24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

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FotoEnrique Alaníz C.

En una investigación reciente, utilizando datos de la encuesta La Situación y Condición de los Hogares Nicaragüenses desde una Visión de Género, realizada por FIDEG en el 2006 y aplicando la metodología Oaxaca-Blinder, se encontró que de cada 100 córdobas de la brecha de ingreso a favor de los hombres, en el mercado laboral nicaragüense, 92 córdobas son producto de la discriminación por sexo.

El resto –ocho córdobas-- se debe a las diferencias en el capital humano entre ambos, o sea, los niveles de educación, capacitación y experiencia, de acuerdo a los datos de la encuesta La Situación y Condición de los Hogares Nicaragüenses desde una Visión de Género, realizada por FIDEG y aplicando la metodología Oaxaca-Blinder.

Sin embargo, tomar una muestra alzar de la población en edad de trabajar para calcular el ingreso medio de los hombres y compararlo con el ingreso medio de las mujeres, es una condición necesaria pero no suficiente para llegar a la conclusión de que existe discriminación por sexo en un determinado mercado laboral.

Ronald Oaxaca y Allan Blinder, en 1973, propusieron descomponer la brecha salarial entre hombres y mujeres en dos partes, una que es explicada por diferencias de dotación de capital humano y otra explicada por la discriminación. La metodología Oaxaca-Blinder se basa fundamentalmente en la estimación del ingreso en función de la educación, la experiencia y el tiempo trabajado.

Según los datos de la encuesta de FIDEG, la inversión en capital humano es más rentable para los hombres que para las mujeres en el mercado laboral nicaragüense, ya que la tasa de retorno de la educación es 11.8% para los hombres y 7.8% para las mujeres.

Asimismo, se encontró en el estudio que las mujeres alcanzan su ingreso máximo antes que los hombres, por ejemplo, una mujer graduada de la universidad alcanza su ingreso máximo a los 31 años, mientras un hombre con el mismo nivel educativo lo hace a los 59 años.