27 de septiembre de 2007 - Managua, Nicaragua
"A los nicas nos gusta muy blanco..."

Cuando uno viaja sobre la carretera que conecta a Managua con Tipitapa, no puede dejar de acordarse de la sarcástica frase: “La bolsa plástica, flor nacional”. Esta escena, de basurero tras basurero, se repite en todas las ciudades del país, grandes y pequeñas.

No es que en Nicaragua produzcamos o consumamos más plástico que en otros sitios (de hecho, en Managua consumimos menos de 8 kg de plástico por persona por año frente a 20 kg promedio en Latinoamérica); el problema tiene que ver con el manejo que le damos a los residuos: desde el nivel personal hasta el nivel nacional.

El reciclaje de residuos de metales, vidrio, madera (y más recientemente de plástico y papel) es una actividad antigua. La separación y clasificación de los materiales para su posterior re-utilización, además de ecológica, es una actividad naturalmente económica que tiene sus fundamentos en el ahorro y, por tanto, en la eficiencia.

Aunque a nivel mundial el reciclaje se ha convertido en una industria cada vez más dinámica y lucrativa, en Nicaragua sólo existen indicios de una actividad informal, casi de sobrevivencia en algunos casos y de deficiente funcionamiento en otros. Los ejemplos locales de éxito se limitan a ejercicios en universidades o comunidades pequeñas. Mientras que a nivel público, las experiencias se reducen a infructuosos montajes publicitarios por parte de algunas alcaldías.

En el país ya hay suficiente basura acumulada para durar cientos de generaciones (la bolsa de plástico que tiré a la hora del almuerzo, la recogerá el nieto de mi bisnieto). Lo que hace falta en Nicaragua es implementar los mecanismos que permitan la formalización de las actividades de manejo de residuos y desechos, en donde jueguen un papel fundamental los consumidores-usuarios, las empresas y el sector público. Algunos de estos mecanismos de partida, incorporados en la Política Nacional del MIRES, ya están formulados, pero también están a la espera de su implementación.

En esta edición de El Observador Económico, la número 180, retomamos el tema de las actividades ecológicas, no con enfoque activista, sino con el objetivo de fomentar la discusión de alternativas que además de ser ambientalmente sostenibles, tienen sentido económico, fomentando la innovación, el ahorro, la creación de nuevas fuentes de empleo y nuevos mercados.

Nuestro mensaje es simple. La viabilidad del reciclaje, y de hecho, de cualquier actividad que promueva la eficiencia ecológica (que posteriormente se traduce en eficiencia económica), sólo se logra con la debida coordinación y colaboración de todos, desde la persona que decide separar el plástico, hasta el que lo recoge, la que lo procesa, hasta el que lo vuelve a usar.

PD: “Entre más blanco mejor”



En la producción de la presente edición, quisimos ser consecuentes e imprimir esta revista en papel reciclado, o papel que tuviera algún rasgo ecológico.

La triste realidad es que en Nicaragua, ninguna de las compañías impresoras comercializan o importan papel reciclado o de tipo ecológico, para la impresión comercial de revistas, publicaciones, etc. Excepto la empresa PapelDepott importa papel reciclado en un 40%.

La respuesta fue la misma empresa tras empresa: “A los nicaragüenses les gusta el papel muy blanco, entre más blanco mejor”, por lo que no hay demanda para esos tipos de papel.

Algunos tipos de papel reciclado y otros de tipo ecológico, precisamente por su naturaleza ecológica, no son tan blancos como los producidos a partir de fibras vírgenes. Para producir papel más blanco (y entre más blanco mejor) se utiliza fibra virgen de madera y grandes cantidades de cloro y otros químicos para el blanqueado, además de extensos procesos químicos de lavado y secado.

Estos procesos son altamente contaminantes y costosos, por lo que a diferencia de lo que se cree, gran parte de los papeles reciclados tienen igual o menor precio que el papel virgen, y utilizan menos agua, energía y químicos en el proceso de producción.

Al final, el papel blanco podrá ser más formal y más “limpio”, pero es también más sucio, caro y más costoso para el planeta.

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