24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoIvonne Acevedo

En las calles, semáforos y mercados de Managua, así como en el interior del país, deambula una gran cantidad de vendedores de CD, DVD y otros productos digitales, que contienen películas, música y hasta videojuegos.
Al comprarlos, el cliente está más que claro que el producto es una copia ilegal o pirata, pero eso no detiene a miles de consumidores, que optan por adquirir una copia días o semanas antes de su estreno en los cines locales.

Alberto es un joven discapacitado. Sin disimulo alguno confiesa que entre las múltiples actividades que realiza para generar ingresos, vende copias piratas, principalmente de películas y de música, “para satisfacer a todos los gustos”.

Profesionales de ambos sexos, profesores, estudiantes, vendedores, amas de casas, todos sin distinción alguna coinciden al afirmar que cuando le compran a Alberto un “estreno” o una colección de su música preferida, no están llevando lo mejor en calidad, pero si están logrando un buen ahorro, que tomando en consideración la precariedad de los bolsillos de los nicaragüenses, es lo que importa.

En este juego de compra y vende, también Alberto logra beneficiarse, ya que con los ingresos que le genera este pequeño negocio, compensa la pensión de C$ 500 mensuales que recibe del INSS por su condición de víctima de guerra y así aporta más a su hogar, conformado por su esposa y su pequeña hija.

Al igual que Alberto, miles de personas en Nicaragua optan por vender productos piratas como una forma de sufragar sus necesidades ante la falta de oportunidades laborales. Una de las definiciones que más logra englobar esta actividad, es la que considera a la piratería como la elaboración de productos que imitan a los originales o la existencia de reproducciones no autorizadas por sus autores, que son comercializadas, evadiendo el pago de los respectivos derechos.

La globalización, el internet y los avances tecnológicos continúan provocando un cambio significativo en las dinámicas de los mercados, creando nuevos productos digitales y facilitando la comercialización masiva de productos piratas.

Beneficios para unos…



El mercado laboral de Nicaragua se caracteriza por la precariedad del empleo, dado que gran parte de la PEA realiza un sinnúmero de actividades para generar ingresos. Datos oficiales indican que el 63.3% de la PEA está inserta en el mercado informal porque es la única alternativa para hombres y mujeres que no absorbe el mercado formal.

De igual manera, desde el punto de vista de los consumidores, la piratería es una opción para acceder a los productos audiovisuales (DVD, CD, etc.) a un precio módico. Según las estadísticas, el 67.7% de la PEA gana menos del costo de la canasta básica y aproximadamente 80% de los ingresos están destinados a la compra de alimentos, por lo que un bajo porcentaje podría desembolsar C$ 300 por un CD original de música.

Por otro lado, una familia promedio en Nicaragua está integrada por 5 personas y con un precio de la entrada al cine de aproximadamente C$ 57.00 por persona, un viaje al cine en familia costaría C$ 285.00, equivalente al precio de la categoría de perecederos de la canasta básica.

Cuando los consumidores hacen el balance de costo/beneficio, pagar 25 córdobas por la última película de la trilogía de Spiderman en DVD pirata (semanas antes de su estreno en el cine), frente a 500 córdobas por la versión original, la piratería se torna una alternativa viable, independientemente de su calidad y procedencia.

Alberto reconoce que el producto es una copia ilegal, pero afirma tiene obligaciones, entre éstas alimentar a su familia, la ilegalidad no le plantea dilema alguno, simplemente no es un factor a considerar, ya que por encima de todo él es honesto con los compradores, porque éstos ya saben que el producto es pirata y que la calidad es inferior, “ellos deciden venir y comprarlo, yo no los engaño”.

¿…Perjuicios para otros?



Los artistas y las casas productoras son los principales afectados con las prácticas de piratería. Los primeros se encargan del proceso de creación, concibiendo ideas que son consideradas como acervos culturales que posteriormente son reproducidos por la industria. Las ganancias de estos actores están en dependencia del nivel de ventas del producto original, por lo que al “piratear” y distribuir una copia ilegal de su obra, se ven mermados sus ingresos potenciales.

De acuerdo con estimaciones internacionales, el comercio internacional de productos piratas y falsificados alcanzó la cifra astronómica de US$ 200 mil millones (billones), en 2005, sin incluir los productos digitales que fueron bajados directamente de Internet.

Los índices de piratería han mostrado una tendencia creciente en todo el mundo y Centroamérica no es la excepción. Datos del último informe de Business Software Alliance (BSA) para el año 2006, muestran que en el caso de los programas informáticos o software, por ejemplo, la tasa de piratería en la región se aproxima al 77%, siendo El Salvador el país que ostenta la tasa más elevada con 82%, seguido de Guatemala y Nicaragua, con 81 y 80%, respectivamente.

Según estas estimaciones, las pérdidas monetarias en el 2006 alcanzaron US$ 27 millones en Costa Rica, US$ 26 millones en Guatemala, US$ 18 millones en El Salvador y US$ 7 millones en Honduras y; US$ 4 millones en Nicaragua. En este último, el monto presentó una variación porcentual del 100% de un año a otro. (Gráfico)

Estas cifras únicamente corresponden a la industria de software instalados en computadores personales. Si se lograra cuantificar en Nicaragua las pérdidas por la compra de DVD, CD, libros, medicamentos y todo aquel bien que puede ser objeto de copia, las pérdidas podrían superar fácilmente los 10 millones de dólares, ya que se traducen en perdidas fiscales para el estado, de ingresos para las comercializadoras y las empresas creadoras de los productos.

En el Tercer Congreso Mundial sobre la lucha contra la piratería y la falsificación, que se llevó a cabo a inicios de este año, se calcula que los costos económicos ocasionados por la piratería y la falsificación ascienden a US$ 100,000 millones de dólares anualmente. Asimismo se estima que aproximadamente los productos piratas ocupan el 8% del comercio mundial.

El dilema del consumidor



Una de las principales causas de la piratería es la poca capacidad adquisitiva de la población que no puede pagar los elevados costos del material original. En este proceso de decisión influyen una serie de elementos que van desde variables económicas hasta factores subjetivos como las preferencias, cultura, hábitos, etc.

Elena es estudiante de Medicina y también es una de las tantas consumidoras de películas pirateadas, al preguntarle porqué opta por estos productos, la respuesta fue simple “son más baratos”. Además de esto agregó que estos productos son de fácil acceso, se encuentra a vendedores de DVD y CD pirateados al salir del hospital, en la entrada de la universidad y camino hacia su casa.

Al recordarle que la compra de productos pirateados es ilegal y que podría conllevar a una penalización, Elena responde con una sonrisa que aquí nunca la multarían por comprar estos productos, ya que simplemente este tipo de sanción no se aplica en el país, “si estuviera convencida de que comprar estas copias me originaría algún problema… lo pensaría”.

Defensa de la propiedad intelectual



Las últimas décadas han mostrado el carácter global de la economía, lo que ha originado que en términos de propiedad intelectual se cree un marco legal aplicado de manera universal para que estos derechos sean respetados por todas las personas en todos los países.

A través de la OMC se han suscrito los TRIP (Trade Related Aspects of Intellectual Property Rights), de forma que sean aplicados en el comercio internacional.

Los TRIP forman parte del tratado multilateral sobre Propiedad Intelectual, el cual abarca aspectos relevantes sobre las industrias cinematográficas, de software y químico-farmacéutico de los países desarrollados del mundo.

En las ediciones 70 y 166 de esta publicación, se abordó la evolución y el proceso en que el se sumergió el país para brindarle protección a la propiedad intelectual. En estos, se desataca la importancia del marco jurídico a pesar de las debilidades existentes, ya que esta temática tiene relación directa con el comercio y la inversión.

En Nicaragua existe un marco legal que protege la propiedad intelectual, pero que no se cumple a cabalidad en el país. La Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos (312), la cual forma parte del paquete de leyes que integran la Agenda Complementaria del CAFTA-DR, en los artículos 101-112, se definen sanciones que se implementarán en el caso de que se incurra en acciones que estén en contra de la propiedad intelectual.

La ley tipifica como violación a los derechos de autor toda actividad que fabrique, distribuya, venda o alquile una obra sin previo consentimiento del autor y; las sanciones van desde 3 años de cárcel hasta una multa entre C$ 3,000 y C$ 25,000.

Los miles de vendedores ambulantes que distribuyen y ponen a la venta las copias piratas, se enfrentan al riesgo de ser penalizados por la ley, sin embargo, ya sea por la falta de conocimientos sobre el marco jurídico o por la falta de aplicación, no cumplen con estas disposiciones y tampoco parece importarles demasiado.

El fenómeno de la “piratería” afecta en cierta manera a unos y otros agentes. Para las pequeñas empresas, los creadores y artistas que no están integrados en los monopolios de producción, representa una verdadera amenaza para sus ingresos.
Por otra parte, las empresas discográficas y cinematográficas ven disminuida su rentabilidad, pero no representa aún una amenaza a su sobrevivencia.

Para los miles de vendedores informales, significa una fuente de ingresos para sufragar los costos de vida y para los consumidores es una opción factible de intercambio cultural a un precio favorable.

Ante este nuevo escenario, los artistas, productoras y compañías distribuidoras deben considerar la transformación de los medios tradicionales de comercialización, porque la tecnología y la Web han modificado completamente los esquemas de consumo, facilitando el acceso a estos productos. El reto de los creadores y de las casas productoras es poder innovar y así adaptarse a la nueva situación, revisar la estructura productiva y de precios y mejorar la tecnología.