5 de enero de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoMarcelo Medeiros y Joana Costa, Centro Internacional de Pobreza


La “feminización de la pobreza” es un concepto cuyos orígenes se remontan a los años 70. Se popularizó a principio de los 90, especialmente mediante investigaciones de organismos de las Naciones Unidas. El concepto cuenta con varios significados, algunos de los cuales no concuerdan completamente con su noción implícita de cambio.

Proponemos entonces una definición en consonancia con varios estudios recientes en este campo: la feminización de la pobreza es un cambio en los niveles de pobreza, que muestra una tendencia en contra de las mujeres o los hogares a cargo de mujeres.

Más precisamente, es un incremento en la diferencia en los niveles de pobreza entre mujeres y hombres, o entre los hogares a cargo de mujeres por un lado y aquellos a cargo de hombres o parejas por el otro. El término también puede significar un aumento en la pobreza debido a las desigualdades basadas en el género, aunque nosotros preferimos referirnos a esto como feminización de las causas de la pobreza.

La definición exacta de feminización de la pobreza depende de dos preguntas secundarias: ¿qué es pobreza? y ¿qué es feminización? Pobreza es la falta de recursos, capacidades o libertades que comúnmente se denominan aspectos de la pobreza. El término “feminización” puede ser utilizado para indicar un cambio de índole sexista en cualquiera de estos aspectos. La feminización es una acción, el proceso de volverse más femenino. En este caso, “femenino” significa “más común o extendido entre las mujeres o los hogares a cargo de mujeres”.

Puesto que implica un cambio, la feminización de la pobreza no se debería confundir con el predominio de niveles más elevados de pobreza entre mujeres y hogares a cargo de mujeres. La feminización es un proceso, mientras que “un nivel más elevado de pobreza” es un estado. Además, la feminización es un concepto relativo basado en una comparación entre mujeres y hombres, incluyendo los hogares a su cargo. Lo importante aquí es la diferencia entre mujeres y hombres en cada momento.

Puesto que el concepto es relativo, la feminización no implica necesariamente un empeoramiento absoluto de la pobreza entre las mujeres o los hogares a cargo de mujeres. Aunque la pobreza se redujera notablemente entre los hombres y sólo ligeramente entre las mujeres, existiría una feminización de la pobreza.

Los cambios relativos en los niveles de pobreza se pueden medir en función de la pobreza “entre los hogares a cargo de mujeres” y “entre las mujeres”. No obstante, estos indicadores no reflejan la feminización de la pobreza. Tanto estos indicadores como la “feminización” captan el aspecto de género de la pobreza, aunque de maneras diferentes. Difieren en cuanto a la unidad de análisis y la población incluida en cada grupo, y lógicamente tienen distintos significados. Existen motivos para tener en cuenta a ambos.

El objetivo de los indicadores basados en la jefatura de hogar es demostrar qué le sucede a grupos específicos vulnerables de mujeres y a sus familias. Por lo tanto, la unidad de análisis es el hogar. La población estudiada incluye a hombres y mujeres (y niños) que viven en dichos hogares, y excluye a mujeres y hombres que viven en otro tipo de hogares.

Los indicadores de pobreza entre las mujeres separan completamente a hombres y mujeres como individuos e incluyen o excluyen de sus totales a los niños como un grupo de género. Al intentar determinar la feminización de la pobreza, es posible que la interpretación de los resultados obtenidos mediante indicadores individuales de pobreza no sea precisa. Dado que la pobreza generalmente se mide a nivel de hogares, la pobreza masculina está intrínsicamente relacionada con la pobreza femenina y viceversa.

La feminización de la pobreza también puede ser definida como “un aumento en la proporción de mujeres u hogares a cargo de mujeres entre los pobres”. En contraposición a nuestra propuesta, esta definición se centra en los cambios en el perfil de los pobres y no en los niveles de pobreza dentro de los grupos de género. De este modo, presenta una desventaja potencial.

Es difícil interpretar los resultados a partir de este enfoque, ya que los indicadores de feminización de la pobreza se pueden ver afectados por cambios en la composición demográfica de la población. Por ejemplo, el empobrecimiento de los hogares a cargo de mujeres puede verse contrarrestado por una disminución en el número total de dichos hogares y, por lo tanto, el resultado en materia de feminización puede ser cero. La definición que proponemos incorpora indicadores que no se ven afectados por estos efectos de composición, los cuales se pueden analizar por separado.

La feminización de la pobreza combina dos fenómenos moralmente inaceptables: pobreza y desigualdades basadas en el género. Por consiguiente, merece especial atención por parte de los encargados de formular políticas, al determinar la asignación de recursos para medidas a favor de la equidad de género o de lucha contra la pobreza.

Si la pobreza no se feminiza, los recursos pueden ser redirigidos a otros tipos de políticas. Ciertamente, si la feminización de la pobreza ocurre o no en cada país, es una cuestión de análisis empírico. Proponemos una definición de feminización de la pobreza que considera el fenómeno como un cambio en los niveles de pobreza, con una tendencia en contra de las mujeres o los hogares a cargo de mujeres. Esta definición proporciona una herramienta sencilla pero efectiva, para analizar las políticas.


Arriba     Imprimir     Enviar a un amigo     Comentar

Comentarios

Comentar
Nombre: *
Email: *
Comentarios: *
Verificación: *





 

  Blogs | El Observador (ver más)
Ante la cotidiana realidad de ser pobres
Gilda Charlotte Sánchez Padilla
Doble Motivo para Celebrar!!!
Juan Ignacio Martínez
¿Centellas de luz al final del túnel?
Alejandro Martínez Cuenca, PhD



Lo más escrito


Lo más leido Lo más comentado Lo más enviado