23 de mayo de 2001 - Managua, Nicaragua


FotoNestor Avendaño

Recientemente, la empresa privada y el sector público han propiciado sendas consultas sobre las ventajas y desventajas de sacar de circulación al córdoba del mercado, pero poco se ha escuchado sobre los costos sociales asociados con una posible dolarización oficial en Nicaragua, con el 48 por ciento de la población que tiene un ingreso diario de un dólar o menos.

Es obvio que la dolarización oficial tiene sus ventajas y desventajas. El beneficio de tener tasas de interés más bajas --aunque en Nicaragua no bajarían tanto porque los préstamos y los depósitos de ahorro y a plazos gozan de la cláusula de mantenimiento de valor--, una tasa de inflación cercana a la tasa de inflación internacional y una mayor transparencia en el manejo de los recursos presupuestarios está acompañado del costo de la pérdida del señoriaje, o sea la pérdida de la capacidad del Estado para obtener ingresos valiéndose de su derecho a crear dinero para financiar el gasto público.

Todos conocemos el costo social de la no dolarización: en el actual esquema de deslizamiento del tipo de cambio oficial, la devaluación disminuye el poder adquisitivo de los salarios, todo cuesta más en córdobas, y los trabajadores por cuenta propia, que no son asalariados, no han podido subir los precios porque sus clientes no tienen suficiente dinero para pagar. Sin dolarización, el costo es el empobrecimiento, porque pagamos las ineficiencias de la economía por la vía de la devaluación.

Con la dolarización, la devaluación ya no existe. Entonces, ¿cuál es la nueva vía para pagar las ineficiencias o problemas estructurales que persisten en nuestro ámbito económico? La nueva vía es la contracción de la economía. En otras palabras, el desempleo sería el costo social inmediato de la dolarización oficial de la economía nicaragüense. Veamos por qué. [Ver Grafico]

Aunque los nicaragüenses tuviésemos la voluntad de dolarizar plenamente la economía del país, no podríamos lograr este cometido porque, sencillamente, la banca central no dispone de un monto suficiente de reservas internacionales para comprar los córdobas que circulan en el mercado.

A finales de marzo de 2001, mientras la base monetaria era de C$2,760 millones, equivalentes de US$208 millones, el saldo de las reservas internacionales netas ajustadas de la autoridad monetaria era apenas de US$105 millones y, además, se prevé un flujo neto negativo de divisas líquidas en el sector oficial de la economía de US$75 millones en el presente año, resultante de un ingreso de divisas líquidas para apoyo de balanza de pagos de US$90 millones y un pago de la deuda externa de US$165 millones.

Además, a marzo de 2001, también se observa la restricción adicional de la deuda de corto plazo equivalente a US$318 millones generada por el Banco Central en concepto de emisión de Certificados Negociables de Inversión (CENI) colocados entre el público y la banca privada, Títulos Especiales de Inversión (TEI) adquiridos por el INSS, y Bonos en Moneda Extranjera (BOMEX) colocados en la banca privada del país, y dicha deuda está asociada con la posición de las reservas internacionales oficiales del país.

Sin embargo, el proceso de dolarización extraoficial de la economía nicaragüense ha avanzado grandemente desde mayo de 1990. El 70 por ciento del saldo total de los depósitos en la banca comercial corresponde a dólares; el 85 por ciento de la cartera de préstamos de la banca ha sido otorgado en dólares; las tarifas de servicios públicos, los precios de los combustibles y todos los precios de los bienes de consumo, excepto los perecederos de origen agrícola, están dolarizados; las tasas de interés, las rentas y las transacciones en el mercado de bienes raíces y en la bolsa de valores están dolarizadas. Sólo los niveles salariales bajos, los depósitos en cuenta corriente del público en la banca comercial y los depósitos de encaje en moneda nacional de los bancos comerciales en la banca central no están dolarizados.

La dolarización es un camino sin retorno



Dolarizar oficialmente la economía significa que el país entra "efectivamente" a la economía global. En ese marco, sin una política cambiaria, es apremiante una buena organización de la economía nacional para que las empresas exportadoras nicaragüenses sean competitivas en el comercio internacional. Por lo tanto, existe un alto riesgo si Nicaragua entra a la globalización con su economía plenamente dolarizada: el principal cuello de botella en este escenario, cuando el gobierno ya no pueda devaluar, será el manejo eficiente de la economía.

Con la dolarización no se dará el deterioro de los salarios producto de la devaluación. Pero los salarios en Nicaragua son bajos debido a la alta tasa de desempleo global de 22 por ciento imperante en el país, lo cual ayuda a demostrar que aproximadamente 405,000 personas no generaron ingresos durante el año pasado. Los salarios mínimos en las actividades agropecuaria e industrial manufacturera de Nicaragua eran US$38.14 más comida y US$50.85 respectivamente en marzo recientemente pasado, mientras que el salario medio nacional, sin incluir a los altos ejecutivos de los sectores público y privado, era equivalente a US$200.61.

En una economía dolarizada oficialmente, cada aumento de los salarios va a incrementar el poder adquisitivo de los trabajadores, y el límite de ese aumento es evitar la exclusión de nuestras exportaciones del mercado internacional por elevados costos de producción. En otras palabras, tal como lo señala la teoría económica, sólo el mejoramiento de la productividad facilitará el aumento de los salarios. Y elevar la productividad es un reto pendiente en nuestra economía desde hace más de dos décadas. [Ver Grafico]

Con la dolarización, las ineficiencias de nuestra economía serán más evidentes. Esta evidencia exigirá la eliminación de actividades y empresas ineficientes, por lo cual se provocará una contracción de la producción con el consecuente desempleo y la reducción de los ingresos tributarios. Dichas ineficiencias se pueden ejemplificar con la distorsión arancelaria, aún con la presencia un rango "común" de tasas arancelarias de [0%, 10%].

En otras palabras, en la actualidad hay empresas nicaragüenses que sobreviven porque pueden importar materias primas con aranceles muy bajos, pero su producto final está protegido en el mercado interno porque el arancel para el producto final es muy alto. En esta situación se encuentran actualmente el azúcar de caña o de remolacha y sacarosa químicamente pura en estado sólido, con un arancel del 55 por ciento; muslos y piernas de pollo, con el 170 por ciento; pollos enteros, pollos completos cortados y pechugas, con el 30 por ciento; arroz oro originario de países no miembros de la OIC, con el 55 por ciento, y originario de países miembros de la OIC, con el 30 por ciento. Un arancel externo común provocaría el desempleo en estas actividades económicas, pero el uso de los recursos en otras actividades aumentará también el empleo.

Precios, productividad y competitividad



El precio "correcto" de un bien o de un servicio en una economía global es el precio global, que es el precio razonable de un producto en el mercado internacional, acorde con un costo de producción "correcto" y una calidad excelente. Si un empresario nicaragüense produce un bien más caro, el resto del Mundo le enviará el mensaje que hay muchos productores fabricando ese bien mucho mejor, en una forma mucho más eficiente. Tener un precio "correcto" es tener una productividad correcta.

Los bajos niveles tecnológicos, que en principio no son rentables, aparentan ser rentables con el predominio de salarios bajos. La tecnología de muchas empresas nicaragüenses no sería rentable con salarios estadounidenses, pero parece ser rentable con salarios nicaragüenses. Y por esto, las empresas nicaragüenses usan esos bajos niveles tecnológicos. Como un ejemplo de lo anterior, la maquila de textiles en Costa Rica ha dejado de ser una actividad rentable porque los salarios de los trabajadores costarricenses son altos debido a su mayor nivel educativo; esas empresas de zonas francas han emigrado de Costa Rica principalmente hacia Honduras y El Salvador.

Por lo tanto, las empresas nicaragüenses tendrán que invertir más en tecnología. Los empresarios o productores que no puedan producir con mayor tecnología y, por ende, con mayor eficiencia, tendrán que salir del mercado. La dolarización es una presión para modernizar el aparato productivo del país, lo cual implica, en algunos casos, un menor uso de mano de obra y, en otros casos, un empleo de recursos humanos más calificados. Es necesario, por consiguiente, asignar más recursos presupuestarios a la educación y la capacitación tecnológica.
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Dolarización vs Pobreza



Por eso, la pregunta de que si la dolarización va a eliminar o no la pobreza debe tener una respuesta muy cuidadosa. Una de las primeras conclusiones sobre la pobreza humana en Nicaragua es que la pobreza rural es más grave que la pobreza urbana, ya que el 77.9 por ciento de las personas que viven en el campo son pobres y muy pobres, comparados con el 50.2 por ciento de los que viven en las ciudades.

Además, mientras el 45.5 por ciento de la población total del país vivía en las áreas rurales, éstas concentraban el 56.8 por ciento del total de pobres y el 63.7 por ciento de los extremadamente pobres.

En esa situación de pobreza, si el Estado no logra facilitar el incremento y el fortalecimiento de los rendimientos agropecuarios por la vía de una adecuada transferencia de tecnología y una mejor capacitación técnica, sin vincularlos a una efectiva estrategia agroindustrial, habrá un excedente de mano de obra en el campo que buscará cómo emigrar a las ciudades.

La estrategia gubernamental para combatir la pobreza indica que el crecimiento económico es la clave para que los nicaragüenses dejen de ser pobres. Esta es una posición bastante romántica e ilusoria. Entre el crecimiento y el bienestar no existe una relación automática. La estrategia ignora la solución de los problemas de la distribución del ingreso y de la composición sectorial del crecimiento económico. Las empresas nicaragüenses podrían ser más competitivas y más rentables, y el crecimiento económico del país podría también ser más alto que el 5.5 por ciento promedio anual en el próximo quinquenio, tal como lo programa dicha estrategia, pero todo eso no significa necesariamente que la mayoría de los nicaragüenses dejarán de ser pobres.

El logro de una mayor competitividad y rentabilidad empresarial, y de un mayor crecimiento de la producción, podría implicar el aumento de la pobreza humana, por lo cual siempre estará presente un reto muy complicado en la política social, consistente en elevar los ingresos y la calidad del nivel de vida de la población.

La economía global, como señalábamos anteriormente, establece precios globales pero aún no ha establecido salarios globales. Las empresas de zonas francas, por ejemplo, contratan al menor costo los recursos humanos y los recursos naturales, presionando por mantener bajos los salarios y mantener el acceso a los recursos naturales. Esto, por supuesto, atenta contra la productividad y el bienestar de la población. El crecimiento económico, en este escenario, se basa en la ventaja competitiva de la pobreza, y la pobreza se reproduce con este tipo de crecimiento.

Si se tomara la decisión de dolarizar la economía, el desarrollo económico del país dependerá, por consiguiente, de la productividad o de la pobreza. En los dos casos, se observará el aumento de la producción. Pero ante ese dilema, la respuesta política debería ser facilitar el aumento de la productividad para que los salarios aumenten, las remuneraciones de los recursos naturales se eleven, lo impuestos puedan financiar un gasto social más equitativo, la política social pueda transformar los procesos productivos en una forma sostenible, la inversión pública pueda ser más eficiente y de mayor calidad, y las empresas sean competitivas y rentables.

La dolarización y la distribución del ingreso



La erradicación de la pobreza, por lo tanto, va a depender del gasto social y de los ingresos de las familias. Pero también debemos tener en cuenta que la distribución del ingreso en Nicaragua se ha movido en la dirección de la desigualdad, porque los efectos de las políticas económicas y sociales en el marco del Programa "Servicio Reforzado de Ajuste Estructural" (por sus siglas en inglés, ESAF) no fueron igualitarios y, además, porque el desempleo y el sub-empleo de los recursos humanos no han facilitado la reducción de las brechas saláriales.

La distribución del ingreso en Nicaragua ha sido tradicionalmente desigual y, en la actualidad, está empeorando. De acuerdo con los datos de la Encuesta de Medición del Nivel de Vida 1998, el 20 por ciento de los hogares más pobres de Nicaragua percibió el 0.4 por ciento del ingreso total, mientras que el 20 por ciento más rico de los hogares, recibió el 67.5 por ciento. Esta distribución del ingreso no es un resultado económico del funcionamiento del mercado en Nicaragua, sino que es el punto de partida para dicho funcionamiento. [Ver Grafico]

La dolarización también pondría en evidencia la desigualdad en la distribución del ingreso nacional. Cabe entonces la interrogante, sin saber qué pasará con la productividad, sobre los efectos distributivos de la dolarización. ¿Protegerá la dolarización a los ingresos de las familias al frenarse la inflación? ¿Consolidará la dolarización una redistribución a favor de los que tienen más acceso a dólares y en contra de los que tienen acceso sólo a córdobas? En este punto aparece el tema del tipo de cambio: ¿Cuál será el nivel del tipo de cambio con el cual el Banco Central comprará los córdobas que circulan en el mercado?

El problema de la sobrevaluación del córdoba



El tipo de cambio del córdoba frente al dólar estadounidense sería estable cuando la productividad en Nicaragua evoluciona al mismo ritmo que la productividad del resto del Mundo. Si dos países muestran productividades que crecen en la misma forma, la relación de los precios de los dos países se mantendrá igual. Pero la productividad en Nicaragua ha disminuido grandemente en las últimas dos décadas y, por consiguiente, el córdoba ha tenido que depreciarse.

Además, la política monetaria en Nicaragua se ha formulado en una forma independiente de la productividad, por lo cual el tipo de cambio se ha sobrevaluado, en detrimento del esfuerzo exportador y abaratando las importaciones.
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Con la sobrevaluación, la gente cree que gana más, tiende a consumir mucho, en especial bienes importados, el déficit comercial se expande y la deuda externa aumenta. La dolarización exige un tipo de cambio estable, un valor del córdoba "correcto". El tipo de cambio que se vaya a utilizar para convertir la base monetaria en córdobas a dólares no deberá estar muy sobrevaluado ni muy subvaluado.

Si el tipo de cambio usado para la dolarización estuviese muy subvaluado, que no es el caso de Nicaragua, perjudicará a los consumidores de bienes importados; por otro lado, si el tipo de cambio estuviese muy sobrevaluado, que es el caso de Nicaragua, perjudicará a los exportadores. Y ambas situaciones obstaculizarían el crecimiento económico con el dólar como única moneda de curso legal.

Por lo tanto, la posible sorpresa cambiaria que ocurriría en Nicaragua en el momento que se decida la dolarización oficial de la economía, ajustará los salarios hacia abajo, y las familias que están más abajo en la distribución del ingreso saldrán perdiendo. Los que hubiesen comprado dólares antes de la dolarización oficial, por supuesto, saldrán ganando.

Los retos frente a la dolarización



Ante esta muy probable situación, el Estado tiene que facilitar un esfuerzo sistemático tanto en el empleo --propiciando un clima estable para la inversión y una mayor certeza jurídica-- como en la productividad --impulsando la educación y la capacitación técnica--, con el fin de mejorar y fortalecer el salario real. Si no fuese así, se perpetuaría la rentabilidad de las empresas sobre la pobreza de la población.

Basado en todo lo expuesto anteriormente, el gasto social demanda concentrarse en una mayor cobertura y eficiencia de la educación. Sin educación no hay crecimiento económico sostenible ni posibilidad para erradicar la pobreza. Las medidas para reducir la pobreza no van a beneficiar en el corto plazo a quienes se han estado beneficiando de la pobreza, salvo en el mediano y largo plazo si han elevado el nivel tecnológico en sus actividades productivas y hayan aumentado la competitividad de las empresas.

En conclusión, el papel facilitador del Estado es muy importante para reducir el costo social inherente a la dolarización oficial: más educación, más salud, más transferencia de tecnología, más infraestructura económica moderna, más solidez del sistema financiero, más protección de los recursos naturales y del medio ambiente, más protección a la población excluida del progreso humano, consolidación del estado de derecho. Y una tarea más: evitar que las empresas sean competitivas y rentables sobre la base de la reproducción de la pobreza y del deterioro de los recursos naturales.

En una economía dolarizada oficialmente, sin políticas cambiaria y monetaria, la política fiscal debe ser sólida y flexible para garantizar el crecimiento económico y reducir la pobreza, mediante la reducción de la participación de los impuestos indirectos en la recaudación tributaria, una alta inversión social y la facilitación de una tecnología más adecuada; por su parte, la política laboral debe garantizar la estabilidad laboral y un creciente salario real sobre la base de la facilitación estatal de una mayor productividad.

Esos son los desafíos que afrontamos para minimizar el costo social de la dolarización. ¿Estamos preparados para alcanzar esos objetivos en el corto plazo? Usted, estimado lector, tiene la palabra.


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