6 de July de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoAída Mayorga R.

La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella - (Salvador Dalí)

La década de los años 80 en Nicaragua dejó a decenas de jóvenes nicaragüenses, en su mayoría de escasos recursos económicos, con una carrera universitaria o una especialización en una de las 245 áreas priorizadas en ese momento. La mayoría estudió en universidades de la llamada Europa Oriental y en América Latina, especialmente en Alemania Democrática, la Unión Soviética, Checoslovaquia, Cuba, México y España. Regresaron graduados en diversos programas, comprometidos como los cuadros técnicos y políticos que el país y la Revolución requerían.

Años 90: una década de transición



Condicionados por los vaivenes de las estructuras político-partidarias ligadas al poder, esos profesionales se enfrentaron a limitadas oportunidades laborales en la etapa de la transición de los años 90. Unos incursionaron como profesores de las nuevas universidades, en las ONG, fundaciones o en empresas privadas medianas o familiares que se adecuaban a sus nuevas capacidades, o bien se insertaron en puestos de confianza por afinidades partidarias y en cargos intermedios dentro de la nueva burocracia estatal.

Otros formaron parte de la Policía, del Ejército o del sistema judicial. Otros se convirtieron en trabajadores independientes, funcionarios o asesores de gobierno, consultores de ONG, trabajadores del sector informal y hasta en desempleados. Todos ellos conformaron una generación que dijo sentirse comprometida “en la transformación social, política y económica” de aquella Nicaragua. ¿Dónde quedó ese compromiso en los 90?, ¿Contribuyeron estos profesionales decisivamente a los cambios necesarios en estas dos décadas de diferente signo político?

Las oportunidades en el extranjero



En la actualidad, los jóvenes especializados condicionan su compromiso laboral y su aporte al desarrollo a un cierto pragmatismo racional y económico, más que a una mística “de entrega a un proyecto de país” que la juventud de los años 80 dice haber vivido.

Ante las exigencias del mercado laboral, las nuevas generaciones buscan posicionarse en empleos estables y de buena remuneración, por lo que las ofertas nacionales no siempre logran cautivarles para regresar o mantenerles en el país. Según datos del Banco Mundial, tomados de Summa News (2008), Costa Rica tiene el mejor índice de oportunidades humanas con 86%. Le sigue Panamá, con el 69%, El Salvador (55%), Honduras (53%), Guatemala (50%) y en el último lugar Nicaragua, con el 46%. El índice de oportunidades humanas se refiere al acceso de la niñez a condiciones básicas de educación, agua, saneamiento y vivienda.

Estudios del Banco mundial y la CEPAL (2005-2008) señalan que un porcentaje alto de especialistas graduados fuera de sus países emigran principalmente a trabajar a Estados Unidos y Canadá por las oportunidades que ofrecen. Ambos países absorben la mayor cantidad de especialistas de alto nivel o profesionales con méritos.

El Banco Mundial afirma que los países con el 10% de sus profesionales calificados en el exterior pueden considerarse afectados por la “fuga de cerebros”. Otros consideran esta dinámica de movilidad laboral internacional propia del nuevo contexto de la globalización y no siempre perjudicial para sus países de origen.

Los países que han avanzado significativamente en la reducción de la pobreza y mejorado su ingreso impulsan el capital humano con políticas públicas adecuadas y sostenidas de retorno, ya que consideran al grupo de profesionales calificados como un pilar importante en la transformación tecnológica y cultural.

Por su parte, las personas graduadas en universidades extranjeras no solamente se plantean objetivos laborales y económicos con sus salidas al exterior, sino también objetivos de crecimiento personal que les ayude a alcanzar los máximos peldaños de la pirámide de Maslow (que va de las necesidades básicas hacia la autorrealización).

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Las expectativas del retorno: empleo de calidad



Uno de los desafíos que tienen muchos jóvenes que se especializan con estudios de postgrados y doctorados en el extranjero es regresar, emplearse en su país y poner en práctica sus nuevas capacidades.

Juan José Barrios es un joven de 26 años con dos maestrías en Economía, realizadas en Bélgica y Estados Unidos. Para él, la competitividad del mercado laboral empuja a los jóvenes a ampliar su especialización, como ventaja comparativa para alcanzar buenos puestos, sobre todo, en el sector privado. Desde su perspectiva, los becarios de su generación (nacidos en la década de los años 80) realizan estudios de maestría o doctorados para adquirir habilidades técnicas para desempeñarse en un sector determinado, pero también por los contactos y amistades multiculturales como elementos intangibles de la formación.

Para Juan José, la motivación de retornar al país para aportar a su desarrollo, es propia de aquellas personas que aspiran a ser agentes de cambio. Mientras los jóvenes alberguen esperanzas sobre el país, su estabilidad y su crecimiento sostenible, enfatiza Juan José, será posible frenar la fuga de cerebros: “Un país es sólo tan rico como su capital humano, y ése es un punto clave que debería ser parte medular de cualquier estrategia de desarrollo y reducción de pobreza”.

Pero la realidad es que los países visitados ofrecen, además de titulaciones que abren muchas puertas, un estilo de vida y oportunidades que se convierten en una tentación difícilmente rechazable: “Siendo pragmático, los becarios en muchos casos deciden relocalizarse en otros países donde las oportunidades y niveles de vida son mejores”.

Humberto Miranda, de 29 años y graduado en un Máster sobre Gobierno y Asuntos Públicos (México), dejó su trabajo de profesor universitario en Nicaragua, de manera temporal, para seguir formándose en España en un doctorado en Gobierno y Administración Pública. Él señala su interés en prepararse más por la necesidad existente en Nicaragua de profesionales altamente calificados para diseñar, ejecutar y evaluar decisiones de gobierno y de políticas públicas. Éste es un factor motivador que impulsa al compromiso social que deben mantener los becados con su país de origen, según los criterios de las instituciones que otorgan becas.

Ambos jóvenes sostienen que regresar al país para aplicar sus habilidades y conocimientos es un deseo de todo graduado. Por un lado, por los lazos familiares y experiencias personales que les une a Nicaragua, y por otro, para encontrar oportunidades laborales adecuadas y desempeñarse en sus especialidades. Sin embargo, las pocas oportunidades que el país ofrece condicionan su retorno para contribuir a los nuevos desafíos que Nicaragua enfrenta.

La universidad (nacional o extranjera) sigue siendo un espacio necesario e imprescindible para impulsar el desarrollo nacional por la vía del estudio y del debate. Así lo expresa Humberto, desde su experiencia como profesor, que quiere seguir consolidando en el futuro: “Estoy convencido de que Nicaragua necesita un debate de ideas y la universidad es un espacio privilegiado para un diálogo abierto desde diversas perspectivas”.


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