24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoPatricia Obregón

Aprovechan madera caída por el huracán Félix

Tras dos días de viaje por tierra y dejando atrás a familias esperanzadas que a su regreso serán portadoras de buenas noticias, un grupo de 25 comunitarios, entre hombres y mujeres del Triángulo Minero, participaron activamente en la Rueda de Negocios para comercialización de madera, celebrada recientemente en Managua por iniciativa del proyecto de Acción Rápida después de Huracán Félix, el cual es promovido por el Instituto para el Desarrollo y la Democracia (IPADE), Nephentes y la Embajada de Dinamarca.

La dinámica de la Rueda de Negocios se rigió bajo los siguientes parámetros: los interesados se presentaban, revisaban las muestras y ofrecían un precio, el cual variaba significativamente en dependencia del lugar donde se encuentre la madera, dado que su extracción y transportación requiere esfuerzos adicionales. La transacción no necesariamente debía realizarse en el acto, ya que una vez hecho el contacto comercial pueden hacerse arreglos posteriores.

Un precio justo





“Venimos a Managua para participar en una Rueda de Negocios”, nos dice muy seguro Alejandro Becker, designado por su comunidad para representarlos en el trato con los interesados en comprar la madera caída como consecuencia del Huracán Félix en septiembre del 2007.

Así como él, sus compañeros deben aprovechar que el recurso (madera dura, semi dura) todavía está sana, ya que desgraciadamente dos años después las especies suaves (de madera) no resistieron los embates del tiempo y se perdieron. A este panorama se le agrega que las comunidades no poseen aserríos ni capital para una extracción masiva del recurso maderable caído.

Procede de Kakamuk-Laya–iguana de agua en lengua miskita- una extensa zona boscosa casi despoblada, propiedad de la comunidad Bambana, ubicada cerca de
Rosita sin acceso a tierras cultivables. La comunidad de casi 300 familias tiene la autorización del INAFOR – lo cual es muy difícil obtener por los retrasos y trámites burocráticos que implica - para extraer y vender nueve mil metros cúbicos de madera caída o controlada en un área de 200 ha. Antes, el gobierno regional había avalado el aprovechamiento de la madera caída por los comunitarios para la reconstrucción de viviendas e infraestructura, así como para la comercialización interna en la RAAN.

Sumergidos en el olvido



La agricultura, la caza y la pesca son las formas tradicionales de subsistir en esta comunidad que históricamente, al igual que el resto de la población de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), ha estado sumergida en el olvido y viviendo en condiciones de extrema pobreza. No obstante, aún en medio de sus penurias albergan ilusiones de mejorar la escuela y la iglesia pero antes deben lograr vender la madera.

Mauro Díaz, un mestizo de Leymus, Puerto Cabezas, también comparte el entusiasmo de Becker. Orgulloso muestra más de una decena de pequeños trozos de madera diferentes entre sí, en las que sobresalen nombres tan singulares como Come Negro, Manga Larga, Nancitón, Santa María, Cedro Macho y Guapinol. Estima que si logran un buen precio, podrán abrir una cuenta de ahorro para construir un pozo comunal para las 56 familias.

En total son 25 especies de madera disponible entre dura y semi duras, que los campesinos lograron trasladar con mucho esfuerzo desde las comunidades de Kuakuil y Leymus en Puerto Cabezas, Kakamuk-Laya y Layasiksa II, ambas en Rosita. Wasakin, una comunidad mayagna de Rosita con casi 300 familias, también tiene su cuota de madera para comercializar.

Moisés Jirón, también de Leymus, cree que el “viaje valió la pena” ya que negociaron sin intermediarios. Está claro que es un mercado exigente ya que los compradores reclaman calidad, pero según experiencias previas “no siempre pagan lo justo y a tiempo”, lo cual obviamente ha propiciado una desconfianza difícil de olvidar.

Anterior a esta primera Rueda de Negocios el procedimiento acostumbrado para la compraventa de la madera era que las comunidades hacían una cesión de derechos y los compradores sacaban la madera en rollo, lo cual mermaba el margen de utilidades de los primeros.

Desarrollando capacidades



Haroll Rodríguez, Ingeniero Forestal y coordinador técnico del Proyecto de Acción Rápida después del Huracán Félix, fue uno de los principales artífices para la consecución de esta primera rueda de negocios, la cual enfatiza no será la última ya que se tiene previsto realizar una similar en el municipio de Rosita.

Refiere Rodríguez que el proyecto Acción Rápida, financiado por DANIDA, Nephentes, tiene como objetivo permitir que la población de cuatro comunidades, dos de Rosita y dos de Puerto Cabezas, saquen provecho económico y social de la madera caída por causa del huracán Félix, a través de acciones específicas en organización, mercadeo y venta, apoyadas por un plan estratégico de desarrollo sostenible de largo plazo. “Queremos crear capacidades para que ellos mismos participen en las actividades de aprovechamiento y comercialización. El proyecto incluye capacitación para el manejo de los recursos financieros provenientes de la comercialización”.

Sin embargo la parte más sensible del proyecto comprende apoyar la elaboración de estrategias a largo plazo incluyendo la formulación y ejecución de planes de ensayos para plantaciones forestales, cultivos agroforestales y manejos de rebrotes para que donde hubo bosque, quede un bosque.

Rica y pobre a la vez



Según el Inventario Nacional Forestal, casi tres cuartas partes de los bosques de Nicaragua se concentran en la Costa Caribe (71,6%), de esta proporción, el 43,4% está en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), el 19,3% en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) y el 8,9% en Río San Juan. Revela el informe que la madera derribada por el huracán Félix en septiembre del 2007, que tiene valor comercial, podría sumar alrededor de 10.7 millones de metros cúbicos, la gran mayoría proveniente de bosques latifoliados afectados de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Entre las conclusiones del Inventario Nacional Forestal se refleja que la guerra, los desastres naturales, conflictos de tenencia de la propiedad, conflictos étnicos y los invasores de fincas propician la inestabilidad de las comunidades rurales.