15 de February de 2007 - Managua, Nicaragua


FotoDr. Eduardo Montiel*


Daniel Ortega como Presidente electo tendrá que tomar decisiones bastante complejas y domar de entrada varios elefantes financieros que han estado bastante ausentes del debate público reciente. Aún antes de asumir el poder, tendrá reuniones con altos funcionarios del Fondo Monetario Internacional y con el Presidente del BID que lo harán enfrentar las realidades de estos elefantes.

Comencemos con un simple ejercicio de aritmética. El Presupuesto General de la Republica es de aproximadamente US$ 1,200 millones, suma que resulta pequeña cuando se contrapone a las grandes necesidades del país y a las promesas de campaña. De esa suma, cerca de un tercio viene de la cooperación externa en un enjambre de proyectos con requisitos que son una verdadera camisa de fuerza para muchos ministerios. Cerca de la mitad del Presupuesto está asignado a Educación y Salud con una cifra insuficiente para cubrir las demandas salariales y las necesidades muy reales de estos sectores. Casi tres cuartos del Presupuesto es en sueldos y salarios, donde la flexibilidad de recortes es poca sin despidos masivos. Aproximadamente uno de cada seis córdobas en el Presupuesto es para pagar deudas contraídas en el pasado.

Ahora calcule las asignaciones constitucionales, las cuales según un fallo reciente de la Corte Suprema debe ser sobre los gastos y no sobre los ingresos. En otras palabras, si gasta más de lo que recibe, debe aumentar más la diferencia con estas asignaciones, dando en efecto dinero que no tiene. Asigne así el 6% para las universidades y olvídese si está beneficiando ya a una clase privilegiada en este país a expensas de los verdaderamente necesitados. Continúe asignando el 4% para la propia Corte Suprema, y el 10% a los municipios, calculado de diferente manera, pero no importa, de todas formas, el dinero se le está acabando. De lo que quede de este ejercicio, ahora deberá restarle un sinnúmero de asignaciones en fondos de contrapartida para proyectos financiados por donantes y para cumplir con muchas leyes aprobadas sin medir su impacto presupuestario.

No importa cómo haga sus cálculos, la suma final resultará insuficiente para atender las enormes demandas que existen, descubriendo para el Presidente electo el primer gran elefante en las Finanzas públicas: El margen de maniobra es sumamente bajo si desea mantener la estabilidad macroeconómica del país. Ya conocemos muy bien los resultados de emitir dinero sin respaldo, de endeudarnos más de lo que estamos y de aislarnos de la comunidad internacional.

Con este bajo margen de maniobra, veamos ahora los otros elefantes. De entrada, habrá que comenzar a resolver el problema energético que requerirá de inversiones masivas en infraestructura. Afortunadamente, Nicaragua tiene capacidad de generación de energía superior a los 3000 Mwh, más que suficiente no sólo para llenar todas nuestras necesidades en un futuro previsible, sino para exportar al resto de la región. Podemos poner parches al problema con barcazas y plantas térmicas pequeñas, pero este aumento en la capacidad generadora requerirá de inversiones masivas en infraestructura y de dinero que como vimos anteriormente no tenemos. La solución obvia es crear el marco institucional y jurídico para atraer inversiones privadas locales y extranjeras a este sector, aunque esto ideológicamente no sea atractivo para muchos.

Los elefantes restantes que ya no podemos esconder y tienen que ser domados de entrada no son menos complicados. Al igual que muchos otros países, la seguridad social de Nicaragua es financieramente insostenible en su estructura actual. Si prometemos mucho más a futuro de lo que estamos aportando en el presente en el sistema de pensiones, en algún momento el sistema no será viable. Desafortunadamente, en el caso de Nicaragua, el momento de hacer la corrección es ahora y no existe una solución sin costo. Al echar atrás una privatización muy mal diseñada del sistema de pensiones, lo que se hizo en realidad fue esconder el elefante debajo de la alfombra. La Ley de Seguridad Social recientemente aprobada sacó el elefante y lo puso en el centro de la habitación. Lejos de resolverlo, lo hizo aún más grande y los organismos internacionales seguramente insistirán en domarlo a la mayor brevedad.

Otro elefante financiero es la deuda interna que por los próximos años será de US $200 millones cada año; cerca de US$50 millones en los ya famosos CENIs y US$150 millones en Bonos de Indemnización. Por mucho que estemos en desacuerdo de cómo fue contraída esta deuda, la tentación de no pagarla se debe contraponer a la realidad que el Gobierno deberá emitir deuda adicional para poder pagar la existente. Como ya hemos experimentado en carne propia, un Gobierno que no honra sus obligaciones financieras es un Gobierno sin credibilidad en los mercados internacionales. Sin esta credibilidad la reestructuración de la deuda, al igual que la solución de los otros problemas, se volverá aún más difícil.
Los elefantes no terminan aún. Las transferencias municipales llegarán hasta el 10% de los ingresos tributarios, según una ley aprobada no hace mucho. La idea de fondo es excelente ya que los gobiernos locales pueden ser más efectivos que el Gobierno central para resolver muchos problemas de las comunidades. El problema es que al transferir recursos sin transferir responsabilidades se creó un enorme problema de duplicación de fondos en el Presupuesto, que no ha sido todavía resuelto. En países como Argentina este problema sin control se ha vuelto un verdadero dolor de cabeza financiero que ha alimentado crisis financieras.

El último elefante a domar de entrada es la Ley de Servicio Civil, otra ley necesaria pero aprobada sin medir sus consecuencias. Esta ley pretende regular los deberes y responsabilidades y compensaciones de los empleados públicos, poniendo en evidencia las inequidades en el sector público cuando un empleado en un escalafón puede ganar tres veces más que otro en un escalafón muy superior. Eliminar estas injusticias sin embargo, requiere tanto de recursos que no se tienen, así como de instancias que todavía no se han implementado.

Como ya puede percibir, el margen de maniobra del Gobierno entrante es bajo y los elefantes son grandes. Domarlos requerirá tanto de habilidad política como de mucha sofisticación financiera. Para la primera, el Presidente electo debe aprovechar el capital político de todo Gobierno nuevo y su obvia influencia en los otros poderes del Estado. Para la segunda, necesitará de funcionarios capaces y equipos de trabajo efectivos con la mejor asesoría internacional que puedan conseguir. Errores ahora serán sumamente caros después. Es en el interés de todos que estos elefantes sean domados exitosamente.

* Economista, Catedrático de INCAE, Miembro del Consejo Editorial de El Observador Económico.


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