12 de mayo de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoAlvaro Altamirano Montoya

El Censo Nacional de Población y Vivienda de 2005 estimó que el 46.2% de los nicaragüenses son pobres y el 14.9% viven en condiciones de extrema pobreza. Según el MINED, la tasa de analfabetismo, como porcentaje de la población de 15 y más años de edad, ha oscilado entre 24% y 22% en los últimos 10 años.

Existe un consenso generalizado a nivel mundial sobre el importante rol que juega la educación en el objetivo de reducir pobreza, así como en el mejoramiento de la productividad de los países. Este criterio de la educación de calidad, como fuente de desarrollo sostenible, está incluido en los primeros dos objetivos del milenio que monitorean las Naciones Unidas, los cuales son: erradicar la pobreza extrema y el hambre y lograr la enseñanza primaria universal. La relación entre estos dos objetivos es indiscutible, por lo que debería poder esperarse que el gasto público en educación tenga un papel protagónico en las principales propuestas de crecimiento económico pro-pobre, diseñadas por el gobierno.

Crecimiento ≠ desarrollo



En el período 2000-2008, el crecimiento promedio de la producción nacional (PIB) fue de 3.4%, según el BCN. Durante este mismo período, de acuerdo a la Encuesta de Nivel de Vida 2005, la pobreza ha aumentado en 0.4% (de 45.8% a 46.2%), mientras la pobreza extrema ha disminuido en 0.2% (de 15.1% a 14.9%).

La tendencia de crecimiento económico en nuestro país no ha sido capaz de mejorar la situación de pobreza y de pobreza extrema de la mayoría de nicaragüenses. Esto demuestra que en sí, el crecimiento no implica mejorías en los indicadores sociales, a menos que se acompañe de otros instrumentos de distribución y acceso a favor de los más empobrecidos.

El tipo de crecimiento generado por un capital humano con baja educación, implica la generación de empleos informales mal remunerados, lo cual ha sido un característica del mercado laboral nicaragüense, principalmente tras la apertura del régimen de zonas francas, mediante el cual se atrajo inversión extranjera directa (IED) que ha capitalizado los bajos niveles salariales del país.

El Censo Nacional de Población y Vivienda de 2005 estimó que el subempleo representaba el 40% de la PEA. La encuesta de hogares para la medición del empleo del INIDE indicó también que para los años 2006 y 2007 el empleo formal representaba el 64% y el 62% de los ocupados respectivamente. Lo anterior muestra la importancia de entender el desarrollo económico como aquel crecimiento de la producción que reduce los niveles de pobreza y crea mayores fuentes de empleo formal.

Educación = equidad



Nicaragua presenta altos niveles de desigualdad. El índice de Gini (índice que mide la equidad en la distribución de la riqueza en un país) calculado para Nicaragua por NationMaster es de 55.5%. Esto indica, que aproximadamente, el 25% de la población más rica obtiene el 55.5% de la riqueza generada por el país.

La educación es fuente de riqueza en términos de mayor crecimiento y también en forma de equidad social. Una población con altos niveles educativos no solamente es más productiva, sino que también tiene mayor conocimiento sobre sus derechos y los defiende. Por ejemplo, si todos los nicaragüenses pudieran leer, encontrarían que nuestra Constitución Política en su Arto. 121 declara que “El acceso a la educación es libre e igual para todos los nicaragüenses.” Además, el Arto. 119 establece que “La educación es función indeclinable del Estado. Corresponde a éste planificarla, dirigirla y organizarla.”

Así, una población que tiene consciencia de sus derechos, será más activa al reclamarlos. Además, el desarrollo de los niveles educativos promueve las capacidades y fortalece la habilidad, con la cual los individuos aprenden a través de la experiencia.

Las diferencias en el nivel educativo (generadas por la desigualdad en la distribución del ingreso) crean un ciclo-vicioso en el desarrollo del capital humano y en los niveles de distribución de la sociedad. Las familias con bajos ingresos tienen bajos niveles educativos; y estos bajos niveles educativos representan bajos ingresos futuros. Por eso es que la inversión pública en educación debe ser una prioridad del Gobierno si éste quiere obtener no solamente mayor crecimiento, sino mayor desarrollo y equidad.

¿Más gasto = mejor educación?


Foto

En el período anual 2007-2008 ha habido un cambio significativo en el monto (como % del PIB de 2000) del gasto público destinado a la educación. Desde 2002, este porcentaje se mantuvo más o menos constante en alrededor de un 4%. En el 2007 se incrementó a 5.3%. Este esfuerzo para mejorar la capacidad del capital humano del país también se ve reflejado en programas implementados por el gobierno, tales como “Yo Sí Puedo” o la Campaña Nacional de Alfabetización “De Martí a Fidel”. En el 2007, estas campañas redujeron la tasa de analfabetismo en un 2% (de 22% a 20.2%) con respecto a los últimos cinco años, alfabetizando a más de 50,000 personas.

Sin embargo, un aumento en el monto total destinado al gasto público en educación no implica necesariamente mejoras susceptibles en la calidad de la misma, ni en las tasas de escolaridad. El sector de la educación en el país posee la infraestructura para atender a un mayor número de habitantes, pero los costos de la educación pública, la falta de infraestructura vial en algunas comunidades rurales, y el encarecimiento de la vida en general impiden que más personas reciban estos servicios.

En el círculo vicioso de la pobreza-sin educación es necesario entender las necesidades básicas insatisfechas de los pobres y el alto costo de oportunidad que representa para las familias pobres mandar a sus hijos a la escuela. Esto preocupa por dos razones: porque somos un país eminentemente agrícola, con posibles ventajas competitivas en este sector, y porque desde nuestra apertura comercial en la década de 1990 hemos firmado tratados comerciales con países que tienen promedios de escolaridad de 7 a 12 años (mientas el INIDE indica que nosotros apenas tenemos de 4 a 6 años).

Al respecto, se están tomando algunas medidas de seguridad y soberanía alimentaría como el Bono Productivo, Hambre Cero y Usura Cero. Sin embargo todavía está por verse la efectividad de todas estas políticas para ver si éstas mejoran la educación o si solamente son gasto improductivo. Mientras tanto, las deficiencias de nuestro sistema educativo se reflejan en la cantidad de jóvenes que anualmente se quedan fuera del mismo, cifra que en los últimos cinco años ha rondado en 800,000 personas, según el MINED.


Educación = propuesta para el desarrollo



Existe un consenso alrededor de que la educación genera empleos dignos y bien remunerados, porque mejora la productividad y calidad de los trabajadores. La importancia de la educación en la economía radica en el hecho de que ésta provee desarrollo económico; entendido éste como crecimiento económico sostenido en el largo plazo y distribuido entre los estratos sociales más abandonados.

Bajo este precepto, impera la necesidad de ver a la educación pública como una inversión generadora de riqueza y equidad, en lugar de verla como gasto público generador de déficit e inestabilidad macroeconómica. Dentro de todas las cosas a mejorar en nuestro país, la educación debe verse como una prioridad, como un icono sagrado que durante casi dos décadas ha sido profanado. ¿Nos encaminamos en esa dirección?

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