24 de abril de 2006 - Managua, Nicaragua


FotoSonia Agurto

La noche anterior a escribir este artículo me dormí pensando sobre el porqué las mujeres tenemos que hacer tanto esfuerzo para demostrar que somos más que “un montón de gente”, que somos algo más que el 52% de la población de nuestro país.

Las mujeres tenemos día a día que estar demostrando con frases, slogan, discursos y estadísticas, que hace mucho tiempo dejamos de ser solamente “amas de casa’. Si bien es cierto, las mujeres realizamos el 80% de las tareas domésticas en nuestros hogares y hacemos trabajo voluntario en nuestras comunidades y barrios, con el propósito de que lleguen proyectos de agua potable, electricidad, alimentos, vacunas, escuelas con maestros, etc. Además, somos importantes en la generación de riqueza en nuestro país.

El trabajo doméstico y el comunitario es solamente un esfuerzo complementario al trabajo principal que nos ocupa, como es el de generar ingresos para mantener a nuestras familias, cuando somos solas, o para complementar ingresos cuando tenemos cónyuge.

De hecho, tenemos la responsabilidad de la jefatura en el 37% de los hogares de nuestro país. Además constituimos el 45% de la población económicamente activa, trabajamos en un 78% en el sector informal en pequeñas y medianas empresas familiares o fincas y; el 22% laboramos en el sector formal.
En el sector informal realizamos todo tipo de actividades para poder sobrevivir, a esta situación ahora elegantemente se le conoce como “flexibilización laboral”, es decir, en una era donde los trabajos dejaron de ser “para toda la vida”, las mujeres tenemos que batallar realizando trabajos diversos y temporales, éste es el caso de Carmen Rocha Lorente.

La historia de Carmen



Carmen, originaria de Estelí, es una mujer de 45 años con tres hijos, Eduardo José, José Luis y Carmen Julissa, de 23, 21 y 17 años, respectivamente. Carmen ha trabajado mucho para mantener a sus hijos, ya que su esposo “se fue hace muchos años a trabajar a los Estados Unidos y se olvidó de su mujer, de sus hijos, se olvidó de todo”, recuerda.

Carmen es bachillera, secretaria y con 3 años de estudios universitarios, los que no pudo completar debido a su situación de económica. Recuerda que para inicios de los noventa, tenía tres empleos para poder mantener a sus hijos. Por la mañana impartía clases en una escuela primaria, por la tarde daba clases a domicilio y; por la noche trabajaba en un instituto, impartiendo clases de español.
Los días sábados iba a la universidad, “pero ese ritmo de vida no lo podía aguantar, porque los gastos eran más grandes que los ingresos y, por eso decidí en 1994 irme a Costa Rica a buscar un mejor empleo y sacar a mi familia adelante”.

Recuerda que en Costa Rica una amiga la apoyó, “mi primer trabajo fue de dependienta en una tienda; luego me pasé a trabajar en un supermercado, pero los gastos de alimentación y alojamiento reducían mi salario, por lo que mi amiga me buscó un trabajo de doméstica y me arregló un salario de U0, con el compromiso que además de los oficios de la casa, les iba a ayudar a los 4 niños de mi patrón en sus tareas escolares. En este trabajo dormía y me daban mi comida, así es como podía enviar todo el dinero para mis hijos. Tenía que enviar dinero a Estelí donde dejé a mis dos hijos menores y a Managua, dejé a mi hijo mayor, esta situación no me permitía ahorrar”.

Regresó a Nicaragua en 1996 y desde ese entonces trabaja en lo que salga. Por lo general trabaja dos meses al año como encuestadora y el resto del año vende ropa y calzado que compra en el Oriental; productos Avon por catálogo; y en su casa vende hielo, helados, refrescos, gaseosas, cuajada y crema. Además trabaja de maestra sustituta, cuando le solicitan ese servicio.

El caso de Carmen es el ejemplo de miles de mujeres nicaragüenses que no tienen un “trabajo para toda la vida”, que no tienen treceavo mes, ni vacaciones, ni seguridad social, y tampoco tendrá el derecho a una jubilación. Al respecto Carmen suspira y dice “espero que alguno de mis hijos me ayude en mi vejez, así como mis hermanas y yo ayudamos a mi mamá, que trabajó de doméstica para darnos educación, porque no quería que nosotras repitiéramos su historia laboral”.

La otra cara de la moneda



Por otro lado, las cifras de FIDEG revelan que el 22% de mujeres trabajamos en el sector formal y tenemos un mayor nivel educativo que los hombres que laboran en este mismo sector, pero generalmente desempeñamos cargos que no se corresponden con nuestro nivel de instrucción.
Dentro del sector formal trabajamos en empresas de las zonas francas, del sector financiero y de servicios en general, industrial, comercial y agropecuario, tanto de la empresa privada como del Estado.
Sin embargo, hay un reducido grupo de mujeres que ha logrado ubicarse dentro del mercado laboral formal en empleos que llenan sus expectativas educativas y salariales, no obstante, para ello han tenido que hacer grandes recorridos laborales, éste es el caso de Irene Blandón Salmerón, contadora pública de 49 años, que desempeña el cargo de contralora de la empresa de Tabacos Puros de Nicaragua, teniendo ella el cargo más alto después del presidente de dicha empresa.

Foto
Irene nació en un pueblo del Norte, San Isidro, Matagalpa. Huérfana de madre, fue criada por su abuelita y rodeada de una gran familia, “éramos más de 20 primos. Yo siempre pensé que cuando me bachillerara, tenía que salir de ahí, ya que en el pueblo solamente habían escuelas para estudiar carreras técnica y mis aspiraciones era tener una carrera universitaria”.

De esta manera, cuando Irene se bachilleró, se trasladó a Managua y comenzó su vida universitaria y laboral. Recuerda que su primer trabajo fue “en una fábrica donde se ensamblaban radios y grabadoras y yo era la responsable de vigilar la fase final del ensamblaje. Luego me ofrecieron en la misma fábrica que supervisara por dos meses la entrada de las importaciones para el ensamblaje, ahí trabajé mucho y por largas jornadas, hasta finalizar la entrada de todo el material”. Luego me promovieron a las oficinas como auxiliar, que significaba ayudar en la contabilidad, estadística y grabación de datos.

Cuando se inician los años ochenta, Irene ve la oportunidad de insertarse en trabajos más relacionados con sus estudios y solicita trabajo en el Instituto Nicaragüense de Turismo, donde desempeña el cargo de analista de presupuesto.

Para ese tiempo “ya me había casado y tenía mi primer hijo, César José. Entonces, tenía tres responsabilidades: mi familia, mi trabajo y mis estudios, fueron tiempos duros donde solamente dormía cuatro horas, ya que mi día iniciaba a las 4 am para dejar realizadas las tareas domésticas y dejar a mi hijo en el preescolar, luego al trabajo y en la noche a la universidad, y llegaba a mi casa como a las 10:30 de la noche, porque el bus se tardaba mucho. Los sábados y domingos iba a la universidad a círculos de estudio. Me recibí en 1986 porque la carrera era de seis años y me retracé dos años por la guerra de finales de los setenta. Luego saqué un post grado en gerencia de exportaciones y cursos en el INCAE sobre alta gerencia, presupuesto y finanzas”.

Irene logró ubicarse en un ministerio como responsable de presupuesto, pasando luego como directora financiera y administrativa de la Corporación de Empresas de Comercio. Para finales de los ochenta, Irene ya es vice gerente general de una empresa de exportación de productos tradicionales, inserciones laborales que se correspondía con sus estudios académicos, “siento que en los años ochenta tuve la oportunidad de desarrollarme laboralmente y académicamente”.

En los años noventa Irene se insertó al mercado laboral en la empresa privada, primero en una empresa de cable por televisión y luego a la empresa de Tabacos Puros de Nicaragua, donde lleva aproximadamente 12 años de ardua labor. Actualmente desempeña el puesto de contralora de la empresa, lo que significa que es la responsable de las finanzas de una empresa líder en su ramo y con una alta presencia en los mercados europeos, latinoamericanos y en los Estados Unidos.

Irene afirma que se siente plenamente realizada como profesional, “pero para llegar a mi situación actual tuve que enfrentar barreras culturales. Las personas creen que las mujeres no podemos desempeñar algunas funciones que solamente han sido de hombres, como es dar órdenes, tomar decisiones. Estas barreras las derribé, implementando una nueva forma de dirigir y fue la de estimular y explicar a las personas la importancias de las tareas que les estaba mandando a realizar, no fui confrontativa, sino que los estimulé y les expliqué sobre la importancia de su trabajo para la empresa”.
Considera que otra barrera fue a nivel familiar, “a mi esposo le costó aceptar el tiempo que yo le dedicaba a mi trabajo y a mis estudios. Con mis hijos no tuve problemas porque el poco tiempo que les daba era de calidad, les daba lo mejor de mi y resultó, ahora son profesionales, César José y Marcela son ingenieros en sistemas y Paola es ingeniera industrial”.

De cara al Día Internacional de la Mujer



El ejemplo de Carmen y de Irene son una pequeña muestra de lo que hacemos las mujeres por nuestras familias y por nuestro país. Lo bueno de todo esto, es que ya hay indicios de que las mujeres estamos despertando del letargo en que hemos estado. La incursión masiva de las mujeres a escuelas primarias, secundarias, técnicas y universitarias son una prueba de ello.

Nicaragua tiene un potencial extraordinario de fuerza laboral femenina capacitada, pero seguimos siendo invisibles, solamente se nos ve como fuerza en “edad de votar”, para llevar a los hombres a la Presidencia y a la Asamblea Nacional, ó para mostrarnos como cajeras, vendiendo celulares, o atendiendo al cliente, para lo cual además de un alto nivel educativo, nos exigen tener una excelente presentación.

Nicaragua solamente saldrá adelante cuando los hombres y las pocas mujeres que están dirigiendo el país, acepten que si un ave necesita para volar sus dos alas en buenas condiciones, Nicaragua necesita a hombres y mujeres capacitados para salir de este letargo económico en que ha estado el país en las últimas décadas.

En el día Internacional de la Mujer, FIDEG quiere compartir con las y los lectores de esta revista, los datos siguientes:



Las mujeres somos el 52% de la población nicaragüense; pero además somos:

1. El 37% de las jefas de los hogares.
2. El 45% de la población económicamente activa.
3. El 78% trabaja en el sector informal, ocupando mayormente sus casas como centros de trabajo y de esta manera poder combinar en el mismo lugar físico, las actividades domésticas con la generación de ingresos.
4. El 37% ha logrado generar su propio empleo, el 35% trabaja como asalariada y el 27% ayuda en los negocios o fincas familiares. El 1.5% tiene negocios que generan empleo.
5. De las que trabajan como asalariadas, el 68% lo hace en el sector servicios, el 15% en zonas francas, el 8% en la industria, el 5% en el sector agropecuario y el 4% en el sector comercio.
6. El ingreso promedio mensual que recibe es de C,684 córdobas, el que está un 36.4% por debajo del ingreso promedio que reciben los hombres.
7. Es propietaria del 13% de la tierra titulada.
8. En las zonas urbanas representa el 55% de la cartera de clientes de crédito en microfinancieras, pero solamente recibe el 38% del total de los montos de crédito que se distribuyen.
9. En las zonas rurales representa el 52% de la cartera de clientes de crédito en microfinancieras, pero solamente recibe el 21% del total de los montos de crédito que se distribuyen.


Se puede decir con propiedad, que a pesar de la flexibilización del mercado laboral y de la discriminación salarial y ocupacional que enfrentamos las mujeres, tenemos el reto de seguir defendiendo el derecho a la igualdad que nos confiere la Constitución Política y tenemos que pensar como lo menciona el Movimiento Maria Elena Cuadra “Empleo sí, pero con dignidad”; como lo menciona el CENIDH “Derecho que no se defiende, es derecho que se pierde”; o como lo ha propagado FIDEG “La esperanza tiene nombre de Mujer”.


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