24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

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FotoAlvaro Porta*

La Evolución del concepto



En 1976 recibió el premio Nobel de Economía Milton Friedman, máximo representante de la Escuela de Chicago y activo defensor del liberalismo económico.

A Friedman aseguraba en un artículo publicado en el New York Times Magazine (1971), que la responsabilidad de las empresas debe limitarse al cumplimiento de las leyes, así como a las regulaciones de la actividad económica y al respeto a las leyes de la libre competencia; sostenía que la empresa no es la responsable de resolver problemas sociales, ya que sus funciones consisten en generar la maximización de los beneficios a los accionistas, respetando las leyes, costumbres y principios éticos.

De manera análoga, en años anteriores T. Leavitt había escrito en la Harvard Business Review que la única función de las empresas es la actividad económica. “El negocio es el negocio” vino a ser el núcleo del pensamiento de este economista.

Friedman le otorgan el Nobel por sus estudios en las esferas de análisis de consumo, historia y teoría de la moneda y por sus demostraciones de la complejidad política de estabilización. Hoy en día resulta evidente que su concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) no fue muy adecuado.

El concepto de RSE ha venido evolucionando. La responsabilidad implica que la empresa es responsable hacia adentro, con sus colaboradores, sus accionistas y hacia afuera con sus clientes, proveedores y ciudadanía en general. Los ciudadanos somos muchos y tenemos distintas opiniones, por ello la empresa debe certificar que es responsable, no basta con decirlo, la afirmación debe ir acompañada de un proceso transparente de rendición de cuentas y de certificación independiente.

Donna Wood, Archie B. Carroll, Peter Drucker, Mark R. Kramer, Michaell Porter han dado importantes aportes y nos traen hasta el concepto actual, en el cual tenemos actualmente sistemas de RSE que se gestionan con indicadores de desempeño universalmente aceptados. Tenemos incluso aprobada y publicada la norma ISO 26 000, sobre RSE.

Los negocios, ¿ya no son negocios? —Lo siguen siendo, pero es evidente que hay un vínculo entre el éxito del negocio y la responsabilidad social con la que se hacen, entre ventaja competitiva y responsabilidad social corporativa, negocios responsables son más sostenibles, crean relaciones de largo plazo con sus clientes, venden más y dan mayor valor agregado a la sociedad.

Si queremos tener éxito como empresa tenemos que organizarnos y producir con una filosofía de responsabilidad de nuestros actos ante la sociedad, como empresa y como gremio, somos parte de ella, le cumplimos a la sociedad, le cumplimos a Nicaragua.

Sin embargo, a pesar de tener empresas responsables, la gravedad de los problemas nos obliga a la siguiente pregunta: ¿es suficiente? Reflexionemos en tres aspectos que nos amenazan de forma global: cambios climáticos, crisis económica mundial y problemas de seguridad ciudadana. Es obvio, que ser responsable es solo parte de la solución, pero no toda. Necesitamos que la mayoría de los otros actores cumplan también su responsabilidad para encontrar la solución.

Así comprendemos ahora que no basta con ser responsables, tenemos que lograr que ellos también lo sean y de ahí que debemos hablar de corresponsabilidad. ¿Sustitución de funciones? ¿Vamos desde la empresa a sustituir la labor del tercer sector (ciudadanos, ONG, etc.), sustituir a los políticos? ¿Nos toca hacer lo que debe hacer el gobierno?

La repuesta la encontramos al profundizar sobre el concepto de Valor Compartido que nos expone Porter. En una reciente mesa redonda desarrollada en Centroamérica a inicios de octubre, nos decía que en el momento que la empresa intenta crear valor compartido se encuentra un nuevo rol en la sociedad, nos lleva a una nueva forma de hacer innovación, de aumentar la productividad, de lograr el crecimiento económico.

No deseamos sustituir a los otros actores, queremos cumplir nuestro rol de empresas y lograr crear valor compartido, de esa forma si se logra resolver los problemas globales que nos aquejan.

El Estado no puede resolverlo todo, pero está obligado a que todo se resuelva.



La empresa no está obligada a resolver todos los problemas de la sociedad, pero si está obligada a resolver aquellos problemas que no podrían ser mejor atendidos por ningún otro.

Las entidades del tercer sector no tienen competencias para resolver nada, pero sí pueden ayudar a enfocar los problemas de la sociedad y pueden contribuir a canalizar y sistematizar los recursos y acciones que no pueden adelantar ni el Estado ni las empresas.

Este nuevo rol de la empresa obliga a exigir con más energía a los otros actores que cumplan con su responsabilidad, si no lo hacen, no nos permiten avanzar o avanzamos muy lentos y hay costos de oportunidad, de una u otra forma sus deficiencias nos atañen y nos perjudican, de ahí que es legítimo que nos veamos corresponsables.

Una estudiante universitaria me ejemplificaba el cambio de actitud diciéndome, no podemos en Nicaragua seguir diciendo: “es que los políticos son los responsables”, “es que es el gobierno el responsable de tal o tal asunto”, esa actitud de “yo no fui, fue Teté!” debe cambiar, debemos tomar conciencia, en tanto que ciudadanos, empresas, políticos, gobierno, todos los actores, que la no responsabilidad social de un actor nos pone en peligro y nos perjudica, por tanto los demás actores somos corresponsables y debemos actuar para corregir esa deficiencia.

* Actualmente es Decano de la Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas de la Universidad Americana (UAM). Se ha desempeñado como Director General de Comercio Exterior de la República de Nicaragua.