda puesta a prueba en los próximos meses.

Por lo pronto, los países se repliegan para analizar los acontecimientos de julio y valorar los escenarios para el comercio internacional con o sin Doha. En sus reflexiones y análisis pende un hilo que aún no se logra enhebrar en el complejo tejido de las negociaciones comerciales: el desarrollo.

Las actuales negociaciones de la Ronda Doha corren el riesgo de centrarse en mejorar el acceso a los mercados para algunos países (desarrollados y aquellos países en desarrollo más avanzados como Brasil, India, China, etc. con capacidad de aprovechar la apertura) y no en rectificar los desbalances heredados por la Ronda de Uruguay y fomentar el desarrollo.

En Uruguay, los acuerdos que dieron origen a la OMC, permitieron que los países desarrollados continuaran distorsionando el comercio internacional, mediante el uso de subsidios agrícolas. Igualmente avalaron que siguieran protegiendo sus mercados, a través de la creación de cuotas de importación en lugar de la apertura de sus mercados.

Evadir el compromiso con el desarrollo que los mandatarios adquirieron en 2001 en Doha, después de los atentados del 11 de septiembre, tendría sin embargo un impacto de doble naturaleza: uno tangible y otro filosófico. En términos prácticos, una ronda únicamente de acceso a mercado se traduciría en permitir que los Estados Unidos continúen subsidiando a niveles tan altos que el beneficio para los países más pobres comercializadores de productos agrícolas sea imperceptible y por ende el impacto sobre la pobreza sea casi nulo.

Igualmente, implicaría que Europa mantenga sus impuestos a la importación de más del 100% para productos agrícolas claves provenientes de países como Nicaragua. A través de lo que se conoce como “productos sensibles” en las negociaciones agrícolas, los países desarrollados podrán proteger productos como la carne, los productos lácteos, el café procesado, el maní, entre otros, que representan en el caso de Nicaragua el 20% de las exportaciones más importantes.

Por otro lado, una roda enfocada en acceso a mercado y no en el desarrollo tocaría, como actualmente es el caso, los temas centrales para los países más pobres de forma marginal. En el caso de países africanos que dependen de productos básicos como el algodón vieron truncadas sus esperanzas de enfrentar exitosamente los subsidios que Estados Unidos otorga a sus productores nacionales en detrimento de los campesinos africanos. El tema del algodón no figuró en el paquete final que Lamy presentó a los Ministros.

Asimismo, los desafíos del lado de la oferta como los productivos, de economías de escala, infraestructura, calidad, entre otros, que son centrales para asegurar una inserción efectiva de los países más pobres en la economía mundial han salido del “radar” de la negociación. Estos están siendo tratados fuera del marco de los acuerdos de la OMC, a través de la Ayuda para el Comercio.

Finalmente, desde un punto de vista filosófico, una ronda enfocada únicamente en acceso a mercados enviaría la señal al mundo que es el real politik y no la inclusión efectiva de objetivos de desarrollo sostenible en los acuerdos de la OMC, lo que lleva la voz cantante en el sistema multilateral de comercio y en la ronda de Doha para el desarrollo. Como ven, hay muchas variables en juego.

* Ex integrante de la Misión de Nicaragua ante la Organización Mundial de Comercio, con sede en Suiza.


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