24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoConsuelo Mora

El propósito de esta sección es destacar a aquellas mujeres, de todos los sectores y de todas las disciplinas, queluchan a diario contra obstáculos, prejuicios y en ocasiones hasta discriminaciones,y que además, han logrado el éxito en surespectiva carrera o campo.

Publicamos en esta edición 154, la historia de cinco mujeres, de diferentes profesiones, campos y carreras, pero que
tienen un elemento común: destacan en la labor que realizan. Estas son sus historias.


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Ana Quirós, Directora de CISAS
Rebelde con causa



Ana Quirós no es sólo una mezcla de acentos y de profesiones, sino una mezcla de historias.Muchas personas vinieron de otros países durante los ochenta, atraídos por los ideales de la revolución sandinista, pero pocos como ella, permanecieron en el país y continuaron al frente de la lucha social, pese a amenazas esporádicas y un intento de secuestro.

“Estudié medicina, pero nunca he ejercido la medicina tradicional, siempre he estado en política o en salud pública”, dice esta mexicana de padres costarricenses, que vino a Nicaragua terminando la carrera, a los 21 años, para participar de los cambios revolucionarios.

“Fue una experiencia muy enriquecedora, había muchas ideas nuevas, mucha creatividad, energía, que desafortunadamente después se empezó a perder y a dejar paso a la burocracia”, agrega.

Ana Quirós está al frente del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS), pero se le identifica más con la Coordinadora Civil, organismo que dirigió en una época muy tensa para los ONG, posterior al huracán Mitch, durante el mandato presidencial de Arnoldo Alemán. A la Coordinadora, le correspondía fiscalizar socialmente que no se malversara la ayuda intenacional.

Injusticias



Ella relata cómo la vida de los hospitales en Costa Rica le hizo darse cuenta de las desigualdades sociales. “Ese día nos llevaron a ver una mujer de 32 años que tenía un soplo cardíaco muy particular. Tenía cuatro hijos y era de la zona rural de Costa Rica. Además tenía una insuficiencia renal terminal. Cuando leí la historia clínica, me di cuenta que aún teniendo la tecnología para evitar su muerte, la habían declarado no elegible para una diálisis porque era pobre, analfabeta, vivía lejos y no seguía las instrucciones médicas, precisamente porque era pobre y vivía lejos”

“Fui a poner el estetoscopio para oír el tal soplo, en ese momento la mujer me agarra la mano y muere”, cuenta Quirós. “Luego me enteré que justo al mismo tiempo, un alto funcionario del hospital, del doble de edad de esta mujer y con un problema muy parecido, lo tenían con todo lo necesario para preservarle la vida. En ese momento, con la efervescencia política y revolucionaria que había en el mundo, tomé mi opción”.

Al país vecino



Ana Quirós no llegó a Nicaragua para quedarse, pero dice que se fue enamorando de los cambios políticos. En julio de 1983, se coordina con María Hanley para fundar CISAS, una de las primeras organizaciones no gubernamentales que surgieron en la revolución sandinista.

“Empezamos trabajando al margen del Ministerio de Salud, fuera de él, con cooperantes, con algunos grupos que nos abrieron las puertas, algunas hermanas religiosas”.

CISAS surgió difícilmente, relata su fundadora, porque no era visto con buenos ojos por el partido ni por el gobierno, sobre todo porque sus fundadoras eran extranjeras. “De todas maneras recibimos el apoyo y la confianza de alguna gente y empezamos a trabajar fundamentalmente en Occidente, puedo decir que recorrí al revés y al derecho todos esos municipios, con grupos de mujeres, y eso nos dio una mayor idea de la pobreza del área rural, del deseo de participación y de la alegría que venia con el conocimiento”.

“Cuando las mujeres empezaban a conocer cómo funcionaba su cuerpo, que podían hacer para mejorar su salud y fundamentalmente la de sus hijos, era motivo de satisfacción”, dice Quirós con una sonrisa.

Poco después se involucraría no sólo en salud, sino en tomas de decisiones nacionales.

El despertar social



A partir de 1990, las organizaciones no gubernamentales comienzan a proliferar en Nicaragua. Un grupo de personas que formaban parte de las ONGs más antiguas, decidieron unirse para lidiar con la actitud confrontativa del gobierno, que cada vez se fue haciendo más evidente.

María Hanley y Ana Quirós se involucraron en distintas organizaciones para enfrentar este problema, entre ellas estaban los grupos de mujeres, la Red de Mujeres contra la violencia, el Grupo de Mujeres por la Salud y la Federación de ONGs. No fue casualidad que a inicios del 98 Ana Quirós fue electa a la presidencia de la federación de ONGs, y que muchas otras organizaciones se habían unido para contrarrestar los problemas con el gobierno.

A finales de octubre de 1998, el huracán Mitch provocó uno de los peores desastres naturales en la historia del país, especialmente en el volcán Casita, sin embargo, el gobierno consideró innecesario convocar el Estado de Emergencia. Sin embargo, la Federación de ONGs se reunió para hacer una propuesta desde la sociedad civil y se escogió a dos personas para impulsar ese esfuerzo: Álvaro Fiallos, por la UNAG y Ana Quirós, por CISAS.

“Empezamos a volarle candela, yo empecé a hablar con otra gente, fuimos a los medios”, cuenta la fundadora de esta organización, que poco después pasaría a llamarse Coordinadora Civil para la defensa y Reconstrucción.

“Fue un momento clave para encontrar la coordinación y colocar a la sociedad civil, no sólo a la Coordinadora como actor en el diálogo de las políticas públicas. Eso no se había visto antes. Antes la sociedad civil estaba bastante desarticulada”.

Posteriormente, en reconocimiento al rol que debe jugar la sociedad civil en los contrapesos del gobierno, la Coordinadora Civil —representada por Ana Quirós y Ricardo Zambrana entre otros— participó beligerantemente en los Grupos Consultivos de Nicaragua, promovidos por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y por el gobierno de Suecia. En esos eventos, ellos fueron junto a los medios de comunicación “la voz de los sin voz”, alrededor del tema de la corrupción, la pobreza, la falta de transparencia.

Rebelde con causa



En estos años de lucha social y política, Ana Quirós ha sufrido amenazas telefónicas y hasta intentos de secuestro político, con fines de deportación, pese a que es nicaragüense nacionalizada.

“Muchas personas me dijeron que me saliera de los asuntos políticos con el intento de secuestro, que tenía que pensar en mí, en mi familia”, pero continúa luchando por los temas que le parecen justos.

Ana Quirós lleva 20 años de vivir en Nicaragua, las nacionalidades la hacen arrugar la cara y dice que es más bien un tema formal. “No me imagino viviendo fuera. Primero que nada porque en ningún país pasan tantas cosas tan rápido y de una manera tan insólita como en Nicaragua, cualquier otro país me parecería aburrido. Segundo, porque aquí tengo mi vida, mi gente, aquí es donde he trabajado, donde me conocen”.

En el futuro, Ana Quirós se ve haciendo lo mismo que ha hecho siempre. “Me veo igual, peleando frente a lo que me parece injusto, buscando unir esfuerzos con otra gente, tal vez para distintas cosas”. En los años por venir parecen esperarle muchas negociaciones, con el gobierno y sus hijos, de 6 y 4 años. “Les he transmitido primero la rebeldía, entonces las discusiones con ellos son más difíciles que con el gobierno y los partidos políticos”, dice divirtiéndose.

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Gloria Bacon, bailarina y coreógrafa
Ritmo por las venas



Su historia ya se recopiló en un libro. Gloria Bacon, con 25 años de carrera de bailarina, es sinónimo de danza contemporánea, de coreógrafa. Aunque también ha incursionado en la vida política, como candidata a diputada por el FSLN en 1995 y actriz de reparto en la serie televisiva juvenil “Sexto Sentido”, donde abordó el problema del abuso sexual infantil.

Gloria Bacon no se separa de su trabajo de directora de la Escuela de Danza “Espacio Abierto” ni para una entrevista. En el suelo de madera del salón de baile del local, espera tranquila con las piernas cruzadas, mientras los espejos en las paredes multiplican su imagen estilizada. No tiene un celular que suena cada cinco minutos, ni un escritorio lleno de papeles estresantes. La calma se sienta en los cuatro rincones.

“Sí, me han preguntado lo que siento cuando bailo muchas veces, pero nunca he sido honesta. ¿Sabés qué siento en realidad? Nervios. Muerta de nervios, pero después de dos ó tres minutos entro como en trance”, confiesa esta coreógrafa, precursora de la danza contemporánea en Nicaragua, aunque ella diga que sólo ha aportado en este campo, por ser un género que nació entre el siglo XIX en Europa y Estados Unidos.

Cuatro décadas atrás la habríamos encontrado en Bluefields, donde nació, junto a su abuela, quien no la dejaba ver los bailes de Palo de Mayo por ser bailes sensuales. Creció hablando inglés creole y un día de tantos, su mamá decidió venirse a Managua a buscar trabajo, llevándose a Gloria consigo y a tres de sus hermanos.

“Fue difícil, traumático, porque en ese momento había muy pocos negros en Managua. Al llegar y darme cuenta que era la única niña negra, con facciones distintas, con pelo distinto, yo lloraba todos los días. Recuerdo mi infancia llorando, queriéndome regresar y cuando tuve la oportunidad de irme de vuelta a Bluefields, a los 14 años, me quedé. Asumí Managua después, cuando ya me sentía bien conmigo misma”, recuerda la bailarina de 47 años.

“Para adaptarme tuve que negarme a mí. Dejé de hablar ingles, de frecuentar amigos costeños... luego volví a Bluefields de nuevo y descubrí una cultura riquísima”.

Gloria critica mucho el racismo de Managua. “Es lamentable porque no es institucional, pero es tan sutil y duele más porque no podés enfrentar las cosas de frente”. Y agrega que así se asumió como persona: “Una profesional, una artista que ha ganado espacios en su trabajo como persona, no por su raza.”

Descubriendo la vena artística



En su casa no existía la vena artística. Motivada por la revolución, Gloria comenzó a bailar folclore con un grupo, “para después lanzar el discurso político”. Recorrían mercados, comunidades, a bailar en piso de tierra y botas militares. Esto la llevó a meterse en la Escuela Nacional de danza. A partir de aquí empieza su historia artística. Ahora se sorprende del rumbo que tomó: “Ahora que estoy en este mundo desde hace más de 20 años, me digo a mí misma, ¿cómo pude estar fuera?”.

Durante los 80, esta artista viajó por varios países de Europa para recibir cursos y fue invitada a universidades estadounidenses por sus aportes a la danza contemporánea en Nicaragua, con su hija Nicole de la mano.

En 1980 fundó la Danza Contemporánea de Cámara en Nicaragua. “Siento que he aportado a la danza contemporánea en Nicaragua, no existía antes de los 80, yo aprendí con cubanos y mexicanos y por suerte seguí aprendiendo. Sí ha recaído sobre mi esta responsabilidad, lo que tenia que hacer era difundirlo”, refiere Bacon.

En 1995 presidió la Asociación de Danza Contemporánea. Tiempo después el mexicano César Delgado escribió el libro “Gloria Bacon, la Tersípcore negra”. En él hace una comparación entre la musa mitológica griega del canto y el baile y la historia de Gloria Bacon, una encarnando a la otra.

“Es halagador el libro que escribieron de mi, porque me imagino que ese libro lo estarán leyendo generaciones futuras, como referencia de la danza”, señala, mientras se pone seria y estira las piernas de una manera distinta. “Me da pena vivirlo, porque siento que me sitúan en un lugar que todavía no he conquistado. No me siento libre de cometer errores y meter la pata como para que me tengan en un libro de referencia”.

Sin apoyo institucional



Gloria Bacon dice sentirse afortunada de vivir haciendo lo que le encanta, impartiendo clases de danza contemporánea. “No se puede vivir de la danza en este país. Ningún artista vive de su profesión que es bailar y crear coreografías. Pero hay compañeros que tienen que dar clases de aeróbicos, de baile del vientre, etc. porque es lo que demanda la población. Siento que no hay una política cultural que ofrezca otra cosa. Si vos no ofrecés arte a la población, nadie lo va a pedir”.

Para Bacon, el Instituto Nacional de Cultura no reconoce la labor de los artistas en Nicaragua. “Cada año nosotros realizamos un festival de los artistas de la danza en Nicaragua. ¿Cómo lo hacemos? Es increíble, sin dinero, pero lo hacemos. No me puedo sentir representada por un Instituto que no puede ver la necesidad, el papel que juega el arte en el crecimiento espiritual de una sociedad”, insiste.

Mirando hacia atrás, la artista afirma que faltó formación artística en sus primeros años de la carrera, que esto se dejó a un lado por la difusión política. Sin embargo, es lo que para ella está faltando en la actualidad. “Eso es lo que le está faltando a la nueva generación, ver hacia adentro, y no estar viendo la moda, perdiendo nuestra identidad. Queremos estar igual que Europa, pero ellos no tienen la misma realidad social que nosotros.”


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Milena García, conductora de TV, cineasta y poeta
Pasión por lenguaje visual



Mide los libros con un lente musical: lleva la hipermedia por dentro, como parte de la generación de veintitantos años. “Estoy poniéndole video a mis poemas”, cuenta Milena García, periodista, conductora de televisión y cineasta, abriendo mucho los ojos cuando hace énfasis en algunas palabras.

Es uno de los rostros más conocidos de la televisión nicaragüense, como conductora del segmento TV Noticias del Mediodía, del Canal 2. Además, en ocasiones, participa con documentales en el gustado espacio La Tertulia.

Antes de pintarse, peinarse y ponerse un saco formal para aparecer en la edición del medio día, Milena ya estuvo haciendo lo que más le gusta toda la mañana: Trabajando en sus reportajes.

“Se me dio la oportunidad de hacer reportajes de temas que no están insertos en la cobertura diaria, desde hace como dos años, y ha sido una oportunidad para experimentar bastante en los temas y en la forma de narrar. Ha sido una experiencia enriquecedora”, ” comenta Milena García, quien precisamente ganó el segundo lugar de la primera edición del Premio Nacional de Periodismo “Pedro Joaquín Chamorro”, con un reportaje sobre la corrupción a lo largo de la historia nacional.

“Hago varios reportajes a la semana sobre temas diversos: arte, temáticas sociales, sobre las cosas que me llaman la atención a mi y mas o menos van con el perfil del programa, porque es una revista de entretenimiento”, dice, refiriéndose a La Tertulia, el espacio dominical que conduce Edgar Tijerino.

En la escuela de cine de GABO



Durante el colegio devoró libros y películas, sin dejar de un lado la música. “Es básicamente lo que yo quería, cuando estaba en el colegio, me llamaba mucho la atención el cine, así como la música y la literatura. Obviamente estudiar cine no era una opción para mí porque no existía aquí, no podía irme a estudiar fuera, porque mis notas eran muy bajas para conseguir una beca”.

Su opción fue estudiar Comunicación Social en la UCA, se graduó en el 2000. Luego se fue a Cuba a realizar un taller sobre realización de documentales, en la escuela Nacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños, de donde han surgido varios cineastas latinoamericanos. “Eso es todo lo que he estudiado”, dice riéndose.

En la universidad formó parte de una revista quincenal de poesía, “Universos”, publicada en conjunto con estudiantes de la UNI. “Una vez me publicaron algo en el Nuevo Amanecer Cultural, al año lo ví y dije ay no! Si hago algo me gusta revisarlo bien y darle mucho tiempo para ver si todavía me siento identificada con eso. Ahora no tengo interés en publicar”, señala refiriéndose a su faceta poética.

“Me gusta mucho la literatura hispanoamericana, los escritores del boom, pero además Milán Kundera. En el último año de universidad me aficioné más por la poesía… de Benedetti, de Jaime Sabines. Me gustan mucho”.

“En cuanto a música, me sigue gustando el rock en español en general, y el rock en general, escucho Gustavo Serati, Fito Paez, algunos grupos mexicanos como Café Tacuba, el Gran Silencio”, dice, mientras la conversación se va por otro camino.

“Perame, perame, qué era… qué era… hay otro grupo que me gusta, The Cure, también Cold Play”.

Parece que casi ninguna película de Stanley Kubrick se le ha escapado a Milena, pero ella dice que no lo ve para estudiarlo. “No tengo ninguna predilección en especial, veo casi todo, me parece que de todo se puede aprender: desde una película comercial hasta una de cine de autor”.

Experimentando con video



“Quisiera hacer video poemas con los textos que escribo. Estoy intentando hacer videos experimentales para consumo propio, para encontrar otra forma de expresión. Lo que estoy tratando de hacer es combinar textos que escribo con imágenes que visualmente me llaman la atención. Tengo una cámara chiquita de video y con mi computadora edito”, señala.

“No sé si dedicarme a eso más formalmente con el tiempo. Tengo ahí algunos amigos con los que hacemos algún intercambio, les muestro mis cosas”, dice y hace énfasis en su buena relación con Guillermo Solano, el editor y Zenelia Roiz, animadora del canal 2 y pintora destacada.

A finales del año pasado, el Ejército Videasta Latinoamericano, E.V.I.L organizó un taller de video experimental, coordinado por Ernesto Salmerón, a quien Milena no deja de mencionar por sus ataduras familiares y profesionales, son primos y al mismo tiempo comparten su interés por el cine.

“Estuvimos en un taller el año pasado, lo más interesante para mí, es que había un grupo de gente que también está interesada en el video, que quiere explorarlo como forma de expresión”, recalcando que no se necesita estudiar cine, se puede trabajar con video, porque de todas maneras en Nicaragua no hay recursos para trabajar en cine.

Para ella, lo más importante en un futuro es el aporte que se le puede dar al país, utilizando el medio audiovisual como una forma de enseñanza. “A veces a través de un reportaje, de un documental o de un video institucional si es difundido de la manera adecuada, es una herramienta educativa para gente que no tiene acceso a la educación formal”.

Milena sueña que en un futuro exista un centro audiovisual, donde se puedan apreciar los trabajos de artistas audiovisuales. Mientras llega ese momento, reparte su tiempo entre la conducción del noticiero estelar del mediodía de TV Noticias, sus documentales y sus videos experimentales.

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Karla Ibarra, propietaria de Velas artesanales “Caite”
Artesana de aromas



Roberto Fonseca

Si una palabra define a Karla Ibarra, ésa es audacia. Después de coronar la carrera de Ingeniería Química, Karla Ibarra optó por no buscar empleo fijo en ninguna empresa y fundó su propio negocio, Velas Artesanales “Caite”.

Casi cuatro años después, a base de tenacidad, creatividad y sacrificio, sus velas aromáticas hechas a mano, bajo la marca de “Caite”, son muy populares entre los usuarios de las ferias de artesanía, o bien, entre los clientes de los supermercados La Colonia, de la Policía Nacional, de La Casa del Café, de Mamá Delfina de la Tienda del Ejército.

“Las ventas de fin de año estuvieron mucho mejor que el año anterior, recibimos muchos clientes directos, que visitaron nuestra tienda-taller, además, tuvimos pedidos especiales”, comenta con satisfacción Karla Ibarra, una mujer de tez blanca, con características norteñas. Calcula con cierta timidez que las ventas de fin de año subieron cinco veces con respecto a las del año anterior.

“Hoy nos conoce más gente y estamos evolucionando hacia una mayor variedad de productos de calidad. Iniciamos con velas aromáticas, hoy ofrecemos además, inciensos, aceites, candelas y artesanía ligada a las velas. Es un paquete de regalo”, agregó.

Su nacimiento empresarial



Karla Ibarra, propietaria de Velas Artesanales “Caite”, no olvida la fecha en que asistió en calidad de expositora a su primera feria artesanal, celebrada en el Centro Cultural Managua. Fue el 26 de Mayo del 2001. De esa forma, trabajando, vendiendo sus productos y en contacto directo con sus clientes, ella celebró su cumpleaños y el nacimiento de su pequeña empresa.

“Al salir de la universidad, decidí montar un negocio propio porque no me atraía la idea de salir a buscar trabajo y que me ofrecieran C$2,000 de salario. Me gustaban las velas, así que empecé a leer muchísimos libros, revistas, y a través del Internet, para profundizar en el tema de las velas artesanales”, comentó.

Aplicando procesos aprendidos en la Universidad de Ingeniería, en la carrera de Ingeniería Química, Karla Ibarra junto a su antigua socia, elaboraron las primeras velas artesanales, hechas a mano. Fue un pequeño inventario de unas 30 unidades, las que sometieron a la prueba de mercado, en una feria íntima –de familiares y amigos—en Bello Horizonte.

“Les gustó el producto y nos compraron, ellos fueron nuestros primeros clientes”, relató Ibarra. Después montaron una similar en Jinotepe y finalmente dieron el salto grande, hacia los sábados artesanales en el Centro Cultural Managua, en las ruinas del antiguo Gran Hotel, promovidas por el INPYME.

Carrera exitosa



Karla, junto a su hermana Esther, son los rostros que identifican a la pequeña empresa Velas Artesanales “Caite”. Ellas están en contacto directo con los clientes y usuarios de las ferias artesanales que se siguen celebrando en el Centro Cultural Managua y que se han extendido ahora a Metrocentro y la Plaza Inter, bajo los auspicios de la cooperativa “Manos laboriosas”.

También exponen en las ferias organizadas por la Asociación de Productores No Tradicionales (APENN) y en las de Distribuidores y Mayoristas (APRODICNIC), de donde salió la oportunidad para exportar a Belice y para vender en los supermercados La Colonia, junto a productos similares de origen nacional y extranjero.

“La vela artesanal es distinta, es un artículo único. Buscamos que tenga un toque distinto, un sello especial”, señaló Ibarra. “Siempre jugamos con los colores, nunca verás los mismos en nuestras velas”, añadió orgullosa.

En los inicios empresariales, producían 20 velas artesanales a la semana. Hoy día, como resultado del crecimiento de la demanda y de una audaz estrategia de mercadeo (marketing), la demanda ha crecido y producen alrededor de 600 velas semanales hechas a mano.

La variedad también ha aumentado y se nota en la sede de la empresa, ubicada en los alrededores del puente León, en Monseñor Lezcano. En el pequeño local de ventas se observan ahora muchísima variedad, incluyendo velas en madera, en candelabros metálicos, cascarones con velas flotantes, en formas redondas, trinangulares o cuadradas, entre otras. También con flores deshidratadas por ellas mismas. Incluso, para los muy “patriotas”, hay rellenas con frijoles y maíz.

Además hay velas para candelabros, cien por ciento hechas a mano, a la manera antigua, para una cena a la luz de las velas.

“Mi producto es bien gustado, nuestra calidad es óptima y seguimos creando, probando aromas. Queremos exportar en un futuro a Estados Unidos y Canadá, ahí vemos un mercado de oportunidades”, concluyó.


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Isolda Espinosa, economista y consultora nacional
Tomando el pulso a la mujer



Tiene 45 años, 3 hijos, 1 postgrado, 1 maestría, e infinitos proyectos en mente. Pero las cifras por las que trabaja todos los días equivalen a todas las mujeres de Nicaragua. Isolda Espinosa, consultora, ha colocado en la agenda nacional, a través de investigaciones sociológicas, el peso del trabajo de las mujeres en Nicaragua, el cual no es remunerado, ni tomado en cuenta en estadísticas nacionales.

“Los hombres y las mujeres no somos iguales biológicamente. A pesar de estas diferencias, es necesario que tengamos los mismos derechos y oportunidades”, reflexiona Isolda Espinosa, consultora nacional de Naciones Unidas.

Su último trabajo, en el que fungió como consultora, se titula “Uso del tiempo entre los y las nicaragüenses” y en éste se evidencia la carga económica que llevan las mujeres sobre sus espaldas.

Isolda Espinosa reconoce muchas influencias en su interés por esta área. Primero, su educación secundaria en el colegio Teresiano y segundo, su mamá, quien “no es una mujer con muchos estudios académicos, pero siempre nos inculcó valores de la dignidad de la mujer, de siempre velar por nuestras necesidades, que estudiáramos para que fuéramos independientes”.

Explica con humor cómo la vida la llevó a motivarse cada vez más a investigar el trabajo de las mujeres: “me casé, cuando nació mi hija mayor, mi marido no quería compartir responsabilidades conmigo en la casa los fines de semana. Los dos trabajábamos en la semana, lo justo era que él ayudara. No había manera. Hoy estamos separados”.

La sobrecarga a la mujer



Entre los resultados de los estudios hechos por Espinosa, se ha descubierto que las mujeres están siendo empleadas cada vez más en el trabajo productivo (o sea, el trabajo fuera de la casa, con remuneración). Esto es bueno y al mismo tiempo no, porque también han aumentado las sub-contrataciones.

Las políticas públicas no toman en cuenta el 44% que aportan las mujeres al PIB. El “estudio acerca del uso del tiempo de los y las nicaragüenses”, que salió bajo el sello del INEC, reveló que las mujeres de los hogares modernos son las que trabajan más horas: 16 al día, tomando en cuenta el trabajo productivo y reproductivo.

“El objetivo de mis estudios es construir una sociedad más justa, que se borren las tradiciones desiguales de poder: no pasar de dominadas a dominar, sino igualdad”, afirma y agrega que no se han hecho estudios acerca de cuál es la demanda laboral en general, solamente de quiénes están trabajando en qué y por qué.

“Tengo previsto trabajar con Sonia Agurto para analizar el tema de la flexibilización del mercado de trabajo, de la libertad de contrato y despido de parte de los empleadores”. Este no es un tema de género, pero Espinosa dice que ese tema es transversal en todas las investigaciones.

Investigadora por casualidad



“Estudié Economía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, de tal manera que parte de la carrera yo la estudié en la UNAN de antes de la revolución, cuando era el centro de toda la efervescencia política: por ejemplo, yo estaba ahí cuando la guardia entró, violando la autonomía universitaria”, recuerda.

En el 89 fue a Argentina a hacer un postrado en Planificación política y desarrollo agropecuario. Luego en el 90 estudió una Maestría en planificación, evaluación de proyectos de comunicación.

“La verdad es que yo comencé a trabajar en investigación por el tema del cooperativismo agropecuario con la escuela de Economía Agrícola, donde había un programa de investigación”, relata y añade que entró por casualidad.

“Comencé a trabajar el tema de género en CRIES, ellos habían decidido iniciar una investigación sobre género y economía, vi el anuncio en el periódico. Yo siempre había tenido una posición beligerante en relación a los derechos de la mujer , pero no había trabajado en género. Parece que eso no fue un problema y me aceptaron”, comenta.

Motivada por la justicia



“Ha sido difícil criar a mis hijos con ciertos valores. Yo no quería comprarle espadas a mi hijo Daniel, luego lo veía con el vecino, jugando con pistolas de plástico y cosas así”.

Valora que los medios influyen mucho en el intento de que los hijos aprendan a valorar a igualdad de género. “Mi mayor motivación es la justicia, porque la responsabilidad del trabajo doméstico es meramente femenino y esa responsabilidad debe ser equitativa”, comenta con seriedad.

Sus planes futuros incluyen involucrarse en la docencia, así como en investigación en género y estadística. “Siempre me ha gustado el mercado de trabajo, desde que estoy en secundaria. Me gustaría estudiar algo relacionado con mercado de trabajo y estadística”, concluye.