16 de November de 2009 - Managua, Nicaragua


FotoAlejandra Mora

Inseguridad alimentaria está latente en 59 municipios del país
• Se acerca el 2010 y el mundo lo recibirá con 105 millones de hambrientos más, alcanzando la cifra total de 1.020 millones de personas con hambre, cifra que representa casi una sexta parte de la humanidad. En Nicaragua, según Informe de Desarrollo Humano 2009, casi la mitad de la población (47,6%) está en el umbral de la pobreza de acuerdo a sus ingresos, ya que viven con menos de US$2.05 al día.


En Nicaragua los hábitos alimentarios son tendenciosos a la desnutrición. En total, el patrón alimentario de la población nicaragüense provee 1.598 Kilocalorías y 41.3 gramos de proteínas, muy por debajo de la norma establecida en la Canasta Básica Alimentaria, que es de 2.455 Kilocalorías y 62 gramos de proteínas totales.

Las estimaciones de la ONU indican que al menos uno de cada cinco niños nicaragüenses está desnutrido, especialmente en los hogares más pobres . Por su parte, la IV Encuesta de Consumo de Alimentos de Nicaragua, realizada en el 2004, indicó que alrededor del 75% de los hogares encuestados no alcanzó un nivel de disponibilidad energética suficiente y; que el 50% de los hogares se encontraba en niveles deficiente y crítico, lo que significa que apenas contaban con 89% o menos del requerimiento energético recomendado.

Seguridad alimentaria en tiempos de sequía



Los expertos prevén que debido a las afectaciones del fenómeno de El Niño, habrá más hambre en Nicaragua. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la inseguridad alimentaria y nutricional ya alcanza a 59 municipios en el Pacífico y Centro, además de todos los municipios de las Regiones Autónomas que se encuentran en situación de “extrema” y “muy alta” vulnerabilidad.

En ese listado de municipios se encuentran las zonas más afectadas por la sequía actual, la que comprende un vasto territorio nacional, ya que abarca el norte de Chinandega, norte y sureste de Estelí, Nueva Segovia, el filo de la Costa Caribe, Chontales, Boaco, Managua.

Según el presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), Álvaro Fiallos, en caso de incrementarse las afectaciones por El Niño, el gobierno debe formular e implementar un plan de emergencia para el suministro de alimentos, pero todavía hay muchas incógnitas para decir si la sequía va a provocar o no hambre.

Según el experto en Seguridad Alimentaria, Cirilo Otero, la sequía tendrá efectos negativos en la producción, así como en el ingreso de divisas generado por las exportaciones. Indicó que ya el gobierno debería de haber convocado desde hace unos meses a los distintos sectores, principalmente a los productores agropecuarios del país, para tomar medidas y hacerle frente a la situación de sequía. Pero mientras el fenómeno El Niño continúa desarrollándose, Nicaragua enfrenta indefensa, una posible crisis alimenticia.

Cuadro 1

Para medir la Seguridad Alimentaria

Los principales factores que miden la disponibilidad de alimentos de un determinado país son:

• La estructura productiva (agropecuaria, agroindustrial)
• Los sistemas de comercialización y distribución internos y externos;
• Los factores productivos (tierra, crédito, agua, tecnología, recursos humanos)
• Las condiciones ecosistémicas (clima, recursos genéticos y biodiversidad);
• Las políticas de producción y comercio; y
• La situación sociopolítica.


Sin organizarse instancia rectora



Según Otero, lo más preocupante para Nicaragua, con respecto a Seguridad Alimentaria, es la ausencia de políticas públicas que logren impulsarla, y aunque existan algunas leyes y programas relacionados, su nivel de cumplimiento no es eficiente ni de mayor impacto.

El 16 de julio del año en curso fue publicada la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, que tiene por objeto, “garantizar el derecho de todas y todos los nicaragüenses de contar con los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos acordes a las necesidades vitales; que estos sean accesibles física, económica, social y culturalmente de forma oportuna y permanente, asegurando la disponibilidad, estabilidad y suficiencia de los mismos a través del desarrollo y rectoría por parte del Estado, de políticas públicas vinculadas a la soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, para su implementación”.

La ejecución de dicha Ley está en manos de la Comisión Nacional de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASSA), que a la fecha no ha sido creada, mientras el país se ve amenazado por un posible empeoramiento de la crisis alimentaria, como consecuencia de las sequías provocadas por el fenómeno El Niño, que ha afectado gran parte del territorio nacional.

Por otro lado, la vulnerabilidad del país ante las condiciones ambientales, desastres naturales y la crisis mundial del abastecimiento y los precios de los alimentos, ha repercutido en el crecimiento de la inseguridad alimentaria.

De acuerdo a la Encuesta Nacional del Nivel de Vida, realizada en 2005 por el antiguo Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (hoy INIDE), en la familia rural, el 56% de los ingresos van dirigidos a la provisión de alimentos, este porcentaje se incrementa en la medida que aumenta el nivel de pobreza, llegando hasta el 64% del ingreso total. Estos resultados muestran el nivel de inversión que requieren las familias pobres para su alimentación en función de sus ingresos. Por lo tanto, en la medida que se encarecen los precios de los alimentos, el nivel de acceso es más limitado, agudizando el hambre y la pobreza en el país.

Según Otero otra de las principales dificultades es la falta de consenso entre los principales actores: el gobierno, los productores, consumidores y la cooperación internacional, el mejor ejemplo de esto es que a la fecha, no se ha podido realizar un diálogo social y político de Seguridad Alimentaria en Nicaragua.

Cuadro 2

El reto de la pobreza y el hambre

Los esfuerzos mundiales para reducir el flagelo del hambre han sido insuficientes. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) establecen varias metas relacionadas a la pobreza, entre éstas, reducir a la mitad el número de personas que padecen de hambre y, también, reducir a la mitad el número de personas que viven con menos de US$1 por día.

Sin embargo, pese que estamos a seis años del año meta de los ODM (2015), hay 160 millones más de personas hambrientas que en la década de los 90. Según la definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un país goza de seguridad alimentaria cuando todos sus habitantes tienen en todo momento acceso físico, social y económico a los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa.

En el caso de Nicaragua, si bien el nivel de desnutrición ha disminuido casi a la mitad desde los años 90, existe el temor justificado de que esos indicadores suban nuevamente, como resultado de las diferentes crisis del país, las bases de la seguridad alimentaria han comenzado a tambalearse.

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