4 de marzo de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoNatalia Michell

Para los nicaragüenses, los niños, niñas y adolescentes (NNA) de la calle son parte del paisaje cotidiano de la capital. Los conductores acostumbran tener listas las monedas, al acercarse a un semaforo. De esta manera, los nicaragüenses consideran a los NNA de la calle como una situación “enraizada en la tradición”, que produce más pesar que voluntad por realizar acciones para su solución.

Situación en la calle



Según María Consuelo Sánchez, Directora Ejecutiva de la Asociación Quincho Barrilete, en Nicaragua existen más de 25 mil NNA que trabajan en la calle. Asimismo, según datos de FIDEG correspondientes al 2006, el 3.3% de los niños trabajadores se desempeñaba en la vía pública.

Por lo general, estos infantes pertenecen a familias numerosas afectadas por desastres naturales, drogas, alcohol, el desempleo o la reducción del sector agrícola, que ocasiona el éxodo a las zonas urbanas o la migración de los padres al extranjero y aumenta el sector terciario informal.

Por tanto, se ven obligados a trabajar en la calle para complementar el ingreso familiar o para pagar sus estudios. Sin embargo, algunos de ellos y ellas, además de trabajar en la calle, también viven a la intemperie, huyendo principalmente del maltrato que reciben en sus hogares o por orfandad.

Este es el caso de Claudia, una pequeña de 9 años que vive en una humilde casa de madera dentro de un callejón ubicado en un reparto de clase media-alta de Managua. Su mamá es empleada doméstica, su papá no vive con ella. Tiene 4 hermanos. Los mayores, de 16 y 18 años, no viven con ella porque ya se casaron y tienen hijos. Todos los días sale acompañada de su hermanita de 4 años y su hermanito, de 6 años, descalzos y con sus rostros sucios, para traer agua con un carretón.

“En mi casa no hay agua, por eso es que me mira todo los días jalando este carretón”, exclama alegre mientras se come un helado y cuida que sus hermanitos continúen detrás de ella. Claudia no trabaja en la calle, más que para realizar mandados. Sin embargo, no pierde la oportunidad de exclamar la típica frase “regáleme un peso” a cada extraño que pasa por la calle. Y si te mira con algo de comida, también te la pide. “Yo pido porque soy pobre, así puedo ayudar a mi mamá”, expresa.

Asimismo, el trabajo en la calle se reproduce desde el hogar, donde generalmente los familiares fueron trabajadores en su propia niñez y transmiten el oficio a sus hijos con una lógica irreprochable.
Por lo general, trabajan vendiendo productos que van desde alimentos preparados como tortilla, frutas, buñuelos, etcétera, hasta cigarrillos, revistas y golosinas, entre otros. Asimismo, se ubican en terminales de buses, rutas de transporte público, alrededores e interiores de mercados, supermercados, salidas de zonas francas, semáforos, afuera de discotecas, casinos, billares o restaurantes. En todos estos lugares el infante es vulnerable a la prostitución, delincuencia, drogas, turismo sexual, abuso sexual, trata de órganos, maltrato físico y robos.

Claudia dice que a ella nunca le ha pasado nada, mientras anda en la calle. Esto refleja que la niña no está consciente de lo peligroso que es andar con un carretón a cuestas, ni de los problemas físicos y de salud que implica andar descalza por la calle.

Lo peor del caso es que varios estudios afirman que no tienen conciencia del estado de explotación económica en que se encuentran. Al contrario, piensan que es su responsabilidad trabajar para sus familias y asumir roles de adultos que aún no les compete. “Yo ayudo en mi casa a mi mamá en lo que puedo, porque ella ya está viejita, sobre todo cuidándola a ella, porque la quiero mucho, además que es la más chiquita”, exclama Claudia mientras abraza a su hermanita.

Calle y pobreza, círculo vicioso


Foto

Su incursión y permanencia laboral en la calle, si bien es generado por la pobreza, a mediano y largo plazo ocasiona más pobreza debido a sus repercusiones físicas, psicológicas y educativas.
Llegan a su vida adulta físicamente desgastados, ya que su cuerpo durante la niñez fue expuesto a gases tóxicos, rayos del sol, al frío y a la lluvia. Asimismo, sufren de malformaciones musculares y óseas por transportar mercaderías cuando el cuerpo estaba en formación, además de presentar drogadicción y otras enfermedades.

Asimismo, son adultos que suelen tener baja autoestima, que actúan a la defensiva y de manera violenta. Según Sánchez no son estables emocionalmente ni capaces de crear una relación psicosocial en su entorno. Son conformistas y difícilmente superan los traumas de la niñez. Además, son adultos que probablemente no terminaron la escuela.

Todos estos aspectos dificultan la entrada de este adulto al mercado laboral y a la sociedad. Según Sánchez, los adultos que durante su niñez trabajaron en la calle reciben salarios 20% menores al promedio nacional, por lo que posiblemente sus familias también sean pobres. “Yo y mis hermanitos vamos a la escuela, yo ahorita voy a primer grado”. Entre todo lo que cuenta Claudia, sin duda ésta fue la frase que dice con mayor emoción: “Ya voy a aprender a leer y escribir”.
Planes de rescate

Dentro del marco legal y las políticas gubernamentales que protegen a los NNA que deambulan por las calles se encuentran: la Política de Protección Especial a NNA, el Código de la Niñez y de la adolescencia, la Ley de la Promoción Integral de la Juventud, el Convenio Internacional 182 de la OIT, entre otras.

Asimismo, existen organizaciones que les brindan atención especializada e integral, para garantizarles educación, salud, alimentación, alojamiento, actividades recreativas, deportivas y culturales en sus centros de atención. Algunas son: Asociación Quincho Barrilete, Casa Alianza, el Instituto de Promoción Humana (INPRHU) y Dos Generaciones. Sánchez señala que al menos Quincho Barrilete atiende 250 NNA al año. Sin embargo, según UNICEF, 8 de cada 10 niños no reciben atención institucional ninguna.

Por su parte, el gobierno está aportando con el Programa Amor, ejecutado por distintas entidades gubernamentales. Sánchez explica que el programa consiste en llevarlos a un centro del Programa Amor, donde crezcan sanos y con una familia, para intentar restituir sus derechos.

Sin embargo, para Sánchez debe existir un trabajo más articulado para disminuir la problemática de niños y niñas de la calle, como mecanismos legales para implementar acciones que disminuyan el trabajo infantil, verificación del cumplimiento de las normativas referidas al trabajo infantil, atención oportuna y; sensibilización a la población sobre esta problemática.


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