3 de December de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoAdelmo Sandino, Natalia Michell e Ivonne Acevedo


En los últimos meses la crisis financiera ha acaparado la atención del mundo por su magnitud y las graves consecuencias ocasionadas. No obstante, en los últimos años el mundo ha estado inmerso en una tormenta sin fin, que constantemente amenaza el desarrollo de la humanidad, pasando de la crisis energética, a la alimentaria y ambiental.

Nicaragua no está exenta de sufrir las consecuencias del caos mundial. En esta edición El Observador Económico realiza un análisis sobre cada una de las crisis que agobian al mundo, los posibles efectos sobre los nicaragüenses y la capacidad del país para sobrellevarlas.

Crisis financiera: el ojo del huracán



Desde que el Congreso de Estados Unidos aprobó el primer paquete de rescate financiero de US$ 700,000 millones, es decir US$ 100 por cada habitante del planeta, la economía global se aproxima, en el mejor escenario, a una desaceleración pronunciada, o en el peor, a una recesión profunda y prolongada.

El anuncio del menor crecimiento de la economía China, el crecimiento negativo del Reino Unido y los datos desfavorables del tercer trimestre de la economía estadounidense, alimentan más ese temor y mantienen en zozobra a los países que guardan mucha conexión con EE.UU., pues inevitablemente resentirán los efectos colaterales de la crisis financiera.

En cada reporte oficial, la economía estadounidense muestra síntomas de recesión. Los datos de empleo a septiembre de departamento del trabajo revelan que el desempleo se ubicó a una tasa del 6.1%, el mayor índice desde julio del 2003, significando una pérdida de 159,000 puestos de trabajo. Cifras más recientes del incremento de los seguros por desempleo, confirman una indiscutible tendencia negativa.

El Departamento de Comercio de ese país recientemente publicó que la economía estadounidense creció 0.3% en el tercer trimestre del año, reportando una fuerte desaceleración respecto al mismo trimestre del año anterior, cuando la economía creció 2.8%. Según el reporte, el gasto de los consumidores, que representa dos tercios de la economía, disminuyó a los niveles más bajos en los últimos 28 años como consecuencia de la pérdida de confianza ante la crisis financiera.

El gobierno estadounidense ha realizado una serie de esfuerzos extraordinarios, poco ortodoxos y muy criticados, para evitar que la crisis, que inició en el mercado inmobiliario y que luego se trasladó al sistema financiero mediante la participación de los bancos de inversión, se transfiera al mercado bancario convencional, lo cual podría repetir la angustiosa depresión de los años 30.

Efectos en Nicaragua

Los últimos datos dan cuenta que el sector de maquilas es el primero en resentir la desaceleración económica de Estados Unidos, a medida que los hogares estadounidenses pasan por un ajuste en sus gastos. Para Nicaragua, a pesar del buen desempeño de las exportaciones, esto es un llamado de alerta ya que la maquila representa el 62% del total de divisas que registra el país y es primer sector generador de empleos en el sector industrial.

El flujo de remesas familiares es otra variable sobre la cual existen preocupaciones, no sólo para el Gobierno y sus metas macroeconómicas, las empresas y sus niveles de ventas, sino para el 20% los hogares nicaragüenses cuyos ingresos vía remesas se verían disminuidos. Además de los problemas cotidianos, como las deportaciones que crecieron un 42% en 2007, el flujo de remesas ha crecido a menor ritmo, una señal clara que el aumento del desempleo y la reducción de las horas laborales en Estados Unidos, está teniendo una incidencia observable en las macro cifras del país.

Por otro lado, muchos analistas financieros y agencias internacionales como el BID y la CEPAL predicen que el crédito externo se verá afectado por la crisis financiera, como consecuencia de la falta de confianza de los bancos extranjeros para canalizar recursos. En Nicaragua el efecto podría resentirse, no sólo en el Gobierno para acceder a créditos y a cooperación externa, sino en un encarecimiento en el crédito al sector privado y una menor inversión extranjera.

Crisis energética: el asedio constante


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En menos de 4 meses, el precio del barril de crudo ha caído a la mitad luego que llegó a rozar los US$150 en julio de este año. La actual crisis financiera ha provocado que en un año el consumo de petróleo en Estados Unidos descendiera en 8.5%; dado que el mercado de este país representa el 20% del consumo mundial de petróleo, su descenso ha conllevado al desinfle de la burbuja especulativa alrededor de este bien, provocando la disminución de su precio en tales magnitudes.

En junio del 2007 el precio del barril de crudo fue de US$70 y el precio del galón de gasolina regular fue de C$67.6. Al mes de octubre de este año, a pesar que el barril de petróleo registró los mismos US$70, el precio del galón de gasolina regular estaba C$8 más caro que en junio del año pasado. Según las empresas importadoras de petróleo, esta diferencia es resultado de los incrementos de salario mínimo, la inflación, los costos de fletes y de energía.

En el caso de la tarifa energética, el INE considera que debe disminuir 10% dado que el 70% de la energía se produce con derivados del petróleo. Sin embargo, la Red Nacional de Defensa al Consumidor y otros expertos defienden que la tarifa debería descender en 30% por la baja en el precio del fuel oil, la entrada del Ingenio San Antonio y el incremento en la producción de energía renovable.

A simple vista, la baja en los precios del crudo parecen ser una buena noticia para Nicaragua. La disminución del precio del crudo significa una disminución en los costos de transporte y de energía. Asimismo, una reducción en los precios de las materias primas y de los alimentos, dada la relación directa que poseen con los precios del petróleo. Prueba de ello es que la inflación mensual de septiembre fue de 0.2%, muy por debajo del 2.8% registrado en mayo.
En el caso de las importaciones, el déficit en balanza comercial podría verse liberada principalmente por la baja en el precio del mismo crudo, ya que además de ser el principal producto de importación, representa el 23% de las importaciones.

Sin embargo, el comportamiento del conjunto de factores que determina los precios del crudo pueden, en cualquier momento, incrementar el precio. Algunos de estos factores son las cuotas de producción de la OPEP, las cuales ya acordaron reducir en 1.5 millones de barriles diarios, los desastres naturales, las tensiones geopolíticas, la especulación en los mercados financieros y la estimación de reservas mundiales de petróleo. Asimismo, no se conoce en qué momento terminará la desaceleración en los Estados Unidos y cuándo empezará su recuperación.

Por ello, Nicaragua no debe confiarse del actual comportamiento del precio del crudo y continuar trabajando en medidas para eliminar su dependencia del mismo. Algunas de estas medidas son: la política antiinflacionaria del Banco Central, el cambio de la matriz energética, la exploración petrolera y; subsidios al transporte público, entre otros.

Crisis alimentaria: el reto del hambre


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A pesar de que el precio internacional de los alimentos en los últimos meses refleja una reducción, las proyecciones de largo plazo de la OCDE indican que los precios de los alimentos para los próximos 10 años se mantendrán entre 10 y 60 por ciento más altos que la década anterior.

El incremento en el precio de los alimentos responde a diversos elementos que influyen en la oferta y demanda, así como a factores financieros, ya que la volatilidad de los mercados provoca que los inversionistas opten por sustituir el mercado de valores por transacciones en el mercado de commodites en búsqueda de mayores rendimientos.

¿Cómo vive Nicaragua la crisis?

Gero Vaagt, representante de la FAO en Nicaragua, enfatiza que a nivel mundial se registran 923 millones de personas con hambre, según el último reporte, las cuales están concentradas en mayor proporción en África y algunos países asiáticos. En lo que respecta a Nicaragua, el país está en una posición delicada ya que no ha mejorado su situación con respecto al resto de América Latina, al mantener elevados índices de pobreza y desnutrición.

Asimismo, Vaagt recalca que los países como Nicaragua, donde se han registrado altos índices de inflación, hay más posibilidades de que se experimente una disminución de las exportaciones, el comercio y las inversiones como resultado del contexto financiero mundial. Por tanto, la crisis financiera constituye otro desafío para la población más vulnerable, ya que acentúa los efectos provocados por el incremento de los precios de los alimentos y el combustible.

Por otro lado, el índice global del hambre calculado para 120 países del mundo, califica a los países en una escala de 100 a 0, siendo 0 el mejor puntaje. En el caso de Nicaragua, el ranking lo ubica en la posición 33 con un puntaje de 12.8, que de acuerdo a la clasificación del índice indica un serio problema de hambre y desnutrición entre la población.

Por otra parte, el Banco Mundial calculó el índice de precios de la población pobre bajo la premisa de que el consumo de la población pobre es diferente al de la población general, pues aquellas dedican una mayor proporción de su consumo a alimentos que un consumidor promedio, ocasionando que el alza en el precio de los alimentos les afecta más.

Los resultado para Nicaragua, indican que la diferencia entre el índice general de precios al consumidor y el índice de la población pobre es mayor en zonas rurales (3.1%) que en zonas urbanas (1.9%). Los grupos más afectados por el alza en el precio de los alimentos son las personas que viven en zonas rurales en situación de pobreza extrema, así como el 10% más pobre de la población total.

¿Nicaragua lista?

Ante el escenario alarmante, el gobierno ha implementado políticas de apoyo a la producción de alimentos, con el objetivo de contrarrestar los altos precios de los alimentos en el corto plazo. Entre los programas implementados resalta el otorgamiento de subsidios para fertilizantes, semillas e insumos, así como la reactivación de Enabás que vende arroz, frijol y maíz a precios controlados. Asimismo, la iniciativa Petroalimentos, que es un fondo impulsado por los miembros de PetroCaribe, ofrece financiamiento en áreas prioritarias para la producción de alimentos.

Sin embargo, estas medidas que pretenden garantizar un mínimo de bienestar entre las personas más afectadas no constituyen soluciones sostenibles en el largo plazo por lo que se hace cada vez más necesario invertir para reactivar la agricultura nacional. La promoción del asociativismo, mejoras en la infraestructura económica, crédito y acceso a mercado son algunas de las medidas fundamentales para promover el desarrollo agroalimentario, señala Vaagt.

Crisis ambiental: la amenaza al desarrollo sostenible



El cambio climático es el más grande desafío al que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI. Aunque muchos estarían de acuerdo en afirmar que el mundo actualmente goza de un clima más o menos estable, las grandes inundaciones, las sequías severas, la recurrencia de ciclones tropicales de gran intensidad, el descongelamiento de los glaciales, el adelanto o retraso del invierno, etc., son fenómenos climatológicos reales que hablan por si mismos, y el responsable, según el consenso científico internacional, no es la propia naturaleza, sino el hombre.

La emisión desmesurable de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero, generados por el uso de energías contaminantes en las actividades humanas de producción, distribución y consumo, está sobrepasando la capacidad de absorción del planeta. Entonces el resultado es un aumento inevitable de la temperatura global (que se estima aumente 2 grados en los próximos 50 años), que desencadena una serie de efectos sobre el medio ambiente y por lo tanto en el hábitat de plantas, animales y el hombre de hoy y mañana.

De acuerdo con el Informe de Desarrollo Humano 2007-2008, edición dedicada exclusivamente a tratar el tema del cambio climático, plantea que la raza humana se enfrenta a dos enormes amenazas. La primera es la amenaza inmediata al desarrollo humano. Aunque el cambio climático afecta a todos los habitantes de todos los países, los más pobres del mundo son los mayores afectados, lo que ya genera dificultades para que dichos países se acerquen al cumplimiento de los ODM. La segunda catástrofe es de afectación futura.

Dado que las actuales tendencias plantean el inminente camino hacia un colapso ecológico, las generaciones futuras corren con los máximos riesgos. Es decir, tal y como plantea el informe, la humanidad está viviendo más allá de los recursos ambientales que posee e incurriendo en deudas ecológicas que las futuras generaciones no estarán en condiciones de pagar.

Según el Banco Mundial, en su informe titulado Desarrollo y Cambio Climático, el costo estimado para estabilizar el CO2 que actualmente es liberado a nuestra atmósfera, ascendería a US$ 200 mil millones y mas de US$ 1 billon en las próximas décadas. Además, serán necesarias decenas de miles de dólares por año para ayudar a los países en desarrollo más vulnerables en su adaptación al cambio climático. No obstante, las fuentes actuales de financiamiento proporcionan sólo alrededor de US$10,000 millones al año para tratar de mitigar el problema. De no generarse un punto de inflexión en las tendencias actuales, el costo simplemente será incalculable.

Durante la reciente Convención de las Naciones Unidas ante el cambio climático (septiembre 2008), las economías industrializadas prometieron destinar US$ 6,100 millones a dos nuevos fondos de inversión en el clima. Estos fondos tienen por objetivo incentivar el uso de tecnologías de eficiencia energética, con bajos niveles de emisión de carbono, como la energía eólica y solar, y ponen a prueba nuevos enfoques para aumentar la resistencia al cambio climático en los países amenazados por este fenómeno, así como las inversiones forestales y la energía renovable.

Agricultura y seguridad alimentaria amenazada

Según los cálculos del Banco Mundial, la productividad agrícola se verá fuertemente afectada por las pérdidas en cultivos básicos, debido principalmente a las variaciones pronunciadas en los patrones de sequía y precipitaciones. Las consecuencias impactarán con mayor rigor al 25% de la población mundial que vive en situación de pobreza ya que son totalmente dependientes de la agricultura. Las estimaciones establecen que el impacto del cambio climático en la agricultura y la seguridad alimentaria, podría dejar a 600 millones de personas adicionales en situación de grave desnutrición para el año 2080.

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