5 de febrero de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoNatalia Michell

Caminar por las calles, ir de compras, cenar en un restaurante, o visitar un centro de entretenimiento nocturno sin temor a ser víctima de un delito, es una característica por la que tanto nicaragüenses como extranjeros gustan de vivir en Nicaragua.

Sin embargo, la actual crisis económica, los conflictos políticos internos y la nota roja que a diario transmiten los medios de comunicación, ponen en duda la confiabilidad que se tenía en la seguridad ciudadana del país.

El más seguro, a inicios del siglo XXI

Más que una afirmación, el concepto de que Nicaragua es el país más seguro de Centroamérica, responde a un eslogan oficial en el año 2001, cuando efectivamente el país contaba con las tasas delictivas más bajas de la región.

Para Francisco Bautista, experto en temas de seguridad ciudadana, el país tuvo las tasas delictivas más bajas entre los años 2001 y 2003, debido a que a finales de los años noventas la Policía Nacional acabó con los últimos grupos armados provenientes de la guerra civil.

Sin embargo, en mayo del 2004 la tranquilidad se vio trastocada con la incursión de un grupo delictivo armado en el puesto de mando de la Policía Nacional en Bluefields, provocando varias bajas en las filas policiales y conmocionando a la sociedad nicaragüense, que al ver el atentado contra las propias fuerzas del orden, salió a flote el sentimiento de impunidad.

El indicador más idóneo para comparar los niveles de seguridad ciudadana en la región, es la tasa de homicidio, por ser el delito más grave. Según las cifras de la región, las tasas de homicidio en Nicaragua son un poco más altas que en el sur (Costa Rica y Panamá), pero a la vez, 1/3 de veces más bajas que en el norte (Guatemala, El Salvador y Honduras). De igual manera, los homicidios ocasionados con armas de fuego en Nicaragua, son menores que en los países del norte, a pesar de los vestigios de la guerra civil de los años 80.

En el caso de los robos en general, Nicaragua presenta una tasa 3 veces mayor que el promedio, situación que Bautista aduce a las altas tasas de pobreza del país, en comparación con el resto de la región. Asimismo, también posee las tasas mas altas de violación, pero se presume que este resultado podría ser impreciso, ya que en los países del norte los recursos están enfocados en atender los homicidios.

Entre el Norte y el Sur
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A pesar que Nicaragua presenta caractarísticas socioeconómicas e históricas parecidas a las del norte, sus cifras delictivas se asemejan más a las de los países del sur centroamericano. Para Bautista, varios factores explican esta situación, por ejemplo el grado de organización social en los años 80, el comportamiento pueblerino y comunitario (todo mundo se conoce) y; un coeficiente de gini (desigualdad social) dentro del promedio regional.

Asimismo, la Policía y el Ejército se destacan por su profesionalismo y acercamiento a la comunidad. Según la Encuesta SISMO XIX, el 77% y 83% de los encuestados expresaron tener confianza en la Policía Nacional y el Ejército, respectivamente. Sin embargo, sólo 44.6% expresó confianza en el sistema judicial.

Además, Bautista explica que la violencia en Nicaragua es principalmente política, es decir, que la mayoría de los conflictos son de carácter político y no delictivo. Esta situación afecta por dos vías. La primera es que, todos aquellos inversionistas y turistas que se sienten atraídos por Nicaragua gracias a que presenta bajos niveles de inseguridad, podrían desistir por los conflictos políticos internos que a diario dan la vuelta al mundo. La segunda vía es que la Policía y el Ejército centran sus esfuerzos a resguardar los conflictos políticos y descuidan los delictivos.

Por otro lado, Nicaragua no sufrió el proceso de organización de pandillas que se desarrolló en los países del norte cuando los migrantes regresaron a sus países y transmitieron los estilos y formas de pensar de pandillas organizadas del exterior, con las que siguieron manteniendo contacto. Asimismo, estos migrantes perdieron su identidad nacional y el Estado tampoco se esforzó en reinsertarlos a la sociedad. Según Bautista, las pandillas nicaragüenses son hasta la fecha de carácter local y no tienen vínculos con pandillas del exterior, además que mantienen su identidad nacional y su vínculo familiar, sobre todo con la madre.

Pero, delito en aumento

A pesar que no somos el país con las cifras delictivas más altas de la región, en los últimos 5 años los delitos y faltas han mantenido un crecimiento entre 10% y 15%, cuando a inicios del 2000 no pasaban del 2%.

Según Bautista, si las tasas mantienen el ritmo actual, entre 10 y 15 años podríamos llegar a los niveles delictivos del norte. Añade también que el incremento delictivo disminuye la eficiencia de la Policía y la confianza entre la población en la efectividad policial.

Sin embargo, se debe destacar que en Nicaragua las denuncias se concentran en delitos menores como los hurtos y el robo con fuerza, que juntos representan casi el 30% del total. Por otra parte, delitos peligrosos y muy peligrosos no llegan a representar ni el 10% de los delitos.

No obstante, debe prestarse especial atención a los secuestros y robos con intimidación, que crecieron 88% y 40% entre el 2003 y 2007, respectivamente. El último resulta preocupante, porque el robo con intimidación además de atentar contra la vida de la víctima, indica un incremento en la portación de armas.

¿Qué hacer?
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Nicaragua debe revertir las actuales tendencias de crecimiento delictivas para no caer en el fenómeno guatemalteco, país en donde la actividad económica aprendió a convivir con el problema delictivo. A pesar que Guatemala tiene más de 100 mil homicidios por año, su PIB representa el 24% de la región centroamericana.

Sin embargo, la violencia delictiva es un problema multifactorial, es decir, que debe atacarse muchos factores para prevenirla donde deberán participar, además de la Policía y el Ejercito, el Estado, la sociedad civil, los medios de comunicación, el sistema judicial, entre otros.

Entre algunas acciones que Bautista recomienda para disminuir las tasas de crecimiento delictivas, se encuentran: promover en las escuelas el respeto al derecho ajeno y a las autoridades públicas, no abusar de la crónica roja en los medios de comunicación, organizar a la población y facultarla para que resuelvan sus problemas desde el nivel local, fortalecer las instituciones, y realizar políticas a nivel regional, nacional y municipal para atacar el problema delictivo.


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