5 de December de 2008 - Managua, Nicaragua


FotoAdelmo Sandino


El pasado octubre, el Dr. Pablo Rodas, economista jefe del BCIE, en una teleconferencia dirigida a los comunicadores económicos de toda Centroamérica, presentó los resultados de su análisis “Para optimizar el DR-CAFTA”, un estudio que abarca las temáticas de comercio, políticas y del potencial de crecimiento del tratado comercial más importante y más polémico que ha suscrito la región.

El Observador Económico presenta un resumen de dicho estudio, contrastándolo con otros recientes, a fin de mantener el debate sobre las reformas que los países centroamericanos, en particular Nicaragua, deben emprender para optimizar los alcances y aprovechar las oportunidades del DR-CAFTA.

Hasta el año 2005 Centroamérica mantuvo un superávit comercial con EE.UU. Dos años y medio después, el intercambio comercial pasó a ser deficitario para la región, precisamente con el desarrollo prematuro del DR-CAFTA. Aunque hay que destacar que no se ha observado un crecimiento desmesurado de las importaciones procedentes de EE.UU, como muchos opositores en la región predecían; el problema de fondo recae en que las exportaciones de la región crecen con lentitud.

El comercio con los países del DR-CAFTA (incluyendo Costa Rica) apenas representa el 2% de las importaciones de EE.UU. y el 1% de sus exportaciones. Esto significa que el intercambio con los países del DR-CAFTA es relativamente marginal para EE.UU., si tomamos en cuenta que la relación anterior se sitúa entre el 40% y el 30% respectivamente para el resto de TLC que EE.UU. ha firmado, por tanto, el TLC es mucho más importante para Centroamérica que para el país del Norte.

En el caso particular de Nicaragua, el mercado estadounidense sigue siendo de suma importancia, al posicionarse como el segundo destino de exportación (con más de un tercio del total exportado), después del resto de países de la comunidad DR-CAFTA.

Las principales exportaciones de EE.UU. hacia países con los que tiene TLC, son en su gran mayoría exportaciones industriales que Centroamérica no produce, es decir, se trata de un caso clásico de comercio internacional Norte-Sur. La evidencia muestra, además, que EE.UU. no ha inundado con productos a sus socios comerciales después de suscribir TLC con ellos. Por el contrario, los EE.UU. es deficitario en casi todas las partidas arancelarias, de ahí que presente gigantescos déficit comerciales.

Esto significa que Centroamérica tiene oportunidades para venderle mucho más. Inclusive para productos agrícolas, el superávit es modesto (8.2% de sus exportaciones), pese a los numerosos subsidios que EE.UU otorga a sus agricultores.

Dependencia de la maquila: ¿hasta qué punto?



La maquila vestuario es importante para al región, pues mitiga efectivamente el problema del alto desempleo y genera divisas superiores a cualquier otro rubro. Sin embargo, la región es muy dependiente de esta actividad. Para Nicaragua, las exportaciones del sector hacia EE.UU. representan el 60.2% del valor total exportado, superior a la media regional (47.3%).

El crecimiento lento de las exportaciones puede deberse a una dependencia excesiva de la maquila vestuario, sector que concentra los flujos de capital, quedándose rezagados otros sectores como el agrícola e industrial, los que presentan dificultad para colocar sus productos en el mercado estadounidense. No se puede rechazar la hipótesis que el tratado incentiva mucho más la profundización de la actividad maquilera.

No obstante, a pesar del boom exportador de la maquila nicaragüense (159% de crecimiento acumulado entre 2002-2006) y de las preferencias otorgadas por el DR-CAFTA (régimen TPL y otros) así como la extensión del subsidio a la exportación después del 2008, concedida por la OMC, el sector maquila a nivel internacional tiene grandes competidores como China y otros países en desarrollo, lo que podría significar que en el mediano plazo existirán mayores presiones sobre el sector para mantenerse en el mercado.

La competencia entre los países de Centroamérica es fuerte, especialmente entre países del CA-4 que exportan productos similares. Por lo tanto, cada país debería apuntar a la diversificación heterogénea de sus canastas exportables, siguiendo los ejemplos de Costa Rica y República Dominicana, que presentan una marcada diversificación de su producción exportable.

¿Qué puede y/o debe hacer la región?



El estudio del Dr. Rodas enfatiza que contrariamente a los esfuerzos de la región por privatizar, desregular, mejorar la estabilidad macroeconómica y suscribir un importante TLC (DR-CAFTA), los niveles observables de inversión --tanto doméstica como extranjera-- siguen siendo modestos. Nuevamente, el supuesto de que la entrada en vigencia del TLC por sí mismo traería consigo mayores niveles de inversión, queda refutado.

Sin una verdadera práctica institucional, los actuales niveles de inversión mantendrán un aumento inercial del empleo y un moderado crecimiento económico, desaprovechando las ventajas de un mercado regional más integrado para exportar a EE.UU.

En otro flanco, el diagnóstico establece que la región debe centrar sus esfuerzos en mejorar el nivel educativo de la fuerza laboral. Aunque reconoce que esto no puede alcanzarse en un lapso corto de tiempo, sí debe ser un esfuerzo continuo y en todos los niveles educativos de una y hasta dos generaciones.

Pero además las autoridades deben preguntarse: ¿hacia qué sectores debe ir la inversión y el esfuerzo de tecnificación de los recursos humanos? Una pregunta álgida, cuya respuesta puede encontrarse en las potencialidades que presenta el DR-CAFTA.

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Sectores y subsectores prometedores



Según el análisis de las partidas arancelarias que realiza el BCIE, la región tiene un gran potencial en el sector de la agroindustria. Y dada las características del comercio complementario con EE.UU y el superávit a nuestro favor en el comercio agrícola, el potencial de seguir exportando numerosos productos es fácilmente alcanzable.

Estas condicionantes fueron incluso apreciadas durante las negociaciones del DR-CAFTA, cuando la Comisión de Comercio Internacional de EE.UU. mostró preocupación acerca de la competitividad de la región en productos con potencial agroindustrial, como la naranja, vegetales procesados, etc.

En la industria del ensamblaje, afirma el estudio del BCIE, existen grandes oportunidades. Tomando el ejemplo de México y el NAFTA, el autor considera que el éxito exportador de México en la industria del ensamblaje permite mostrar subsectores en los que Centroamérica tendría potencial.
En ese sentido, plantea que el gran desafío de la industria de la exportación centroamericana es dar el salto hacia la industria del ensamblaje, entre éstas, la maquila electrónica o mecánica.

Si la región llegara a exportar tan solo la décima parte de lo que exporta México en algunos de estos rubros (con exportaciones mayores a los US$ 1,000 millones), se tendría un gran avance. Para lograr esto, finaliza el BCIE, se encontrará de nuevo que lo esencial es mejorar el nivel educativo de la fuerza laboral.


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