1 de octubre de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoIvonne Acevedo

Un año después del paso del huracán Félix, los habitantes de la Costa Caribe norte siguen luchando por restaurar su forma de vida, debatiéndose entre la indiferencia de quienes no sufrieron en carne propia la tragedia y la lentitud burocrática para responder a las necesidades.

Las autoridades estimaron que los costos de reconstrucción ascienden a US$ 292 millones, pero la reforma al Presupuesto de la República destinó US$ 11 millones durante el 2007 para atender la emergencia y, en el año 2008, los poderes Ejecutivo y Legistlativo asignaron US$ 6.5 millones para iniciar la reconstrucción.

Asimismo, las autoridades cuantificaron 1.6 millones de hectáreas de zonas boscosas que de una u otra manera fueron afectadas por el huracán. Sin embargo, las hectáreas que fueron afectadas directamente ascienden a 500 mil por lo que hay un potencial de materia caída y disponible de 23 m3 por hectárea aproximadamente, lo que suma 11.5 millones de m3.

Falta de coordinación



De acuerdo con Debby Hodgson, Coordinadora Regional de la RAAN del Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos (CEDEHCA), el proceso de reconstrucción ha sido lento y en algunas comunidades la distribución de materiales no ha sido equitativa. La falta de coordinación entre el gobierno central, las autoridades locales y las comunidades ha incidido en que las verdaderas necesidades de los afectados por el huracán no estén satisfechas, pues todavía hay personas sin viviendas, no hay condiciones en las escuelas para impartir clases ni para brindar servicios de salud a la población.

Sergio Sánchez, Coordinador Forestal de Rainforest Alliance, agrega que la reconstrucción está en camino por esfuerzos propios de las comunidades y por el apoyo de organismos como CARE y el PNUD que han implementado programas de reconstrucción de viviendas.

El gobierno ha estado trabajando en iniciativas para promover la protección forestal mediante la organización de brigadas para prevenir incendios forestales; asimismo, han intentado implementar un enfoque forestal comunitario para que las comunidades afectadas aprovechen los bosques pero a la vez los manejen adecuadamente; otra de las medidas que han promovido es evitar el cambio de uso del suelo para que no sea convertido en pastizales para ganado.

Entre otra de las iniciativas destaca la facilitación de equipos a las comunidades para el procesamiento de la madera, pero Sánchez señala que no hay financiamiento para capital de trabajo ni capacitaciones en talleres de ebanistería, por lo que algunas comunidades no han capitalizado el uso de las maquinarias para su beneficio.

El esfuerzo de la solidaridad



Las Naciones Unidas emitieron un llamamiento internacional (Flash Appeal) por US$ 39.5 millones para atender a una población de 100 mil habitantes en un plazo de 6 meses. De acuerdo con el Servicio de Seguimiento del Flujo de Fondos Humanitarios (FTS por sus siglas en inglés) al 22 de Agosto del 2008 se han recibido US$ 18.3 millones de países como Noruega, Suecia, Finlandia, Canadá, Brasil, Francia entre otros, para acciones en salud, educación, recuperación temprana, cultivos, viviendas, etc.

Las agencias que han utilizado para canalizar la ayuda humanitaria son el PMA para asistencia alimentaria; FAO para ejecutar acciones de emergencia que restauren la producción de alimentos en los municipios de Waspám, Puerto Cabezas, Rosita, Bonanza y Wiwili; UNICEF para restaurar los servicios en las escuelas afectadas; OMS está centrando sus esfuerzos y fondos en la prevención de enfermedades y saneamiento del agua; y el PNUD ejecuta proyectos de reconstrucción de viviendas y reactivación de la zona.
Foto

Asimismo, el BM otorgó un préstamo de US$ 3.4 millones de dólares para diversos rubros y; recientemente en el mes de Junio, se aprobó una reforma al presupuesto para incluir una donación de US$ 64 mil provenientes de la ayuda venezolana dirigida al SINAPRED.

Madera derribada: Un recurso aprovechable



Según Sánchez, el gobierno estimó 10 millones de m3 disponibles para aprovechamiento, cuyo valor económico en bruto se aproxima a los US$ 200 millones; ahora bien, si toda esta madera hubiese sido transformada, fácilmente se cuadruplicaría su valor. La mayor preocupación es que un año después del huracán, cerca del 30% del total de la madera se ha deterioro; en dependencia del tipo de madera se estiman que el tiempo de deterioro oscila de 2 a 6 años.

No obstante, en Nicaragua no hay capacidad para procesar toda esta madera ya que según estimaciones oficiales del INAFOR, el país procesa 300 mil m3 al año, por lo que Sánchez resalta que con la capacidad instalada actual se requerirían 60 años para procesar esa madera.

La idea inicial es que las comunidades utilizaran la madera caída como materia prima para reconstruir sus casas y, otra parte la comercializaran para obtener ingresos, pero en la práctica el proceso ha sido lento debido a la burocracia en el otorgamiento de los permisos y muchos actores interviniendo.

De acuerdo con Sánchez, ha existido un debate sobre cómo se debe manejar la situación post- desastre y el aprovechamiento de los bosques. En ese aspecto resalta que el gobierno ha cambiado de posición varias veces y es hasta finales de mayo del corriente año que concretaron un decreto para facilitar el aprovechamiento de los bosques por las comunidades. Dado que se otorgó el permiso durante el invierno, se han incrementado los costos por la dificultad del traslado y procesamiento de la madera.

En lo que respecta a Rainforest, este organismo no gubernamental está trabajando con 12 comunidades afectadas por el huracán, implementando una estrategia de empresas forestales comunitarias, en las que se combinan la conservación de los bosques con base en la producción y mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes y dueños de los bosques, con estándar de madera controlada.

Para ello han realizado esfuerzos por encontrar aliados de negocios con los que desarrollen un concepto empresarial justo con responsabilidad social, que logre la reactivación de la zona generando capacidad económica y técnica para que las comunidades protejan y conserven los bosques.

En el corto plazo se espera que haya un nivel de aprovechamiento aceptable de la madera, ya sea para uso de las comunidades en su reconstrucción o para comercializarla. Por otro lado, en el mediano plazo, Sánchez retoma el concepto de los créditos de carbono como una alternativa económica para que una vez finalizada las operaciones de salvamentos, las comunidades tengan recursos que les aseguren beneficios económicos y de preservación de bosques.

A un año del siniestro los habitantes de la Costa Caribe ven con preocupación su futuro. Hudgson recalca que es prioritario tomar en cuenta a las comunidades afectadas dentro del proceso de reconstrucción, para que verdaderamente se cubran sus necesidades básicas insatisfechas y para ello hace falta crear consciencia y sensibilización entre todos los actores involucrados.


Arriba     Imprimir     Enviar a un amigo     Comentar

Comentarios

Comentar
Nombre: *
Email: *
Comentarios: *
Verificación: *





 

  Blogs | El Observador (ver más)
Ante la cotidiana realidad de ser pobres
Gilda Charlotte Sánchez Padilla
Doble Motivo para Celebrar!!!
Juan Ignacio Martínez
¿Centellas de luz al final del túnel?
Alejandro Martínez Cuenca, PhD



Lo más escrito


Lo más leido Lo más comentado Lo más enviado