7 de febrero de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoNatalia Michell

Los ecosistemas de anidación, que presentan las playas nicaragüenses, permiten la existencia de cinco especies de tortugas marinas: la tortuga de Paslama, la Cabezona, la Verde, la Tora y la de Carey. La más abundante es la de Paslama por su comportamiento de arribación masiva, fenómeno que ocurre en nueve playas del mundo. Nicaragua posee dos de éstas: Chacocente y la Flor.

Entre julio y enero, se registran de seis a ocho arribos de tortugas que se prolongan por cuatro días y dejan entre 1,000 y 70,000 nidos. Cada uno produce 100 huevos, pero sólo uno de éstos llegará a convertirse en una tortuga adulta, la cual regresará a desovar a 50 metros de distancia de donde nació.

Las tortugas Tora y Carey se encuentran en “peligro crítico de extinción”, es decir, que más del 90% de su población está extinta. La Verde y la Cabezona están en “peligro de extinción” y; la de Paslama está en estado “vulnerable”. A pesar de ello, en el Caribe nicaragüense los huevos, carne, carey, aceites, caparazón y cartílagos, sirven como alimentos y productos comerciables. En el Pacífico el principal problema es el comercio de huevos de tortugas para suplir restaurantes, mercados, entre otros, que ocasiona la extracción de huevos en las playas, o peor aun, la capa de la tortuga (matarlas, abrirlas y extraer los huevos).

Implementando acciones



Para atacar la extracción de huevos, en 2005, el Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (Marena), decretó una veda indefinida sobre la explotación de tortugas marinas, que automáticamente convierte en ilegal el comercio y consumo de huevos y carey. Sin embargo, para José Urteaga, director de Flora y Fauna Internacional (FFI), el esfuerzo está limitado por la escasez de recursos, ocasionando problemas de logística, de acceso a las playas y de contratación de guardaparques.

Solamente las áreas protegidas como Chacocente, la Flor y; Juan Venado poseen guardaparques que aún son insuficientes para controlar a los recolectores ilegales que extraen entre 10% y 50% de los huevos. En el caso de las playas que no cuentan con guardaparques, la extracción alcanza casi el 100%. La vigilancia es todavía más débil en los mercados y restaurantes, donde no existen autoridades permanentes que regulen la venta de huevos. A pesar de las dificultades, la extracción de huevos se redujo en 4% en la temporada 2008.

Para atacar el consumo de huevos, FFI, el MARENA y otras instituciones emprenden desde diciembre del 2007 la campaña “yo no como huevos de tortugas”, cuyo objetivo es concientizar al consumidor final a no ingerir los huevos, para así disminuir la demanda y que los recolectores no se sientan motivados a extraer los huevos.

Opciones rentables



Según monitoreos de FFI, los ingresos por la venta de huevos de tortuga fueron significativos en 15% de los negocios encuestados. Asimismo, según Urteaga, los ingresos por recolección y venta de huevos en las comunidades costeras son compensatorios, pero no indispensables.

No obstante, el MARENA en conjunto con FFI, están emprendiendo acciones para recompensar lo perdido en las comunidades costeras, al limitar las actividades de explotación de la fauna. En Chacocente, Urteaga explica que la misma comunidad es la proveedora de servicios turísticos, y se está trabajando en un proyecto de miel y de elaboración de bolsos a través de bolsas plásticas.

Sin embargo, Urteaga enfatiza que las autoridades deben trabajar estrategias que podrían dejar mucho más ingresos que los US$50 mil anuales aproximados que dejan los huevos de tortugas en el Pacífico. Existen muchas alterativas turísticas en la zona costera, lo importante es establecer los mecanismos de articulación para que las ganancias queden en los más pobres.

Uso extractivo vs turismo



En Costa Rica, Tortuguero, lugar turístico donde se observa desovar a la tortuga verde, esta actividad genera empleos a 265 personas de hoteles y 235 guías, asimismo, representa ingresos por el orden de los US$6.7 millones anuales.

Las mismas tortugas se dirigen después a Cayos Miskitos en Nicaragua, en donde se benefician 235 recolectores y 66 intermediarios, arrojando la actividad apenas US$250 mil anuales.
Fuente: WWF


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