24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoAna Victoria Portocarrero y Juan Carlos Ortega

Una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse”.
Kofi Annan



Cuando se escribe este artículo, Matrix Recargado rige la taquilla de los cines. Mientras en el filme de ficción Neo es el Elegido para liberar a la humanidad de la esclavitud impuesta por las máquinas, en Nicaragua otros deben liberar a su nación del subdesarrollo. Un ejército de casi tres millones 247 mil jóvenes y niños, sin saberlo aún, tiene la misión de transformar al país para bien. Ellos son los Elegidos y las generaciones que le anteceden, los encargados de brindarles las herramientas para cumplir su cometido.

Nicaragua tiene una población que ronda los cinco millones 71 mil habitantes, con una edad promedio de 22 años. De éstos, la población en edad de trabajar (15-64 años), se acerca al 54 por ciento, del cual el 21 por ciento está conformado por jóvenes entre los 15 y los 24 años.

Actualmente, el 46 por ciento del total de habitantes nicaragüenses es económicamente dependiente, ya que o son menores de 14 años o son mayores de 65 años; niños y ancianos cuyos ingresos generalmente han de ser brindados por el grueso de la población en edad de trabajar. Sin embargo, para el 2015 el número de personas en edad de trabajar habrá crecido aún más.

Quienes hoy son menores de 24 años (tres millones 247 mil), en el 2015 estarán mayoritariamente en la edad apta para trabajar, y el 61 por ciento de la población sostendrá al restante 39 por ciento. Será un período en el cual, teóricamente, habrá de existir mayor cantidad de gente generando ingresos que aquella que sólo lo consume, en comparación con la actualidad. “La población se concentrará en las edades laborales, incrementando el potencial productivo del país”, asegura el informe Población, Pobreza y Oportunidades, del Fondo de Población de las Naciones Unidas del año 2002.

Esta oportunidad demográfica no durará mucho tiempo. Se irá cerrando nuevamente a medida que la población vaya envejeciendo, y, por tanto, aumentando el número de familiares dependientes. Este es, sin lugar a dudas, un activo importante que tiene el país, y de cómo se aproveche dependen los resultados.

Es así que si las herramientas les son dadas a quienes conforman el actual segmento menor de 24 años, veremos en los Elegidos la constitución del cambio soñado.

Invertir en el futuro



Las inversiones que se realicen ahora en la preparación educativa y laboral de este grupo poblacional, suponen un mejor presente y futuro para el país. Por ello, se necesitan políticas de empleo que absorban la creciente oferta laboral, y alrededor de esto, cambios profundos en el sistema educativo, de forma que dicha inserción sea lo más productiva posible.

Esto es algo que debería ser tomado en cuenta en la Estrategia Nacional de Desarrollo, de manera que ese potencial sea aprovechado. Sin embargo, una reciente investigación de la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (FIDEG), financiada por DANIDA titulada Juventud: una mirada al porvenir, permite ver que no existe nada concreto para el impulso de esta joven población y su inserción en el mercado laboral nicaragüense.
Describir al joven nicaragüense resulta, a veces, en una historia Kafkiana: la realidad es cruda y los ánimos bajos, en un país donde los sueños de muchos se quedan en sueños.

Las señales son confusas, los problemas estructurales abundan, y las soluciones suelen ser caras. Pero no todo está perdido. Tenemos un batallón joven. La pregunta es, ¿qué estamos haciendo para armarlo y aprovecharlo en esta lucha contra el subdesarrollo? Como Neo, ellos son los Elegidos; sólo habrá que despertarlos.


BIENVENIDOSAL DESIERTO DE LO REAL —Morfeo—



Antes de diseñar cualquier tipo de estrategia, o de evaluar algunas de las iniciativas que se están desarrollando con el propósito de mejorar las condiciones educativas y laborales de los jóvenes, debemos conocerlos. ¿Cuántos son?, ¿cómo son?, ¿qué hacen?, ¿qué dicen?, son algunas de las interrogantes a despejar.
Intentando sumergirse en este mundo, FIDEG elaboró su investigación Jóvenes: una mirada al porvenir, donde se dan hallazgos concernientes a las preguntas planteadas.



Adultos antes de tiempo



Aunque en ocasiones es cansado leer estadísticas, las siguientes seguramente resultarán interesantes para muchos.

Nicaragua tiene 22 años de edad. Si sumamos la edad de cada nicaragüense y la dividimos entre la población total del país, resulta que en promedio tenemos 22 años de edad.

Igualmente se conoce que casi el 64 por ciento de la población total del país es menor de 25 años, a la vez que un millón 532 mil personas son menores de 10 años (ver gráfico 1), lo que en el 2015 se reflejará en un aumento de agentes económicos activos, demandando condiciones para desempeñarse laboralmente.

¿Pero qué características tiene este segmento poblacional? Ciertamente las condiciones que hasta el momento les ofrece el país no son las mejores, puesto que su consigna da la impresión de ser “sálvese quien pueda”.

Asimismo, la historia y el estado socioeconómico actual de Nicaragua ha producido en los niños y jóvenes nicaragüenses una especie de madurez acelerada. Lidiar con el día a día, y no poder pensar en pasado mañana es parte de la fisonomía del país, en el cual continuamente, desde temprana edad, se deben asumir roles de adultos para mantener familias enteras.

En esta nación centroamericana, la falta de recursos económicos es la principal razón que tienen algunos niños y jóvenes para no estudiar. En condiciones de analfabetismo, o en el mejor de los casos de una raquítica preparación académica, las opciones laborales en las que logran desempeñarse son temporales, sin calificación alguna y con remuneraciones completamente insuficientes.

Según datos del Ministerio del Trabajo (MITRAB), tomando en cuenta únicamente a personas mayores de 18 años y menores de 29, alrededor del 15 por ciento de los jóvenes empleados no tienen ningún tipo de educación; sólo un 28 por ciento terminó la primaria; y apenas el 17 por ciento culminó la secundaria

A su vez, este grupo poblacional se emplea en actividades relacionadas con la agricultura, silvicultura, pesca, industria, y comercio, por decir algunas; casi un 64 por ciento labora como obrero no calificado o en el área de servicios; y tan sólo un 3.16 por ciento logra trabajar en áreas de técnicos superiores o profesionales .

Sobre los salarios... bueno, los salarios son bajos, dada la poca calificación de las actividades que realizan. Más del 50 por ciento del grupo referido gana menos de mil córdobas mensuales.


Libera tu mente—Morfeo-
Educación desconectada de la realidad



En algunos casos, ciertamente una minoría, los jóvenes logran aprobar la secundaria, lo que disminuye al hablar sobre la educación universitaria. Y el drama de este grupo poblacional que conquista un alto nivel de educación, es que al salir al mercado laboral se topa con que las opciones de empleo son sumamente reducidas y que, de encontrar algún trabajo, el perfil solicitado por el empleador no es el mismo en el que ellos se prepararon.

En este sentido, la educación secundaria y universitaria no parece proporcionar una relación vinculante entre su labor educativa y la inserción del joven egresado en el mercado laboral.

El problema de la educación en Nicaragua es alarmante. Según datos de Jóvenes: una mirada al porvenir, si todos los y las jóvenes nicaragüenses tuviesen la oportunidad de insertarse en el sistema educativo de una forma apropiada, entre los 15 y los 24 años de edad estarían cursando la secundaria y finalizando la universidad.

Sin embargo, la situación es otra: un 36.8 por ciento de la juventud nicaragüense no terminó la primaria; sólo el 46.9 por ciento terminó la secundaria; un raquítico 6.8 por ciento concluyó la educación universitaria; y un 6.7 por ciento no tiene ninguna educación.

La Odisea por un Trabajo



Actualmente encontrar un trabajo digno es casi un milagro. Quienes consiguen un trabajo muchas veces cuentan con una preparación mayor a la requerida por la labor desempeñada. Los salarios son bajos y los requisitos en algunos casos son abrumadores. Niños, jóvenes y adultos compiten por las pocas plazas existentes. Si hoy tener un empleo es difícil, en el 2015 la situación se habrá multiplicado.

La Población Económicamente Activa (PEA), está conformada por las personas que tienen un trabajo o lo están buscando activamente. En Nicaragua son aproximadamente 2 millones 162 mil personas las que componen esta población. Los jóvenes representan el 28.5 por ciento de la misma, con un total de 616 mil 163 personas.

Del total de la PEA de jóvenes entre los 18 y 29 años de edad, el 64 por ciento son hombres y solo el restante 36 por ciento son mujeres. Y aunque las estadísticas digan que la PEA ocupada es del 91 por ciento, es importante hacer notar que un 56 por ciento de estas personas están trabajando en el sector informal, y que tanto del sector formal como del informal hay un 43 por ciento que está subocupado, es decir, que no trabaja las 40 horas semanales.

¿Cuál será la PEA para el 2015? Según estimaciones de las Naciones Unidas, la PEA en edades entre los 10 y los 24 años se incrementará en aproximadamente 276 mil personas. Tomando en cuenta este hecho, deben prepararse las condiciones para que estos actuales niños y futuros jóvenes cuenten con condiciones distintas a las que enfrentan en la actualidad.

Elegidos que no ven un camino



Tener menos de 24 años significa ser parte del bloque que conforma el 64 por ciento de la población nicaragüense, lo que contrasta con el hecho de que casi la mitad de la población que no tiene acceso a un empleo (42 por ciento) está conformada por este mismo segmento.

De acuerdo a la investigación que el FIDEG realizó, “el nivel de escolaridad de estos jóvenes es bajo y muchas veces es el principal impedimento para acceder a otros trabajos que les permitirían mejorar su situación”. Se llega al extremo de que quienes no saben leer y escribir ni siquiera pueden ser meseros, según el testimonio de uno de los entrevistados en la serie de seis grupos focales celebrados con jóvenes de edades oscilantes entre los 15 y los 24 años. “Para ser mesero fue que me exigieron que supiera leer y escribir para levantar el pedido”, expresó “Mariano”, un trabajador del sector construcción, con 17 años de edad.

Son requisitos en el campo de la educación los que mayoritariamente impiden al joven nicaragüense el acceso a un empleo, pero a estos también se agregan requisitos meramente burocráticos (cartas de recomendación, record policial, certificado de salud, partida de nacimiento), que en última instancia deben ser conseguidos con dinero de su propio bolsillo, lo cual según “Leyman”, trabajador del sector construcción, con 22 años de edad, “cuesta mucho dinero”.

Y en este marco, existe, de acuerdo a la investigación, una diferencia en el nivel de escolaridad entre los jóvenes que trabajan en el sector comercio y aquellos que lo hacen en la construcción, pues los primeros han tenido un mayor acceso a la educación.

Esas molestas “patas”



“Hay que tener conectes, amistades, cosas que en lo particular no tengo”, expresó “Roberto”, estudiante de una carrera técnica con 23 años de edad, haciendo alusión a uno de los fenómenos que más le afecta al momento de conseguir un trabajo. Algo que “Edwin”, otro de los entrevistados, complementó diciendo que “lamentablemente el mercado laboral se maneja por contactos”.

La verdad es que el fenómeno de “las patas”, como se le dice tradicionalmente a estos conectes que facilitan un empleo, pesa en gran medida en toda la sociedad nicaragüense al momento de buscar trabajo. No es algo que afecte únicamente a los jóvenes, sino a la población en general, y esto lo dice claro la investigación, al afirmar que “las relaciones son un elemento de mucho peso”, lo que queda evidenciado en tres testimonios de jóvenes, cuyos empleos fueron adquiridos de esta manera, ya fuese por familiares o conocidos.

Sueños Jóvenes



De acuerdo a la investigación de FIDEG, “todos tienen la aspiración de estudiar o seguir estudiando”, a lo que agregan el deseo de “un trabajo fijo y no perderlo”, sobre todo en el sector construcción, donde se prioriza primero el trabajo y después la educación.

“Desde que sale uno de su casa va con la esperanza de que va a encontrar trabajo, pero regresamos con la cabeza gacha.

Caminamos y caminamos y nada. El sueño es un sueño y la realidad es que cuando te despertás no tenés nada de lo que estás soñando”, sentencia “Mariano”, al diferenciar lo que es soñar y los sufrimientos que deja la vida en la realidad nicaragüense.

Estrategia de los jóvenesdesde la educación



Muchos de quienes lograron estudiar aseveran que cambiarían su trabajo actual por uno que se desarrolle en el área de los conocimientos adquiridos en sus estudios profesionales, se infiere de la investigación de FIDEG. Asimismo, “resultó notable cómo en los estudiantes de carreras técnicas, el cálculo de oportunidad de trabajo fue un elemento importante a la hora de decidir qué estudiar”.

Se supo, de esta manera, que quienes estudian carreras profesionales eligen el campo de estudios de acuerdo a gustos, conocimientos y habilidades, lo que desemboca muchas veces en frustración al encontrarse trabajando fuera de lo que aprendieron. Mientras que los que estudian carreras técnicas, dispuestos con frecuencia a tomar dos opciones, lo hacen pensando en las oportunidades laborales que puedan tener con ellas.

Existe un plan más concreto por parte de quienes se especializan en una carrera técnica.

La educación es fundamental. El rol que desempeñe la empresa privada también. Las iniciativas desde la sociedad civil son aliadas esenciales. Pero quien más debe aportar para cambiar el “desierto de lo real” y convertirlo en un campo fértil, es el Estado, desde sus estrategias de desarrollo y su comunicación con la comunidad internacional.

La fotografía es clara. Preocupa y esperanza a la vez. Por ello, no sólo es importante imaginar el futuro –sea positivo o negativo-, sino también conocer qué acciones está tomando cada uno de los principales actores, en el apoyo de esta misión encomendada por la historia a los Elegidos.

Matrix te posee



Ausencia de una Políticade Empleos
La juventud nicaragüense apuesta al trabajo independiente. A falta de empleos en el mercado laboral, consideran que la mejor manera de obtener uno es creárselo con una microempresa. Sin embargo, para ello, “el gobierno tiene que proporcionar los mecanismos”, dice “Glenda”, otra participante en las entrevistas de Grupos Focales, por lo que FIDEG concluye que “el impulso de microempresas de desarrollo para el sector joven es una demanda inmediata para la creación de fuentes de empleo por parte de los jóvenes”.

El problema es que no hay una seria política de empleos en el país, cuyo fin sea facilitar trabajo al 21 por ciento de la población conformada por jóvenes entre los 15 y los 24 años de edad. Si esto no se hace hoy, ¿qué pasará cuando el cúmulo haya crecido en el 2015?

En Matrix, Neo buscaba respuestas. En Nicaragua la juventud lo hace también, pues es prisionera del subdesarrollo y a la vez su propia libradora... aunque aún no lo sepa.

El Estado no ha brindado una respuesta efectiva a la juventud nicaragüense, y han sido los organismos multilaterales los que han jugado un papel determinante en este asunto, al financiar proyectos donde los jóvenes son beneficiarios, pero que el gobierno termina redirigiendo a sectores que considera de mayor importancia.

“En el proceso de financiamiento los organismos bilaterales tienen un papel determinante” y son los gobiernos quienes determinan las prioridades a atender, explica el texto Jóvenes: una mirada al porvenir. En el mismo se lee: “a pesar de que la estrategia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no explicite o enfatice la cuestión de la juventud, la mayoría de todos los préstamos y operaciones que se implementan con financiamiento del BID en el país, miran a la juventud como beneficiarios”, citando a un funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo.

Ya en otros países se han creado fondos crediticios para jóvenes con el BID, donde el Estado es garante de esos préstamos de fondos revolventes. En Brasil recién se acaba de presentar un enorme plan para dar trabajo a casi tres millones de jóvenes, el cual cuenta con el financiamiento del BID, Banco Mundial y otros organismos.

Mientras tanto, la Secretaría de la Juventud de Nicaragua, en encuentros con el FOMIN (un fondo específico del BID) supuestamente identificó dos programas que podrían contar con el financiamiento del organismo bilateral: elaborar un mapa del mercado laboral, y crear un observatorio del mercado laboral. Aún así, la propuesta no ha llegado a las oficinas del FOMIN, ya que la Secretaría de la Juventud parece no haberlas preparado todavía... a un año de haberse dado la reunión.

ONG tampoco presentes



De 1054 proyectos de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) internacionales, contabilizados por el Ministerio de Relaciones Exteriores a inicios del 2002, sólo 84 tenían como población meta a la juventud nicaragüense. Y de 218 ONG nacionales, 93 se desarrollan en actividades relacionadas con el tema.

Sin embargo, “la generación de fuentes de empleos no ha sido una prioridad” para las ONG, asegura FIDEG. A lo que se anexa la opinión de Carlos Amador, presidente de la Asociación Cristiana de Jóvenes, una ONG nicaragüense, quien explica que hay “pocas experiencias exitosas de parte de las ONG en atención a la problemática del desempleo”, por lo que es “urgente” acercarse más al fenómeno para entenderlo, analizarlo y presentar alternativas de solución.

Es conocido que no hay políticas de empleo en la nación, aunque, según FIDEG, los jóvenes consideren el tema como el de mayor importancia. Y es que además el problema no es sólo conseguir el empleo, sino también conseguir una buena remuneración a cambio del servicio ofrecido, pues los salarios son muy bajos para los empleados jóvenes. María Auxiliadora Ampié, del Consejo Nacional de la Juventud, la ONG más grande de jóvenes en Nicaragua, confirma esto, expresando que “la mano de obra juvenil es la mano de obra más barata”, después de la femenina.

Otra dificultad que se ha interpuesto entre los jóvenes y su incorporación al mercado laboral, es la crisis internacional de los precios del café, dicen las ONG. “Con la caída de los precios del café la mayor parte de los jóvenes quedó desempleado”, lamentó Yolanda Areas, del movimiento Jóvenes del Campo, lo que ha obligado al joven de las áreas rurales a buscar trabajo en el tabaco, donde los sueldos son muy inferiores.

Asimismo, se suma a esta lista de dificultades para la inserción del joven en el mercado laboral, desde la óptica de las ONG, las políticas de las instancias de educación técnica y superior, porque están produciendo una fuerza de trabajo sin crear políticas de inserción laboral, mucho menos de colocación laboral, asevera Ricardo Andino, de la Fundación Desafíos.

FIDEG concluye: “Las iniciativas de las organizaciones no gubernamentales, aunque loables, son insuficientes para resolver el problema. Éste tiene dimensiones tales que demanda una intervención efectiva de parte del Estado”.

Estado no pasa de planes



El Estado ha dado pasos en este tema. Creó la Política Nacional para el Desarrollo Integral de la Juventud, propuesta por la desaparecida Secretaría de Acción Social en 1999, y la Ley de Promoción de Desarrollo Integral de la Juventud (4 de julio de 2001), impulsada por el Consejo Nacional de la Juventud y otras ONG. Ambos proyectos ahora deben ser vigilados por la también recién creada Secretaría de la Juventud.

Según el informe de FIDEG, la Secretaría de la Juventud atenderá la problemática del desempleo desde el Plan de Acción de la Política Nacional de la Juventud, donde se propone “promover la inserción de los y las jóvenes al mercado laboral... a través de programas de formación y capacitación técnica”, así como la promoción de prácticas laborales y el control de la no discriminación.

Lindolfo Monjarretz, Director de la Secretaría de la Juventud, manifiesta que en la actualidad “están creadas todas las condiciones para NO fomentar la iniciativa empresarial entre los jóvenes”, ya que las políticas crediticias y el sistema de micro finanzas dicen que no financiaran iniciativas comerciales con menos de seis meses de existencia. “Eso significa que nadie te financia para que comencés”, aqueja.

Monjarretz echa en gran parte la culpa del problema de desempleo juvenil a “la falta de políticas afirmativas por parte del Estado”, y cree que al menos el aparato estatal podría comprar los servicios a utilizar de pequeñas empresas juveniles, y así facilitar su existencia y proliferación.

Por su parte, el Ministerio de Educación Cultura y Deporte (MECD), indica que busca rediseñar la educación secundaria, con el fin de que desde ahí se busque la inserción laboral de los jóvenes. En cuanto a la educación técnica, “se piensa unir a estas instituciones a fin de que trabajen de forma coordinada. Se piensa impulsar la educación técnica mediante la apertura de institutos técnicos en diferentes áreas geográficas del país... especializadas según la demanda del área... y en la línea de los clusters que el gobierno desea impulsar”.

Se observa, entonces, que el Estado no pasa de planes. Desde la Secretaría de la Juventud todos son proyectos, que aunque prometedores, son víctimas de la desconfianza que la sociedad ha desarrollado hacia las instituciones del Estado, por la falta de cumplimiento de sus promesas. Y desde el MECD, nuevamente nos encontramos sólo con proyectos, que todavía no representan una solución tangible al problema del desempleo en la juventud.

La empresa privada calla



Entretanto, el Instituto Nicaragüense de Desarrollo fundó Emprendedores Juveniles, una filial de Junior International, organización internacional con sede en 112 países. María Elena Porta, responsable de ese programa, explica que lo que hacen es enseñarle al joven sobre la importancia de la educación para mejorar su calidad de vida y su forma de pensar, “despertando en ellos el espíritu emprendedor”.

De acuerdo a Emprendedores Juveniles, uno de los principales problemas en el fomento del empleo en el país es “la falta de participación de la empresa privada en el apoyo a este tipo de programas, dirigidos a la educación y formación, y la razón principal es que para ellos nosotros no somos una inversión”.

Por ello, Porta piensa que es necesaria una Ley de Incentivos en Nicaragua, con la cual los aportes de la empresa privada a Emprendedores Juveniles podrían ser deducidos de impuestos.

Así también, FIDEG explica en su investigación que en la actualidad “hay limitantes en el plano del desarrollo profesional de lo jóvenes”, porque la empresa privada del país demanda más técnicos que profesionales, y “al ofrecerle a los profesionales trabajos técnicos, éstos se sienten desmotivados y frustrados”, agrega María Consuelo Morales, de la empresa Preselección Empresarial, una agencia de empleos radicada en Nicaragua.

Los profesionales egresados no están integrándose al mercado laboral porque las empresas no los buscan, además de que éstos no estudian lo que el mercado requiere, certifica Morales. “Es evidente que entre la empresa privada y las instancias de educación superior y técnica hay una escasa o nula comunicación”, complementa FIDEG.

El comportamiento erróneo de las instancias de educación es aunado con las palabras de Ricardo Andino, miembro de la Fundación Desafíos, quien expresa que “las universidades están produciendo fuerzas de trabajo, pero no hay políticas de inserción laboral”, y sólo unas cuantas de éstas tienen políticas de colocación laboral. Además, “la capacitación está desajustada de la realidad del mercado”, dice, para concluir con que “los jóvenes no están en la agenda de las autoridades adultas”.

El Despertar



Neo no sabía que era el Elegido. La juventud nicaragüense tampoco lo sabe. En la saga de Matrix, fue Morfeo quien tuvo que despertar a Neo de su sueño involuntario, y como ya se ha dicho antes, en nuestra realidad nicaragüense tendrán que ser las generaciones que ahora llevan la lid del país, quienes despierten a los Elegidos, brindándoles las armas y herramientas necesarias que den paso libre a la lucha contra el subdesarrollo, en un momento histórico que inicia ahora, y que en el 2015 se acentuará.