5 de March de 2001 - Managua, Nicaragua


Sonia Agurto

Todo indica que ha bajado el ritmo de discusión sobre cuál es la metodología más confiable, científica y pertinente, para medir el grado de pobreza en nuestro país, dicho de otra manera, ha disminuido la discusión de cuál es la mejor manera de contar cuántos nicaragüenses viven en una situación de pobreza.

La explicación que encontramos para entender el por qué se han detenido un poco estos debates teóricos, radica en que en la última década en nuestro país, se han utilizado todas las metodologías existentes para medir la pobreza, y todas han encontrado que los pobres son muchos. Visto desde otro ángulo, se puede decir, que como en Nicaragua la pobreza es generalizada, cualquier metodología funciona.

Definitivamente, la pobreza es tan generalizada en Nicaragua, que no se necesita ir a lugares específicos a buscarla. En los semáforos por las mañanas, nos encontramos a menores de edad pidiendo dinero para mitigar su hambre de desayuno, al mediodía los volvemos a encontrar tratando de solucionar su hambre de almuerzo y por las noches para dormir con algún alimento en el estómago.

"Yo voy al semáforo porque en mi casa no hay que comer. Tengo una hermanita pequeña y mi mamá no tiene quien la cuide para ella poder salir a trabajar. Yo podría cuidarla, pero a mi mamá le da miedo que llegue mi padrasto y me viole. Aunque ella ya lo tiene fichado en la policía y le prohibieron que llegara a la casa, él no hace caso, llega cuando quiere y golpea mucho a mi mamá, yo salgo a buscar a la policía, pero cuando ellos llegan, mi padrasto ya se ha ido. Ha mi me va bien en el semáforo, hay personas que me humillan, pero otras son buenas y me dan dinero. En esta navidad, un señor me dio cien córdobas, compré mucha provisión. Me gusta llevarle a mi mamá C$ 20 córdobas, cuando recojo más, voy a una fritanga y pido un plato de comida y me lo como, me gusta mucho dormir sin hambre. Mi mamá quiere que yo estudie, dice que dejaremos a mi hermanita donde una vecina y ella buscara trabajo, ojalá ella pueda encontrar trabajo y mi padrasto nos deje vivir en paz" . Estudios de caso de FIDEG 2000.

Se ha estigmatizado mucho sobre la pobreza que vemos, sobre la pobreza que viene hacia nuestros ojos sin necesidad de ir a estudiarla. Se habla de madres que explotan a sus hijos e hijas menores y viven del dinero que éstos logran recoger; de pandilleros que no tienen una madre que los corrija; de prostitutas y prostitutos que disfrutan de esta actividad; de vagos que no trabajan y se dedican a robar, en fin, se habla de muchos problemas sociales y explican las causas de los mismos, como responsabilidad única de las personas que lo padecen. Sin embargo, la mayoría de los problemas sociales que ocurren en nuestro país, son producto de la exclusión social a que son sometidas miles de personas a las que se les niega la oportunidad de tener acceso a educación, salud, a un trabajo digno, a una vivienda, y a otros recursos necesarios para lograr un desarrollo humano aceptable, y romper el círculo vicioso de la pobreza.
Partiendo e esta realidad, FIDEG ha dirigido esfuerzos para monitorear por nueve años consecutivos los cambios que acontecen en las condiciones de vida de la población de Managua, León y Granada. A partir de una realidad tan cambiante, se analizan diversos indicadores que muestran cómo los hogares transitan de situaciones de no pobreza a pobreza o viceversa.

Utilizando el método de Línea de Pobreza (LP), en la que se mide el poder adquisitivo que tienen los ingresos familiares para adquirir una canasta de bienes y servicios, se presentan seguidamente, los principales resultados de la investigación sobre las Condiciones de Vida de la población que habita en las ciudades de Managua, León y Granada.

¿Qué ha pasado con los pobres en los últimos 9 años?



En los últimos 9 años la pobreza se ha anidado en más hogares de Managua, León y Granada. De hecho, entre 1992 y el año 2,000, los hogares en pobreza en estas ciudades se ha incrementado en 19.7 puntos porcentuales, pasando de 43.5% a 63.2% en el período mencionado.

Esta situación se ve agravada en la medida que los hogares que vivían en la indigencia se incrementaron en 14 puntos porcentuales. Los hogares indigentes pasaron del 22.8% al 36.8% en 9 años. (Ver cuadro 1)

El aumento de los hogares pobres y en especial de los hogares indigentes, es un claro reflejo que las medidas económicas implementadas en el país, si bien es cierto, corrigieron los desequilibrios macroeconómicos, no dieron los frutos esperados a nivel de la microeconomía. El crecimiento económico que ha experimentado el país, no se ha revertido en una mejoría de todos los sectores sociales. De esta manera, las bondades de la llamada "teoría del derrame económico", que aducía que el crecimiento económico llevaría beneficios "automáticos" a amplios sectores sociales, no ha dado los resultados esperados. La realidad indica que existe una concentración de la riqueza en determinados grupos sociales, lo que ha llevado a una profundización vertiginosa de la brecha entre ricos y pobres.

¿Hombres y mujeres sufren la pobreza, pero la indigencia comienza a ensañarse con las mujeres?



A lo largo de estos años, FIDEG ha mostrado en estudios de más amplia cobertura, que el realizado en la Franja del Pacífico, que la pobreza no tiene rostro de Mujer, sino que Nicaragua tiene rostro de pobreza. La pobreza de las mujeres nicaragüenses ha radicado en una exclusión histórica a beneficios que proporciona el desarrollo económico, como es el acceso con equidad a bienes como la tierra, el crédito, la asistencia técnica y la capacitación.

Sin embargo, la muestra panel proporciona cambios alarmantes en las condiciones de vida de los hogares que tienen como jefa a una mujer. De hecho, los datos muestran que los hogares con jefatura femenina han experimentado mayor empobrecimiento que los hogares con jefatura masculina a lo largo de los últimos nueve años, y peor aún, la indigencia se ha anidado en un número mayor de hogares jefeados por mujeres.

Mientras en 1992, el 41% los hogares que tenían como jefe a un hombre sufría la pobreza, en el año 2,000 este porcentaje se incrementó a 59.4%. Por su parte, los hogares pobres que tenían como jefa a una mujer pasaron de 48.2% a 67.4%.

Por otra parte, Granada es la ciudad donde los hogares experimentan los mayores grados de pobreza (68.6%), seguido por León (65.7%) y luego Managua (58.9%). El común denominador en las tres ciudades, es que los hogares que tienen como jefa a una mujer, muestran una pobreza más aguda que aquellos hogares que tienen como jefe a un hombre, lo que indica que los ingresos de las mujeres son más precarios que los ingresos de los hombres.

Los datos dan pautas para decir, que las mujeres que habitan en la franja del Pacífico de Nicaragua, enfrentan problemas agudos en sus condiciones de vida, ya que aunado a la exclusión estructural sobre el acceso a bienes y servicios, ahora están siendo afectadas en mayor medida por una situación de alarmante pobreza, que proviene de un mercado de trabajo con serias inequidades, donde las mujeres solamente pueden tener acceso a empleos de sobrevivencia en los sectores más deprimidos de la economía, sin que en ello pueda incidir sus capacidades y saberes.

Los ingresos de los pobres son precarios, sin embargo, los ingresos de las mujeres se encuentran en un 24% por debajo del ingreso de los hombres



El ingreso promedio de los hogares que habitan en las ciudades de Managua, León y Granada fue en el año 2000 de C$2,811 córdobas, cifra que no se aleja mucho del ingreso promedio que observaban estos mismos hogares en 1992, cuando dichos ingresos alcanzaban los C$2,284 córdobas. Se hace evidente entonces, el nivel de deterioro que han experimentado los ingresos de los hogares estudiados, en la medida que mientras la inflación durante estos últimos 9 años se ha incrementado sustantivamente, los ingresos se han mantenido cautivos durante ese período (ver cuadro 2).

La segmentación de los ingresos permite mostrar de una forma más precisa la situación que enfrentan los distintos estratos de la población. La muestra panel refleja que mientras en el año 2000, el 20% de los hogares más pobres recibían ingresos promedios de C$109.7 córdobas, el ingreso promedio del 20% de los hogares más ricos era de C$7,111.3 córdobas. Esto refleja que el ingreso del 20% de los hogares con màs altos ingresos es 64.8 veces mayor que el 20% de los hogares más pobres. (cuadro 2)

Las brechas de ingresos se presentan no solamente entre los estratos más pobres y más ricos de la población, sino también entre hogares encabezados por hombres y por mujeres. De hecho, mientras en 1992 el ingreso de los hogares jefeados por mujeres estaban en un 20.8% por debajo del ingreso de los hogares jefeados por hombres, en el año 2000 esta brecha se profundizó al estar el ingreso de las mujeres en un 24.1% por debajo del ingreso de los hombres.

Se puede afirmar entonces, que si bien es cierto, hombres y mujeres son afectados por el congelamiento de los salarios o por los pocos ingresos que perciben del trabajo que desarrollan, son las mujeres las más afectadas por esta situación. Si la brecha de género se incrementa en los ingresos, significa entonces, que las desigualdades de género se continúan profundizando.

Nivel Educativo de los Jefes de Hogar según niveles de pobreza



En general el nivel educativo de los jefes de hogar hombres y mujeres es bajo, no obstante, la muestra panel evidencia una correlación entre pobreza y baja educación. Aún cuando, los datos muestran una correlación entre pobreza y baja educación, también se refleja que existe un significativo porcentaje de personas que teniendo un nivel educativo medio y alto, padecen y viven la pobreza y la indigencia (ver cuadro 3).

En el año 2000 el 55.9% de jefes de hogar que vivían en extrema pobreza no tenían ningún nivel educativo o sólo habían logrado alcanzar algún nivel de educación primaria. Este porcentaje se reduce al 57.2% para los jefes que viven en pobreza y a 38.6 para los que están fuera de la línea de pobreza.

El nivel educativo de los jefes pobres presenta diferencias de género. Las jefas mujeres muestran mayores porcentajes de baja educación que los hombres jefes de hogar. Sin embargo, la tendencia de a mayor educación menor pobreza se presenta tanto en hombres como en mujeres jefas de hogar.

Las estrategias de sobreviviencia de los hogares pobres



El 53.8% de los hogares de las ciudades de Managua, León y Granada opinan que la situación económica que vivieron en el año 2000 es regular, el 38.7% opina que es mala y solamente el 7.5% que es buena (ver cuadro 4).

Ante esta situación las familias desarrollan estrategias de sobrevivencia. Mientras en 1992 el 85.7% de las familias desarrollaban estrategias para enfrentar los problemas, en el año 2000 el 100% de las familias hacen algo para enfrentar la crisis económica.

La principal estrategia de las familias es recibir ayuda. En 1992 el 25.6% de las familias recibían ayuda, para el año 2000 este porcentaje de elevó a un 37.6%. Hombres y mujeres reciben ayudas, sin embargo, las mujeres han mantenido durante estos años porcentajes similares (40.1% y 47.6% entre 1992 y el 2000), mientras en los hogares con jefatura masculina este tipo de estrategia se pone en práctica, pero no es tan significativa (18.6% a 28.1% entre 1992 y el 2000) como en el caso de los hogares con jefatura femenina.

La procedencia de las ayudas muestran un cambio radical entre 1992 y 1999. Mientras en 1992 las ayudas de familiares que vivían en Nicaragua eran la mayoría (55.8%), en 1998 éstas se reducen a 42.1% y en 1999 casi desaparecen y se incrementan notablemente las ayudas de familiares en el exterior.

Hay que recordar que a finales de 1998 el país fue brutalmente desbastado por el Huracán Mitch, por tanto, las ayudas entre familiares que quedaron en Nicaragua se redujeron y por otro lado, se incrementaron las ayudas provenientes del exterior, tanto de aquellos que ya radicaban en el extranjero como de aquellos que salieron a buscar nuevas alternativas de vida. Podemos decir entonces, que cuando las redes de ayuda interna se agotan, las personas se ven obligadas a buscar otras alternativas para poder solventar las necesidades familiares, como ha sido la migración.

No obstante, las ayudas de familiares en Nicaragua reaparecen en el año 2000, se puede decir, que ha habido un cierto reacomodo familiar y las redes de ayuda solidaria han vuelto a tomar su curso cotidiano.

Es importante destacar, que a través de la muestra panel se ha podido detectar otra forma de sobreviviencia, no menos válida que las redes de ayuda familiar, como es la gestación de un nuevo tipo de familia en Nicaragua. Un tipo de familia que podría catalogarse como "familia acordeón", en el sentido que se agranda o se achica de un año para otro. Los factores que inciden en este tipo de familias obedecen a la puesta en marcha de estrategias de sobrevivencia que les permiten hacerle frente a la grave situación económica que los afecta.

Muchas familias se juntan en determinado momento del año porque:

- Los ingresos de una familias se deterioran de tal forma, que no pueden hacerle frente a las necesidades de sus miembros. Por lo tanto, se juntan con otra familia buscando compartir los gastos y de esta manera enfrentar la crisis económica.

- Cuando el jefe o por la general , la jefa de familia migra buscando empleo en otros países o en lugares lejanos a su vivienda, los miembros quedan desprotegidos y la persona antes de migrar, busca un "hogar sustituto" para los miembros de su familia que se ve obligada a abandonar. De esta manera, las dos familias se ven beneficiadas -económicamente- a través de las remesas en envía la o el emigrante.

Otras familias se separan en determinado momento del año porque:

- Cuando uno de sus miembros logra encontrar un trabajo relativamente estable y que cubra sus necesidades más básicas. Esta separación algunas veces es muy temporal, porque al cabo de un tiempo regresan a juntarse nuevamente con el hogar inicial o con otro hogar, cuando la situación económica vuelve a empeorar.

- Cuando existe migración y la persona que migra ayuda económicamente para que otro familiar pueda independizarse y hacer su propia familia.


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