10 de August de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoJuan J. Barrios MSc

En materia económica, la dicotomía liberal-conservador tiene un significado diferente -incluso opuesto- al familiar sentido político que se le adjunta. Esta diferencia es frecuente causante de confusión. Los ciclos económicos son a veces asociados a ideas conservadoras o liberales, algunos se han atrevido a sugerir que usualmente los ciclos liberales sucumben a corrupciones de poder, y los ciclos conservadores sucumben a corrupciones de dinero. Sin importar la ideología predominante, cuando las burbujas se están formando se le pide al gobierno menos injerencia, pero cuando éstas revientan todos piden soluciones al gobierno. En jerga económica, se bromea que en el fondo todos son Keynesianos.

En este 2009, por primera vez en décadas, la tasa de desempleo en EE.UU. sobrepasará los dos dígitos. De acuerdo con la encuesta de perspectivas económicas del Wall Street Journal de junio, los expertos financieros parecen converger en proyecciones recientes y de estar en lo correcto, se espera que en este tercer trimestre la economía norteamericana tenga un moderado crecimiento menor a un punto porcentual. Para algunos quiere decir que quizás la economía ya tocó fondo, en otras palabras es concebible que al menos en varias economías desarrolladas pronto se deje de empeorar. Por otro lado el desempleo, que responde con cierto rezago al crecimiento económico, se espera que continúe aumentando al menos por un año adicional. El consenso sugiere altas posibilidades de que el proceso de recuperación sea sumamente lento.

Estados Unidos, al igual que la Unión Europea, está usando todas las herramientas disponibles, reformas a la regulación financiera, estímulos económicos, tasas de interés en cero e incremento del gasto público. Sin embargo, ¿qué tan pertinente es, para Nicaragua, conocer las experiencias de un país lejano o incluso especular sobre la recuperación estadounidense, nuestro principal socio comercial y centro gravitacional de la actividad económica? Ante todo, el argumento a favor de prestar cercana atención a la crisis global es que en un mundo globalizado, una economía pequeña y abierta se verá ineludiblemente afectada por factores externos de múltiples formas. ¿Se traduce entonces una recuperación en EE.UU. a una recuperación en la economía nacional?

“Estos son otros cien pesos”



La pregunta central aquí planteada, no es si Nicaragua está en crisis o si se están perdiendo empleos, pues esas están documentadas mediáticamente hasta la saciedad. Tampoco es si la crisis interna es principalmente resultado de la crisis global o se gestó de forma endógena, pues éste es un análisis primordialmente macroeconómico y no político. La pregunta que a todos interesa: ¿Cuándo puede esperarse racionalmente que la economía nicaragüense presente crecimiento?. Para contestar esta pregunta, hay que enumerar brevemente los factores que ejercen influencia y conjuntamente determinarán el crecimiento económico nicaragüense en los próximos 18 meses: Comercio, Inversión, Remesas y Crédito.
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Volviendo a la pregunta principal, voy a tratar de contestarla de forma sencilla, al menos parcialmente, con sumas y restas. El PIB es el indicador por excelencia de la producción, y se puede determinar por la vía del gasto. Esto es, el gasto en consumo (público y privado), más la inversión (pública y privada), más el balance comercial de lo que le vendemos y compramos al resto del mundo. En esta forma (PIB= C + I + (X-M), respectivamente) casi todos los factores responden directamente a relaciones de mercado. Cuando el mercado falla, la política económica (el gobierno) se convierte en el pivote del juego, y su herramienta directa es mantener el PIB a flote estimulando la demanda mediante un aumento del consumo. Para simplificar el análisis, supongamos que la nuestra es una economía de 100 córdobas al año:

En esta simplificación (muy cercana a las proporciones reales), de nuestros cien pesos de ingreso, unos 25 vienen vía inversión y nuestras ventas son 20 pesos menos que nuestras compras. Esto nos deja con 5 pesos, por tanto para llegar a los 100 tenemos que generar los otros 95 pesos vía consumo. Y ésa es la clave: para los próximos 12 meses, vamos a tener menos de 25 pesos de inversión (ver punto #2), y al resto del mundo le venderemos menos de 35 (ver punto #1). Esto quiere decir que para mantenernos en 100 pesos vamos a tener que generar mucho más de 95 pesos vía consumo.

El consumo viene de dos vías, la privada y la pública. ¿Cómo puede aumentar el consumo privado si el empleo, los salarios, el acceso al crédito y las remesas no aumentan? La respuesta es, obviamente, que no puede. Entonces, sólo nos queda una salida: reponer todo lo perdido vía consumo público.

El economista Keynes aconsejó, después de la gran depresión, que el estado interviniese agresivamente en la reactivación de la demanda (consumo), y se orquestó una recuperación iniciada por altos niveles de consumo público, y ésta es la receta básica que se sigue aplicando en varias economías. Pero en nuestro caso la historia es muy diferente, el consumo público depende de cuánto puede gastar el gobierno, lo que a su vez depende de cuántos ingresos tiene a lo interno (o cuánto puede endeudarse internamente) y, a su vez, en cuántos recursos obtiene de afuera.

A lo interno tiene que incrementar impuestos, pero eso no se puede hacer en tiempos de crisis porque sólo empeora las cosas y de por sí en Nicaragua se espera una drástica reducción en recaudaciones . Entonces sólo nos queda aumentar el consumo público vía recursos externos, que de por sí actualmente cubren casi el 70% del mismo.

Hasta el momento me he abstenido de mencionar la política, incluso cuando ha sido pertinente. Pero ya desmenuzada la ecuación de los cien pesos, y concluyendo que la única manera de mantener nuestros cien pesos es con recursos de afuera, es imposible ignorar que se han ido alrededor de US$65 millones de la Cuenta Reto del Milenio, más US$63 millones del Grupo de Apoyo Presupuestario a raíz de los resultados del proceso electoral municipal, de noviembre del 2008. Como se puede ver, no hacen falta mucho más que algunas sumas y restas para darse cuenta que el pronóstico no es muy alentador… a menos que todo se amortigüe con los recursos venezolanos.

La paradoja del gasto



La paradójica realidad es que el consumo público se presenta simultáneamente como solución al déficit (si se reduce) y como solución a la depresión en la demanda (si se aumenta). En esta coyuntura las opciones básicamente se reducen a tres: Incrementar la deuda interna, renegociar con el FMI el nivel de reservas, o seguir siendo receptáculo de petrodólares.

Respecto al crédito, aunque el gobierno no puede ejercer influencia directa sobre las políticas de crédito de los bancos privados, tiene herramientas indirectas como el Encaje Legal. Pero evidencias actuales parecen indicar que por sí sola, esa herramienta carece de tracción. Para influir tajantemente en un aumento en los préstamos haría falta que, junto con un ajuste al encaje legal, se les permitiera a los bancos emitir títulos valores. Y una manera de financiar la compra de los mismos es precisamente mediante un relajamiento de las condiciones del acuerdo con el FMI mencionado, conjuntamente a un diálogo con el sistema financiero. ¿Cuál de estos esquemas es más sostenible?, es materia de debate, la única certeza es que no hay almuerzo gratis, y esa realidad no la elude ni la cooperación venezolana.

Entonces, ¿Cuándo?



Bajo el cuadro macroeconómico actual, se hace difícil esperar racionalmente que en el próximo año Nicaragua logre los C$ 100 pesos. Quizás a inicios de 2011, si la crisis internacional ha sanado, se podrá pensar en un crecimiento moderado impulsado por más exportaciones, una reanudación del flujo de inversiones y unas remesas que regresen a niveles históricos. En lo personal, no descarto estar pecando de optimista… pero ésos son otros cien pesos.

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