24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

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FotoRoberto Pizarro*


Economía de mercado con Estado mínimo, apertura económica al mundo y riguroso equilibrio fiscal, son los ejes del modelo neoliberal. Tras 20 años de estrategias de desarrollo basadas en este modelo, sus resultados son desastrosos en América Latina.

Los indicadores económicos y sociales de todos los organismos internacionales revelan la baja tasa de crecimiento, la pobreza, las desigualdades y tensiones políticas en la región. Chile, en cambio, se muestra como la excepción, con buen comportamiento económico y reducción de la pobreza, aunque persisten las desigualdades y la vulnerabilidad social.

Curiosamente, la reestructuración económica aplicada bajo el régimen de Pinochet fue menos neoliberal de lo que parece, al menos en lo que compete a la intervención estatal en la economía. En realidad, desde mediados de los 70 y hasta comienzos de los 90 se aplicaron generosas políticas de apoyo estatal a la producción y a las exportaciones, contrarias a la libertad de mercado.

El reintegro simplificado a los exportadores, hoy eliminado, apoyó a las pymes. Los subsidios a la plantación de bosques permitieron potenciar el sector maderero y la celulosa. El éxito de las exportaciones de salmón tiene una gran deuda con el sector público, pues la Fundación Chile financió la investigación tecnológica para hacer viable su explotación. Las empresas constructoras están prácticamente exentas del pago de IVA desde hace 30 años.

Paralelamente, las privatizaciones -sin transparencia alguna- fueron un virtual subsidio que favoreció al empresariado pinochetista. La crisis de 1982-1983 fue salvada con recursos públicos, para beneficio de los banqueros. La minería privada del cobre ha tenido el gran beneficio de la depreciación acelerada, junto a la aceptación complaciente del juego intracorporativo, lo que le ha permitido eludir los impuestos. Y, lo más importante en beneficio del empresariado, un código laboral para impedir la negociación sindical y una represión implacable, favorecieron la ganancia patronal en las negociaciones salariales.

Entonces, no fue el mercado libre y neutral el que fundó las bases de la expansión económica. Ni tampoco el Estado mínimo. Lo que existió fue un proyecto pro-empresarial, con un Estado intervencionista y discriminador, que permitió una "acumulación primaria", originando la inédita emergencia de poderosos grupos económicos nacionales y extranjeros.

A éstos les fue más útil el Estado que el mercado en esa época. El mismo Estado, al poner fin a las políticas sociales universales, ayudó al empresariado a extender sus actividades a la seguridad social, la salud y la educación, convirtiéndolas en lucrativos negocios.

Los gobiernos democráticos, en vez de restituir el equilibrio de poder en la sociedad, optaron por debilitarlo. Así, desde los `90 tenemos la paradoja de que se han reducido los subsidios y se ha renunciado a las políticas de promoción a la producción y a las exportaciones, lo que en el marco de una potente demanda China por recursos naturales, acentúa el peligro de aumentar nuestra especialización en actividades de bajo valor agregado.

Segundo, la alta mortalidad de las pymes encuentra gran parte de su explicación en esa política de "neutralidad del Estado" (y no en el argumento de Pérez de Arce sobre la inflexibilidad laboral), que ha sido ciega ante la alta tasa de interés que se les cobra.

Tercero, a pesar de la manifiesta evidencia de que la regulación a los flujos de capital es potente para reducir la vulnerabilidad externa, se ha optado por una liberalización completa de la cuenta de capitales, acelerando una apertura indiscriminada según la moda de Wall Street y el FMI.

Cuarto, en vez de regular los monopolios, el Estado ha sido complaciente con la concentración patrimonial, no ha facilitado la libre competencia y ha puesto en la indefensión a los consumidores.

Quinto, la debilidad de los sindicatos ha crecido, debido a una legislación que promueve la externalización, limita la negociación colectiva y no tiene eficacia fiscalizatoria.

En consecuencia, la corrección del modelo a la que se viene llamando, no podría eludir la recuperación del Estado para colocarlo -de verdad y no retóricamente- al servicio de los débiles y ayudar así a fortalecer el poder de éstos en la sociedad.

*El autor es Economista, ex ministro de Planificación del Gobierno de Chile del Presidente Eduardo Frei Ruiz, Asesor Económico de la Dirección de Asuntos Económicos Bilaterales del actual Gobierno de Chile y asesor del Ministerio de Comercio Exterior del Gobierno de Nicaragua entre 1980 y 1990.