24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoJuan Ignacio Martínez

En esta temporada, San Juan del Sur está caliente y no solo por culpa del abrasador sol de verano. Está caliente por la entrada y salida de turistas e inversionistas que buscan en este pequeño pueblo portuario, oportunidad para "turistear", invertir y hasta vivir.

En esta bahía, actual epicentro turístico de Nicaragua, y en las playas hacia el norte y sur de la costa Pacífico, se está produciendo una auténtica carrera por el desarrollo. Cerca de 44 inversiones millonarias están en planes o en construcción en unas 13 playas distintas, desde urbanizaciones, hoteles o casas residenciales, y San Juan del Sur está sentado en el trono.

Sobre una de las colinas que una vez escondieron a este puerto de pescadores, está emergiendo un proyecto o como sus creadores lo llaman, "un modelo" turístico sin comparación en Nicaragua: El Hotel Piedras y Olas, o Pelican´s Eye (El Ojo del Pelícano). Sus cartas credenciales son varias, entre ellas, la alta cocina de su restaurante, la elevada cúspide de su rancho de paja y; por su piscina "infinita" que termina en el mar. Pero hay mucho más detrás de este proyecto. Es un desarrollo turístico con un elemento de responsabilidad comunitaria y un toque de conciencia ecológica, en suma, es un ejemplo de sostenibilidad.

Dos son mejor que uno



El proyecto hotelero Piedras y Olas tiene dos componentes: uno meramente empresarial y otro de carácter social, cada uno personificado en los dos precursores de la iniciativa, Jean Brugger, de la Fundación Brugger y Chris Berry, de Piedras y Olas.

La fundación A. Jean Brugger nace con la Señora Jean Brugger, una enfermera jubilada de la Cruz Roja y ex directora de una organización internacional de enfermería holística, que en 1998 tuvo la intención de establecer en Nicaragua una organización dedicada a trabajar en el tema de Género y Educación en San Juan del Sur.

Mientras que Piedras y Olas se origina de la inspiración que Nicaragua le provocó al norteamericano Chris Berry, quien arribó al país a finales de la década de los ochenta en su barco velero y desde entonces no ha tenido ganas de irse. Chris tuvo la idea de un proyecto turístico que proporcionara entrenamiento y empleo para los jóvenes de la comunidad y que funcionara como un medio de subsistencia para él.

"Jean y yo teníamos un propósito común, metas compatibles...así modificamos nuestras respectivas direcciones y fusionamos nuestros proyectos", relata Chris.

Utilizando parte de los fondos originales de la fundación, se inició la construcción del hotel en el año 2000. Hoy cuenta con 50 unidades entre habitaciones y casas, y se prevé que al final del proyecto se hayan construido un total de 130 unidades sumando una inversión superior a los 15 millones de dólares. Este, a su vez, se ha convertido en la fuente de financiamiento de la Fundación Brugger, asumiendo principalmente los costos de administración y de ejecución.

A como lo define su creador, Piedras y Olas es un "hotel de uso mixto" o un "hotel operado por propietario", en el cual el hotel es dueño de 20% de las unidades (habitaciones y casas) y el resto son propiedad de personas externas al proyecto. Con esto, Piedras y Olas se ha convertido en uno de los destinos turísticos nicaragüenses más populares para extranjeros, con más de 5 mil visitas por año.

Un modelo “increíble”



Sus creadores lo describen como un "modelo increíble". Se trata del tipo de ideas que, según ellos, un Gobierno como el actual quiere ver y eventualmente –razonan -- empezará a demandar, porque de hecho es un ejemplo digno de seguir por otros desarrolladores.

Lo que hace interesante a este hotel es la interacción entre éste y la fundación Brugger. Según su director, Jon Thompson, el propósito del modelo es "hacer algo por la comunidad", priorizando la creación de oportunidades de educación para la juventud, mejores oportunidades laborales y entrenamiento vocacional.

"El modelo crea un negocio rentable [el hotel] que proporciona empleo y entrenamiento para los miembros de la comunidad de San Juan y a la vez parte de las utilidades van dirigidas a la fundación", destaca Jon.

Los huéspedes del hotel, los visitantes que comen en los restaurantes de primera categoría, los que disfrutan los viajes en velero y los que invierten en las unidades del hotel, conforman el mayor sustento económico de la fundación y, de esta forma, todos los visitantes de este hotel invierten en el capital social de San Juan del Sur y de las comunidades aledañas.

Esta inversión tiene la misión de identificar y mejorar oportunidades para los jóvenes, sobre todo en Educación, "en el más amplio sentido...desde la creación de una conciencia ambiental, becas para estudiantes universitarios, uniformes escolares, hasta oportunidades para los san juaneños mayores de compartir sus experiencias, sus historias...su capital humano".

Sostenible en todo sentido



El hotel, situado en la propiedad de la fundación de más de 10 hectáreas sobre el pueblo de San Juan, se integra también con el medio natural en lo que llaman "la reserva". Unicamente un tercio de la propiedad que esperan tener al final será utilizada para construcción y el resto será manejado como reserva natural. Inclusive, las primeras unidades del hotel fueron construidas con un método eco-amigable, utilizando fardos de paja, descrito por sus promotores como "un estilo arquitectónicamente bello y distintivo, a la vez que fuimos respetuosos del medio ambiente".

Este esfuerzo se complementa con la clínica veterinaria Piedras y Olas, dedicada al rescate, salud animal y servicios a la biodiversidad. Esta clínica es un componente de la fundación Brugger y enfatiza la promoción de información a través de un programa integral de educación para la conservación.

El anhelo último de Chris es lograr la independencia energética del proyecto. "Empezando con el museo que construiremos en la reserva, utilizaremos fuentes de energía fuera de la red nacional", a la que eventualmente se adheriría el hotel para reducir sus costos energéticos "y todo esto a base de energías renovables".

Jon describe esta estrategia como "un acople entre una inversión personal y una inversión social", de la cual se derivan dos tipos de utilidades, la económica y la social para el beneficio de todos los involucrados en la actividad: los turistas, las comunidades, los inversionistas y el país.

Una aproximación integral al desarrollo comunitario



Para Chris ninguna inversión se puede abstraer del medio y de la localidad donde se realice. "Al llegar acá, estamos en el centro de una comunidad que respira y vive, que tiene su propia historia…venimos a crear un centro turístico y para ello se tienen que evaluar las necesidades de la comunidad donde se establece y se construye. Se necesita prestar atención no sólo a la infraestructura que se requiere para soportar el modelo, pero hay que ver que tipo de contribución se le tiene que dar a la comunidad para justificar que te impongás en ella en un primer momento".

En su concepción, un modelo como el suyo no puede ignorar la capacidad que tiene una comunidad de soportar una o varias inversiones de este tipo, sobre todo en lo relacionado a infraestructura como agua, luz y todas las necesidades que permitan el crecimiento integral.

Según sus creadores, este proyecto aunque originalmente dirigido a atraer a nicaragüenses, lamentablemente no ha funcionado así y se ha convertido en una negocio dirigido a extranjeros "el 85% de nuestros visitantes [en el hotel] y el 100% de los inversionistas son extranjeros", mayoritariamente norteamericanos, pero también centroamericanos. Un perfil que dista mucho del que tenía pensado Chris, cuando creó este lugar.

Ocio a favor de los más necesitados



Aunque Piedras y Olas es promocionado internacionalmente como un lugar paradisíaco de alta categoría, el propósito original de la inversión nunca fue satisfacer a los que pueden. Chris aclara que no es una inversión por sí misma, "estamos aquí para apoyar a las clases pobres, a los trabajadores, a la gente que vive en este pueblo y en las comunidades cercanas".

A pesar de que la idea original también era más humilde de lo que ha resultado ser, el proyecto ha evolucionado para ofrecer un mayor retorno [de hecho es una muy buena inversión] al esfuerzo, trabajando con personas que pueden y están dispuestas a pagar por contribuir a la fundación y a la comunidad, "un poco más del 25% de nuestros propietarios han invertido específicamente por el modelo que representamos gracias a la fundación. Tienen voluntad de gastar una buena cantidad de dinero porque sienten que reciben algo por su dinero pero al mismo tiempo contribuyen al país".

Por otro lado, le dan la oportunidad a las personas que vienen, con cierto peso de conciencia, a un lugar lindo en una zona pobre a tener un medio por el cual “puedan justificar su diversión”.

La contribución de este proyecto supera por mucho los 15 millones de dólares de inversión. El aporte a la comunidad y al pueblo de San Juan del Sur y la oportunidad de ser imitado por otros proyectos son invaluables. Sobre todo cuando, y Chris ruega que se enfatice, "cada centavo del dinero que se ha invertido y se ha recibido, se queda en Nicaragua".