10 de febrero de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoFederico Barrios G.*

Para nadie es un secreto que este año los jóvenes nicaragüenses han retomado una parte del protagonismo independiente que los caracterizaba en épocas anteriores. La generación que nació en los 80 y a principios de los 90, poco a poco se ha despabilado y está atendiendo el llamado a mejorar la crisis social y la situación económica, dejando a un lado la apatía de gran parte del pueblo nicaragüense.

Talvez más por casualidad que por estrategia, la fundación Un Techo Para mi País llegó a Nicaragua bajo esta coyuntura y desde que abrió sus puertas en el país encontró, en este nuevo empoderamiento de los jóvenes, un asidero ideal para plantear sus ideas e implementar su forma de trabajo.

Esta organización inició en Chile en 1997, con una simple pero utópica meta: erradicar la pobreza en el mundo. Se decidió que la mejor forma para atacar este mal, era elevando el nivel de vida de las personas que viven en miseria. Esto se lograría construyendo mediaguas a los más necesitados de los asentamientos. Mediaguas son pequeñas casas con paredes y piso de madera, techo de zinc, de 18 mt2, que se le construye a un núcleo familiar en extrema pobreza.

Una expansiva de la fundación se registró en febrero 2001, cuando luego de los terremotos en El Salvador, se vio la necesidad de implementar la forma de trabajo en ese país. Luego siguió Perú y así ha continuado la ola hasta el día de hoy, donde tienen abiertas oficinas en 14 países del continente, aportando en la sociedad en varios frentes.

Y es que con Un Techo Para mi País no sólo se le extiende una mano y se le da apoyo a una familia urgida, también vienen efectos colaterales que no pueden más que ayudarnos a todos. Por ejemplo, las empresas donantes, aparte de colocar su marca al lado de una obra benéfica, se benefician participando activamente con sus propios trabajadores construyendo las casas que la compañía donó. De este modo se encuentran administradores, conserjes y mensajeros trabajando hombro con hombro en un ambiente ajeno a la oficina, creando mejores lazos de confianza entre ellos que hacen que la productividad del quehacer diario mejore sustancialmente.

Por otra parte, ante la problemática habitacional, el gobierno está haciendo lo suyo con el proyecto de Ley de Vivienda Digna, pero mientras se aprueba la ley y se ponen en marcha, existen 900,000 familias que necesitan solución inmediata a su problema. Un Techo para Mi país, con sus más de 50 voluntarios, pretende ayudar a 5 de estas familias en diciembre. En 2009, se tienen a 150 familias en la mira y sólo la fundación con el entusiasmo de sus voluntarios pueden poner límite a la cantidad de beneficiados que se tendrán para el 2010.

La fundación, cariñosamente apodada como “El Techo”, no planea detenerse en un par de años ni llegar al punto donde decida retirarse. Pretende ser un ente paralelo a la sociedad, ayudando al mejoramiento de la misma y haciendo crecer a la institución, a los voluntarios y a los donantes en un clima de concientización social e independencia ideológica, en pos del mejoramiento del país y la región.


*El autor es voluntario y primer Director Jurídico de la fundación en Nicaragua

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