12 de May de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoRoberto Fonseca

En la entrada a Estelí, a sólo 400 metros de la carretera Panamericana, se localiza el hotel Cualitlan, que en lenguaje náhuatl significa “Lugar de calidad” o “lugar saludable”. Este hospedaje ecológico representa la mejor opción hotelera en “El diamante de Las Segovias”, denominada así a la ciudad.

Un “oasis oculto”. En esos términos, los viajeros del mundo se refieren al hotel Cualitlan, propiedad de Marisela Rodríguez, en los reviews publicados en los sitios web, que sirven de guías a los turistas o visitantes. Y, no exageran. El lugar es un pequeño oasis en Estelí, ciudad que se ha convertido en la capital del tabaco.

El hotel Cualitlan nació en 2001, en un terreno baldío, que Marisela Rodríguez fue transformando con el paso del tiempo, trabajando duro, pero muy duro. Hoy, de ese lugar pedregoso, desértico, no queda nada, nadita de nada, como dice la canción. La vegetación es hoy abundante, omnipresente.

También las antigüedades. Están colocadas con gracia, buen gusto, con buena mano, en los corredores, en las habitaciones o en las áreas del restaurante. Destaca un viejo teléfono negro, de discado; o una desvencijada máquina de escribir Remington. O, un radio-receptor Trans-oceanic, marca Zenith, con el que se sintonizaban lejanas radioemisoras, a través de la banda corta (SW).

En el hotel Cualitlan, además, hay un cierto roce con la fauna. Un par de ardillas, traviesas por cierto, se mueven entre los árboles, esperando que Marisela se acerque a ellas y les ofrezca una rosquilla somoteña. Les encanta, se acercan, las toman y se la comen en un santiamén. En una jaula, también se observa un perezoso, al que no sacan de su casita de madera, ni con rosquillas, con mimos, ni con halagos. Sus horas de sueño son sagradas y en el día se resiste a que lo saquen afuera.

“Yo soy muy afortunada con mi clientela”, dice Rodríguez, refiriéndose a sus huéspedes, a quienes trata como familiares o viejos conocidos. Con calor, con cariño, con una sonrisa en su rostro. Provienen de todas partes y de todos los países, hay diplomáticos, representantes de organismos internacionales, de ONG locales, parejas o familias completas, que pernoctan allí, antes de viajar rumbo a las reservas naturales del Tizey, de Miraflores, de la Garnacha o del cañón de Somoto.

El Cualitlan cuenta con 14 habitaciones, la mayoría de ellas en forma de cabañas individuales, de parejas, familiares o múltiples. No hay aire acondicionado, porque realmente no lo necesita. El clima es fresco y hay ventiladores. Los cuartos son limpios: camas muy cómodas, juegos de toallas, ducha caliente y televisores con servicio de cable. También hay conexión de Internet inalámbrica.

La tarifa de habitación –entre US$35 y US$40-- incluye desayuno. La calidad del servicio está garantizada. El hotel Cualitlan ganó el galardón “International Quality Summit” (2008), en reconocimiento a su sostenibilidad empresarial, excelencia, liderazgo y buenos resultados. El reconocimiento lo otorga el consorcio Business Initiative Directions, con sede en Madrid, España. Pero, paradójicamente, Rodríguez no pudo viajar a recoger el galardón, a Nueva York, por falta de apoyo institucional.


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