8 de junio de 2007 - Managua, Nicaragua
Nicaragua y el FMI: Un nuevo acuerdo y un nuevo paradigma

Este pasado 10 de Mayo, el gobierno finalizo la primera ronda de negociaciones con la misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI). Si bien, ya no existe la incertidumbre del carácter y del tono que tendrán las negociaciones, todavía están en el aire los términos específicos de lo que será el primer acuerdo económico del nuevo gobierno.

En esta edición de El Observador Económico, se explora el contexto actual en el que se están llevando acabo estas negociaciones y el estado de las mismas. Trataremos de pronosticar los posibles términos de este primer acuerdo y sondearemos las perspectivas que nos presenta el futuro para las relaciones entre Nicaragua y el FMI.

Recuerdos de una vieja relación



Las relaciones de Nicaragua con el FMI no son nuevas. Nicaragua se unió formalmente al FMI el 14 de Marzo de 1946 sin embargo no fue sino hasta la década de los noventa que el país solicito asistencia financiera. Irónicamente las primeras negociaciones se dieron tras la derrota del gobierno sandinista en 1990. Desde entonces, el FMI ha proporcionado asistencia a Nicaragua en cuatro ocasiones, durante el programa Stand-By de 1991, el programa ESAF (Enhanced Structural Adjustment Facility) de 1994, y los programas PRGF (Poverty Reduction and Growth Facility) de 1998 y 2002. Este sería el comienzo de una relación difícil entre el país y el organismo que se repetiría tres veces más.

Durante estas tres ocasiones los gobiernos de turno han tenido que cumplir con fuertes reformas estructurales para satisfacer las condicionalidades del Fondo y poder acceder a los préstamos para cubrir el déficit fiscal. Todos estos acuerdos han estado acompañados por fuertes protestas sociales y conflictos institucionales en el país que han sido un verdadero reto para los gobernantes.

Estas reformas han incluido privatizaciones de bancos y empresas productivas, cambios al marco legal y regulatorio del país, asignaciones específicas para ciertos rubros en el presupuesto general de la republica y fuertes reducciones del gasto público. Todo esto con el objetivo de mantener una estable macroeconomía bajo la creencia de que esta traería, por si misma, generación de riqueza y por ende el desarrollo económico al país.

El Frente Sandinista, que se ha perfilado como un partido de izquierda, siempre se ha opuesto a estos acuerdos y a las reformas de ellos resultantes. Es justamente esta expresa oposición del ahora partido gobernante, lo que ha causado tanta incertidumbre con respecto a las futuras relaciones con el organismo.

La propuesta del gobierno



Lo nuevo de estas negociaciones es justamente el hecho de que esta vez el gobierno hizo una propuesta de programa antes de siquiera convocar al FMI a reunión. Sin embargo, el contenido de este programa aun esta en debate y a menos de que el Fondo Monetario lo acepte con poca o sin ninguna modificación, no podrá ser considerado un éxito.

Según establece este programa, los acuerdos anteriores del FMI si bien han proporcionado estabilidad y un crecimiento económico modesto, no han contado con una estrategia de desarrollo a largo plazo ni han contribuido a la reducción de la pobreza.

Por lo tanto, la prioridad de este programa es el área social al contrario de la macroeconómica de los programas pasados. A su vez, este programa incorpora indicadores sociales e incluye aspectos del desarrollo de la costa caribe del país. Una región que había sido abandonada en los programas anteriores.

De igual manera este programa incluye una agenda complementaria donde se espera realizar reformas institucionales para mejorar la estructura económica del país. Por lo general el gasto público estará orientado a la reducción de la pobreza y el enfoque de la obtención de recursos será productivo y no asistencial.

Para llevar acabo este programa el gobierno se propone un calendario de acciones concretas que le permitirán ejecutarlo. Durante 2007 y 2008 el gobierno se plantea alcanzar un consenso político y social sobre los principios de responsabilidad fiscal que regirán la administración pública. En ese mismo periodo se espera preparar e implementar un plan de fortalecimiento del sistema de pensiones y preparar una estrategia de descentralización municipal.

Finalmente entre 2008 y 2009 se planea iniciar el fortalecimiento institucional del Banco Central de Nicaragua (BCN) que le otorgué mayor independencia y le permita mejorar el diseño e implementación de las políticas monetarias, cambiarias y de reservas. Así como también iniciar la preinversión de proyectos para expandir la capacidad de generación de energía y reformar la estructura del sector energético para prevenir futuras crisis.

Obstáculos a la vista



Citando al presidente del Banco Central, Antenor Rosales, “Las negociaciones no son color de rosa” y que “aun queda mucha caña que moler”. Si bien es cierto ha habido más coincidencias que discrepancias en la primera ronda de negociaciones, estas últimas si existen y deberán ser resueltas en la próxima ronda antes de firmar el acuerdo.

Una de las principales discrepancias es la del nivel de reservas que el gobierno debe mantener. Los economistas del FMI abogan porque el nivel de reservas se fije en función de los meses de importaciones que nicaragua necesitare en caso de una crisis. Sin embargo los técnicos del gobierno prefieren que el nivel de las reservas este ligado a la cobertura de la base monetaria. Esta es una de las discusiones más técnicas que se tendrán que afrontar.

Otro de los sectores donde se divisan obstáculos es el de la seguridad social. Luego del intento fallido de llevar acabo una reforma al sistema de pensiones a través de la privatización de la seguridad social, todavía subsisten los problemas de la insostenibilidad del sistema a mediano y largo plazo.

Las reservas del INSS eran de 5 millones 800 mil córdobas y contaba con 965 mil asegurados a finales de 2006. Sin embargo esta proporción que existe entre asegurados y reservas haría insostenible al sistema cerca del año 2023. Por tanto es urgente una reforma al sistema de seguridad social que permita resolver el actual problema que atraviesa este sector. Esta reforma esta dentro de los puntos de discusión entre el gobierno y la misión del FMI.

Finalmente, otro de los retos a los que se enfrentará este gobierno tiene que ver con una futura reforma tributaria. Dado que el objetivo del gobierno es incrementar el gasto público para poder cumplir con sus metas de reducción de la pobreza, será necesario procurarse mayores recursos para afrontar estas obligaciones.

Tanto el FMI como el gobierno concuerdan en la necesidad de esta reforma pero los términos específicos de cómo se llevara acabo pueden no ser los mismos. Por su parte, Antenor Rosales ha afirmado que la reforma que el gobierno impulsará será una en la que los que ganen más paguen más. Y aclara: “No se trata de que los que tengan más paguen más como se ha hecho creer, sino que sean los que ganen más que paguen más”.

Una mirada al futuro



Las negociaciones con el fondo serán reanudadas el próximo 11 de Junio cuando una delegación nicaragüense visite la sede del FMI en Washington. Si todo sale bien, se tendrá ya los suficientes elementos para poder firmar una nueva carta de intenciones y acordar un memorando técnico de entendimiento. Las condicionalidades que ahí se expresen y la cantidad de fondos que se acuerde desembolsar dependerán en gran medida de cómo se llegue al consenso sobre las discrepancias ya mencionadas.

Se espera que el acuerdo se mantenga vigente durante el periodo 2007-2009. Y a través de él se desembolsen recursos por el orden de los US$ 150 millones de dólares. Si todas las metas se cumplen y si no hay choques externos que golpeen la economía nacional este podría ser un programa exitoso tal como lo fue el pasado donde el gobierno logró cumplir con todas las 11 metas que se esperaba que alcanzara.

Sin embargo, si los planes del presidente Ortega resultan, es posible que no veamos un acuerdo para el periodo 2010-2011. Uno de los temas resaltados por los analistas económicos es el de la independencia del FMI. Luego de que varios países latinoamericanos que habían tenido problemas con el Fondo alcanzaron su independencia tales como Argentina, Brasil y Bolivia, las ilusiones se transformaron en esperanzas concretas para los países pequeños como Nicaragua.

En nuestro caso, el presidente Ortega espera dejar de depender del FMI en unos cinco años gracias a los programas autóctonos que planea impulsar y a la ayuda de la cooperación venezolana a través de acuerdos comerciales como el Alba y alianzas estratégicas en la industria de los hidrocarburos.

Sin embargo, analistas independientes ven difícil esta proeza pues Nicaragua es un país que necesita cerca de US$ 400 millones de dólares al año para cubrir su déficit fiscal. Monto que no será aportado en su totalidad por la cooperación bilateral. A diferencia de Argentina o Brasil, Nicaragua no cuenta con los recursos líquidos para saldar el total de su deuda. Se estima que, si la independencia del Fondo continúa como meta y no se dan choques adversos, esta solo se lograría dentro de unos 10 años o más.

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