24 de April de 2006 - Managua, Nicaragua


FotoMayda Meléndez

Casi siempre en silencio, pero con paso firme, el proceso de Unión Aduanera ha venido avanzando, desde que el pasado 10 de marzo de 2004, una pala mecánica derribara los puestos fronterizos entre El Salvador y Guatemala, bajo la atenta mirada de sus mandatarios, los presidentes Francisco Flores y Oscar Berger.

Meses después, el 6 de mayo del mismo año, Nicaragua y Honduras montaron la ventanilla integrada, en la que usuarios turísticos y comerciantes realizan una sola parada, para el caso de Honduras-Nicaragua.

Aunque aún queda un grupo de aspectos por afinar y finiquitar, no se puede negar que mucho se ha avanzado desde entonces. De hecho, según datos oficiales del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), uno de los progresos más importantes es que se ha avanzado un 94.5 por ciento en cuanto al logro de un arancel externo común, quedando pendientes, en su mayoría, rubros industriales y pecuarios de alta sensibilidad para la región, como el azúcar, por ejemplo.

El proceso final de la Unión Aduanera, que llevan adelante cuatro países centroamericanos –con excepción de Costa Rica—busca que la totalidad de los productos –el ciento por ciento-- logren armonizarse arancelariamente, explica el Lic. Agenor Herrera Úbeda, Director de Integración Económica Centroamericana del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (MIFIC). Dentro del grupo de artículos que no ha sido armonizado, destacan los lácteos, avícolas, granos básicos, vehículos, productos de metal-mecánica, medicamentos, entre otros.

La explicación para ello, según Herrera, es que estos productos representan un “alto nivel de sensibilidad” dentro de cada país de la región, tanto por lo que representan para productores o consumidores, por el peso que tienen en las economías locales, o bien, por los compromisos internacionales que se adquirieron ante la Organización Mundial del Comercio.
“Sin embargo, existe la plena decisión de los presidentes de avanzar en este año en la armonización de esos rubros industriales y agropecuarios, y los Viceministros (de Economía) tienen como tarea fundamental sacar esto en el presente año”, señaló el Lic. Herrera.

“Igualmente, se pretende alcanzar un arancel interno común, el cual serviría para proteger la producción centroamericana y en eso se avanzó bastante en la zona de libre comercio”, añadió.
Afirmó que la zona de libre comercio trata que todos los productos originarios, o sea que sean fabricados en la región, puedan comercializarse sin trabas en el área centroamericana, exceptuándose seis productos --café, azúcar, alcohol etílico, bebidas alcohólicas destiladas, café molido y derivados del petróleo--. En general, deben llevan la leyenda "Producto centroamericano, hecho en…" (indicando el país correspondiente) y cumplir con unas reglas de origen que se establecen en los respectivos reglamentos.

“Además, la Unión Aduanera contempla la creación de un servicio aduanero común con pautas y normas uniformes en Centroamérica”, aseguró el funcionario público.

Las prioridades



“Básicamente lo prioritario es la parte institucional, una serie de instrumentos y reglamentos, también el anexo A del Tratado General y la armonización arancelaria”, enfatizó Herrera.
Pero existen otros factores que no se pueden dejar por fuera. Los ojos de los funcionarios a cargo, durante el corriente año, también deberán posarse sobre la armonización arancelaria y la liberalización de productos originarios en Centroamérica, con excepción del café y el azúcar –fundamentalmente el último-- que serían para mediano plazo, debido a su sensibilidad.

Herrera manifestó que el Foro de Ministros de Integración Económica Centroamericana (Comieco), solicitó a la Federación de Cámaras de la Industria Privada, que les hicieran llegan una propuesta de armonización arancelaria de estos productos, “y creo que en los próximos meses estaremos recibiendo una propuesta de estos sectores y cómo se van a armonizar los productos agrícolas, lácteos, los granos básicos, las carnes, embutidos, los textiles, los productos de la metalmecánica y todos los rubros que estén pendientes y que tengan un igual arancel en ese 5.5 por ciento más o menos”.

“Liberalizándose los productos a nivel centroamericano ya veremos qué pasa hacia terceros, tendríamos que pensar en armonizar los aranceles de esos rubros que a nivel centroamericano se conocen como los que permanecen en el Anexo A del Tratado General”, dijo Herrera.

El Anexo A no es más que un listado de productos que aún siendo originarios no gozan de libre comercio en la región, y por lo tanto, deben pagar arancel. Un ejemplo claro es el azúcar, rubro que debe pagar un impuesto del 55 por ciento, ya sea que venga de dentro o fuera de la región centroamericana.

Competitividad es clave



Por otra parte, según el funcionario del MIFIC, este año también se trabajará en la competitividad, debido a que la mano de obra debe estar calificada en todos los aspectos y niveles. Recordó que Nicaragua cuenta con grandes conglomerados que gozan de grandes ventajas comparativas “y muy por aparte, está el turismo que va para arriba”.

Herrera declaró que todas los elementos del proceso de unificación son importantes y para ello utilizó la analogía de un automóvil, en el cual no sólo el funcionamiento del motor es indispensable, puesto que “si la llanta está mala, el carro no avanza”.

En ese sentido, explicó que el sistema aduanero podría ser disfuncional si los agentes no tienen voluntad para atender bien a los usuarios; o bien, las computadoras instaladas en El Guasaule no pueden enviar la información o si falla la energía eléctrica.

Igual importancia tiene mantener una buena infraestructura y buen servicio de transporte, el cual debe alcanzar los niveles del resto de competidores centroamericanos.
Además reconoció que uno de los cuellos de botella que tiene Nicaragua es que casi todos los productos que van a Estados Unidos salen por Puerto Cortés (Honduras) porque el país no cuenta con un puerto grande en el Atlántico. Incluso, sugirió que este tema debería ser tomado en cuenta por los candidatos de la próxima ronda electoral, a fin de no seguir dependiendo de los puertos vecinos.

Punto de vista de agentes aduaneros



Por su parte, Efrén Mogollón Montes, presidente de la Cámara de agentes aduaneros y embarcadores de Nicaragua (Cadaen), reconoce que ciertamente, a lo largo de los últimos años ha habido un avance acelerado en el proceso de integración centroamericana.

“Los costos se han disminuido y todos han salido ganando en este sentido”, indica. Los transportistas pasan menos tiempo en la frontera, al tener menos documentación los agentes aduaneros pueden atender más clientes en menos tiempo, el importador tiene menos trabas para inscribirse. La preparación de la documentación es igual, pero el trámite en la aduana es más corto.

Sin embargo, señala que el proceso de facilitación de tránsito de mercancías “no es la unión aduanera en sí, porque algunas condiciones que en teoría se tienen que cumplir”. Es decir, aun tratándose de un proceso de “facilitación”, se enfrentan algunas dificultades, resaltando la ausencia del debido respaldo jurídico, a juicio de Mogollón, quien asegura que “muchas veces hay una decisión política de simplificar, pero hasta después se escribe cómo se va a desarrollar eso”.

“La legislación en Centroamérica no está completamente armonizada, (existen) impuestos diferentes para una serie de productos, pese a que la Unión Aduanera supone un arancel externo común”, dice.
Y aunque se cuentan avances en lo que a valoración de mercancía se refiere, puesto que están vigentes el Código Aduanero Uniforme Centroamericano y su Reglamento --Cauca y Recauca, respectivamente--, “éstos tienen deficiencias porque en 32 de sus artículos nos remite hacia lo que diga la legislación nacional. Eso dificulta puesto que la mercancía, para tramitarse, en una país es una forma y en otro país es otra forma”, insiste el líder de la Cadaen.

Perspectiva de transportistas



Algo similar opina José Francisco Guerra Cabrera, presidente de la Federación de Transportistas de Carga de Nicaragua (Fecatranic). Asegura que los transportistas sienten que ahora existe “facilitación aduanera” debido a que es más fácil cruzar la frontera, pero “tengo entendido que la Unión aduanera es homologar las leyes de tránsito y migratorias, así como de aduanas que actualmente son muy disparejas. Allí no veo cuándo exista unión aduanera”.

Mogollón va un poco más allá, al asegurar que Centroamérica tampoco logra ponerse de acuerdo en lo que a tecnología se refiere. Según refiere, no existe comunicación fluida entre una aduana y otra, debido a que los sistemas aduaneros que cada una utiliza, son disímiles.

“La advertencia es que este sistema que se va a implementar en Nicaragua dentro de un año o año y medio, sea compatible con el resto de Centroamérica para que la información pueda ser distribuida. Hasta el momento no lo es”.Para él, hasta el momento habría que separar dos cosas. Por lado queda la facilitación, la cual califica de “muy buena, el gobierno puede andar por el 8, (en calificación) del 1-10”. Por otra parte queda el aspecto legal, el cual, a juicio de Mogollón, no ha avanzado con la rapidez los hechos requieren.

De cal y de arena



Pero no todo es color de hormiga. Tanto José Francisco Guerra como Efrén Mogollón, reconocen que en este esfuerzo de unificación aduanera hay trazos de diversos colores. Por ejemplo, Guerra asegura que al crearse un Código único del transportista se ejerce mayor control sobre las unidades que andan circulando. “Hoy por hoy llegamos a la frontera, y un camión está 15-10 minutos allí, por lo menos en Nicaragua, y seguimos caminando porque la idea es que el vehículo no se pare: caminó, descargó y ya busca otro viaje”. Antes la permanencia en la frontera podía ser de entre dos horas y tres días.

También en Nicaragua se han instalado los Infocentros, con orientación de la Dirección General de Aduanas. Estos se ubican en los predios situados a la orilla de la frontera y al camionero se le hace despacho en la oficina, para luego enviar la información hacia Centroamérica, vía electrónica, se le pone el marchamo de seguridad al camión y el conductor ya va con pase libre.

Pero no todo es perfecto. Al lado de El Guasaule es donde se tiene más deficiencia con la energía eléctrica. “Estamos montando un sistema que tiene un costo aproximado de 4,500 dólares. Se van a poner unos convertidores y unas baterías para darle por lo menos de 4-5 horas de respaldo a las computadoras mientras regresa la energía. Pero también hemos comprado plantas eléctricas por si se bajan las baterías”, asegura Guerra.

Otra buena noticia es que ya están autorizados para despachar camiones desde Managua, que vayan directo hacia Guatemala o hacia Panamá.

Una más: hasta el momento en El Guasaule, El Espino y Las Manos están trabajando las 24 horas. Aunque a veces los funcionarios se tardan un par de horas para cenar, retrasando el paso nocturno de los camiones.

Por su parte, Efrén Mogollón no está contento con este brevísimo retén fronterizo y asegura que los funcionarios “han escondido las fronteras” porque si una mercancía que viene de Honduras con destino hacia Nicaragua no tiene la documentación lista en la frontera, el vehículo es remitido hacia Managua para que allí finalice la realización de sus trámites.

El problema, indica el presidente de Cadaen, es que en la capital tardará 2 ó 3 días en ser despachado, “entonces no están facilitando nada”. Antes, cuando el agente tenía dudas sobre el contenido del contenedor, podía revisar y contar mercadería en la frontera. La no permanencia de más de 15 minutos en el puesto fronterizo incrementa los costos al importador –y por ende al consumidor—porque por ejemplo, si el camión llega la tarde de un sábado a la frontera, al ser despachado hacia Managua se debe buscar un almacén fiscal de depósito, pagar una cuadrilla para que baje y suba la mercadería. Esto significa unos 50 dólares más por contenedor, “si la despachás el mismo día”; y amén de correr el riesgo de que la mercancía sufra daños por mal manejo.

“Si me permiten tener tres horas en la frontera, me despacho y el mismo sábado le puede llegar el contenedor al importador”, asegura.

Otros ‘pegones’ que señala Mogollón son el no tener claro de a quién se le pagarán los impuestos, porque deberán entregarse al pisar el primer puesto fronterizo; o, peor aún, tener que buscar una garantía si no se paga al pisar la frontera.

Explicó que muchas mercancías vienen con cartas de crédito y el banco las libera una vez que se le paga. Pero con la nueva propuesta, los impuestos no podrían pagarse en la frontera debido a la deuda con la casa financiera, misma que tendría que pagar la garantía, cobrándole más a su deudor.
Agregó que los agentes aduaneros deberán incrementar su nivel profesional y ampliar la gama de servicios, lo cual está muy bien. Pero, quedan en desventaja con relación a sus colegas centroamericanos debido a que la legislación nicaragüense permite que cualquiera venga a laborar aquí, con tal que se conforme una agencia aduanera jurídica.

Es decir, que tres ó cuatro personas formen una sociedad y cuenten con los servicios de un agente aduanero natural. Así pueden trabajar como persona jurídica. Pero, en Honduras, por ejemplo, la legislación exige haber nacido en ese país para poder desempeñarse como agente aduanero.
Por último, Mogollón señaló la brecha que se abrió de cara a la posible comisión de defraudación y contrabando. Recordó que la mercancía que entra de Honduras hacia Nicaragua no se detiene en el puesto fronterizo hondureño, porque la carga se revisa en una sola aduana, ubicada en el territorio nicaragüense.

Si estando en suelo nacional se descubre la salida de mercancía prohibida por la legislación catracha, “tenés una violación a la ley hondureña no a la ley nicaragüense y como estás en territorio nica, tendría que juzgarte la ley nica, pero en este país no quebrantaste ninguna ley”.

Los antecedentes



“Yo le voy a ser franco. Tengo de andar en las carreteras de Centroamérica desde 1958. Desde esa fecha yo estoy oyendo hablar de Unión aduanera y aún no hemos llegado a eso y espero no morirme y verla”.

Con esta frase del líder transportista, José Francisco Guerra, podría resumirse cuán largo ha sido el proceso de integración en la región centroamericana, el cual se espera finalice proporcionando grandes benéficos para los ciudadanos.

Agenor Herrera, del MIFIC, explica que el proceso de Unión Aduanera Centroamericana es la segunda etapa “de este proceso de integración que ha venido impulsando la región desde 1960 y desde años anteriores con tratados que le antecedieron al Tratado General de Integración Económica Centroamericana”.

A su entender, el proceso de integración contempla varias fases que pueden variar según la región donde se implemente y que en la nuestra incluye una zona de libre comercio, una unión aduanera, un mercado común, una unión monetaria y económica y una unión política.
Y, aunque en el protocolo al Tratado General de Integración Económica –también conocido como Protocolo de Guatemala—se ha trabajado arduamente diversos aspectos, aún no se logra pasar de la primera etapa, es decir, la zona de libre comercio. Pero, “estamos en proceso, impulsando la segunda etapa que es la unión aduanera”, asegura Herrera.

“A través de estos 46 años se ha avanzado en algunos aspectos, pero es hasta el año 2004 que los presidentes de Centroamérica toman con mayor optimismo y decisión política firme, impulsar ese proceso de unión aduanera que abarcaba una serie de aspectos, buscando el principio básico que es lograr la libre movilidad de los bienes originarios y no originarios, así como también los servicios ligados al comercio”, concluyó Herrera.


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