24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoSonia Agurto y Alejandra Guido

La mayoría de hombres y mujeres nicaragüenses en edad de estudiar aspiran alcanzar una carrera universitaria. Desde muy temprana edad cuando se pregunta a un escolar: “¿Qué vas hacer cuando estés grande?”, es muy común escuchar respuestas como seré doctor/doctora, arquitecto/arquitecta, ingeniero/ingeniera en sistemas, abogado/abogada, etc.

Casi nadie aspira a tener un título técnico, ya que los patrones culturales han entronizado en la mente de los y las escolares, que para tener una vida mejor, para ser respetado, para ser alguien en la vida, se tiene que llegar a la universidad. Esta mentalidad es compartida con los hacedores de políticas educativas, que relevan la educación universitaria sobre la enseñanza técnica.

El desempleo se ensaña con la PEA de mayor calificación



Partiendo de esta concepción sobre los patrones educativos imperantes en el país, FIDEG quiso indagar cómo se ubican en el mercado de trabajo, hombres y mujeres que han logrado culminar sus estudios universitarios. En este sentido, los datos del 2006, provenientes de las investigaciones de FIDEG, revelan que del total de la PEA calificada con título universitario, un 83% se encuentra trabajando y un 17% afirma estar desocupado o en desempleo abierto.

El desempleo abierto que muestran las personas que tienen un título universitario es mayor al que afecta a la PEA total del país, que alcanza porcentajes de alrededor del 5%. Esta situación demuestra que la PEA con mayor calificación es más exigente cuando busca un empleo, ya que seguramente prefieren estar en el desempleo hasta el momento que encuentran un lugar en el mercado de trabajo acorde a su calificación.

En la gráfica 1 se puede observar la situación de empleo y desempleo que viven hombres y mujeres que llegaron a culminar una carrera universitaria.

Las brechas educativas en la inserción laboral



Los datos de las investigaciones también dan cuenta que no todas las personas calificadas “se pueden dar el lujo”, de esperar en el desempleo hasta encontrar el trabajo deseado. Efectivamente, son muchas las personas calificadas que no logran llenar sus expectativas de encontrar o generar un empleo que esté acorde a su nivel de calificación, por lo tanto, no tienen otra alternativa que desarrollar trabajos que muchas veces tienen una fuerte brecha con su nivel de calificación.

Los resultados de las investigaciones mostraban cuatro formas de inserción laboral de las personas con calificación universitaria:

a) Un primer grupo que desarrollaba trabajos que se correspondían con su nivel de educación. Efectivamente, el 58% estaba desarrollando una actividad como profesional. Esta situación mostraba brechas de género en detrimento de las mujeres, las que alcanzaban un porcentaje del 54.1%, mientras los hombres lo hacían en un 62.2% en este grupo.

b) Un segundo grupo se encontraba desarrollando trabajos como técnicos y profesionales a un nivel medio. El 10.1% de las personas con títulos universitarios, desarrollaban trabajos que aunque no se correspondían exactamente con la calificación adquirida, podría decirse que desempeñaban trabajos “aceptables”, teniendo en cuenta la situación económica que se vive en el país, donde existe una economía que no logra captar a toda la fuerza de trabajo que espera ingresar al mercado para poner a disposición de la sociedad sus conocimientos.

c) Un tercer grupo que desarrolla trabajos calificados a nivel agropecuario y no agropecuario. El 24.4% de la PEA con calificación universitaria se encontraba trabajando como empleados de oficina, en el sector comercio y servicios y como operarios agropecuarios y no agropecuarios. Esta situación de empleos, sin correspondencia al nivel educativo, afectaba más fuertemente a las mujeres (27.6%) que a los hombres (21.0%).

d) El cuarto y último grupo lo constituían personas que teniendo un título universitario desarrollaban trabajos sin ningún tipo de calificación (7.4%)

A igual trabajo, diferencias de ingresos



Una de las brechas de género que se ha visibilizado más fuertemente cuando hombres y mujeres se insertan en el mercado laboral, es la desigualdad de los ingresos. Aún cuando existe una ley que expresa “que a igual trabajo, corresponde igual salario”, esta ordenanza está muy alejada de la realidad que viven las mujeres cuando compiten en el mercado de trabajo.

Los datos dan cuenta de fuertes brechas de género que afectan de manera negativa a las mujeres. De hecho, estas desigualdades se expresan en los cuatro grupos anteriormente mencionados. En las personas que realizan trabajos que se corresponden con su nivel educativo, las mujeres tienen ingresos que están en un 35.5% por debajo de los ingresos que devengan los hombres con ese mismo nivel de educación y posición ocupacional.

Es importante resaltar que esta brecha se ensancha aún más cuando hombres y mujeres con calificación universitaria, realizan trabajos que no requieren ningún tipo de calificación. En efecto, es en este tipo de trabajo donde los ingresos de las mujeres están en un 59.11% por debajo de los ingresos de los hombres. Si bien es cierto a ninguno de los dos se les reconoce sus calificaciones, las mujeres perciben ingresos irrisorios.

El subempleo, otra inequidad que enfrentan las personas calificadas



Los datos advierten que del total de ocupados, el 69.4% se incorpora al mercado laboral en calidad de pleno empleo y el 30.6% en calidad de subempleo. La calidad del empleo en que se incorpora la PEA calificada universitaria, manifiesta diferencias de género. Los hombres muestran una inserción al trabajo en calidad de pleno empleo del 73.2% y un 26.8% en condiciones de subempleo; mientras las mujeres lo hacen en un 66.3% en pleno empleo y el 33.7% en subempleo (Gráfica 2).

La razón por la cual las mujeres con calificaciones universitarias son más afectadas que los hombres con este mismo nivel educativo, es producto de la mayor inserción que tienen las mujeres en puestos o actividades de menor calificación, seguramente empujadas por las necesidades económicas que tienen en sus hogares y que tienen que solventar a cualquier costo, aún en detrimento de su autoestima y frustraciones al no ver realizados sus sueños para lo cual tuvieron que estudiar 16 años de su vida.

El sector privado, el mayor empleador de los profesionales



El 78% de los profesionales con títulos universitarios trabajan en el sector privado, ya sea por su propia cuenta o como asalariados. El sector estatal es el segundo empleador de profesionales, este sector proporciona empleos al 18.6%; seguido de los gobiernos municipales 1.6% y las zonas francas 1.6%.

Solamente la mitad están cubiertos por el Seguro Social



El seguro social, que es un garante para los y las aseguradas a la hora de una enfermedad, accidente o jubilación, cubre solamente al 52% de la PEA calificada. El 47% afirma que no cotiza y solamente el 1% está cubierto por un seguro facultativo.

La situación de los profesionales, aunque es menos precaria que la del resto de los trabajadores nicaragüenses, es alarmante, ya que Nicaragua es un país con una población que está desprotegida especialmente en la etapa de la tercera edad, cuando las personas necesitan un ingreso por todo el trabajo que realizaron en toda su vida.

Esto significa que en Nicaragua se debe ir pensando desde ahora en una política que proteja a todos los trabajadores, que aunque entregan sus conocimientos a la sociedad, no tienen un futuro aseguro y que seguramente se convertirán en un problema social grave para el país.