24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


Ivonne Acevedo

Para los jóvenes de 18 a 29 años de edad, el empleo significa independencia y libertad para decidir sobre sus vidas. Desafortunadamente, las oportunidades laborales disponibles para millones de jóvenes en el mundo son limitadas, situación que se acentúa más en los países en vías de desarrollo.
Actualmente, en el mundo viven 1, 300 millones de jóvenes, y es en este segmento de la población donde se encuentra la mitad de desempleados de todo el planeta. Según datos de la OIT en el 2005, el 13,5% de los jóvenes está desempleado, es decir, buscan trabajo pero no lo encuentran.

En América Latina, habita el 9% de la población joven del mundo y ésta representa en la región el 26,9% de la población en edad de trabajar, siendo la tasa promedio de desempleo juvenil de 16,6%. Además, según datos de la CEPAL el empleo informal urbano en América Latina fue de 51% en el 2005, registrando un 80% de jóvenes en este sector. Dichos datos reflejan que los países en desarrollo no han podido generar empleos dignos para los jóvenes, representando la más clara señal de que el crecimiento económico que registran muchas de las naciones latinoamericanas, no necesariamente, representa un aumento en el desarrollo económico de la población, es decir, que no se traduce en una mejoría del nivel de vida de sus habitantes, en este caso, de los jóvenes.

La Juventud Nicaragüense y el desempleo



Nicaragua no es ajena a este panorama, su población joven representa el 30% de la población total, lo que equivale a 1, 219,936 jóvenes, todos en edad de trabajar. Del total de jóvenes en el país, según estadísticas oficiales, el 62% conforman la PEA, juvenil y el 91% de ésta está ocupada, dicho valor, aunque para muchos sea alentador no refleja la calidad de los empleos ni los ingresos recibidos. Por esta razón el indicador más significativo es la Tasa General de Desempleo de los Jóvenes que es del 43%, es decir que poco menos de la mitad de los jóvenes en edad de trabajar no tienen un empleo que les genere ingresos para poder sobrevivir, y aquellos que sí tienen trabajo no generan los ingresos suficientes para salir de la pobreza.

Esta tasa de desempleo tan alta origina un rezago económico de nuestro país en comparación con los demás, pues está directamente relacionado con los niveles de pobreza, de educación y con la capacidad productiva de la nación.
Las consecuencias del desempleo son catastróficas para Nicaragua, ya que la falta de un empleo con condiciones laborales adecuadas genera en los jóvenes frustración lo que los impulsa migrar hacia otros países en busca de mejores oportunidades para ellos y sus familias. Esta “fuga de cerebros” representa una pérdida de capital humano y por lo tanto de agentes que impulsen el desarrollo del país.

En repetidas ocasiones se escucha que los jóvenes son el futuro de Nicaragua, y que sobre ellos recae la responsabilidad de reducir la pobreza y de mejorar la calidad de vida de todos lo ciudadanos pero esto se convierte cada día en una utopía más que en la realidad. En el articulo del año 2003 “Los Elegidos” de nuestra Edición No. 136, se recoge, en base un estudio de las Naciones Unidas, que para el año 2015 la población que en ese entonces era menor de 14 años, se concentrará en edades laborales, aumentando el potencial productivo de país, pero es ahora y la cantidad de jóvenes aumenta de manera geométrica y los empleos de forma aritmética, acentuando los niveles de pobreza y retraso socio-económico.

Asimismo, las exigencias del mercado laboral no están acorde con la realidad pues el perfil de los puestos de trabajos que demandan las empresas tanto privadas como públicas no están dentro de un marco razonable, ya que solicitan jóvenes entre 22-25 años con tres o más años de experiencia en trabajos similares, cartas de recomendación entre otros requisitos. Por lo tanto, un joven recién egresado se inserta al mercado laboral con condiciones competitivas desfavorables, dado que son pocas las empresas que brindan oportunidades a jóvenes sin experiencia producto de la desconfianza. El resultado de este escenario culmina en cientos de jóvenes, que por necesidad laboran en puestos que no tienen relación alguna con su campo profesional y que les lleva a preguntarse si la inversión en su educación valió la pena.

Educación como estrategia de desarrollo



Dentro de este contexto, la inversión en educación constituye la herramienta fundamental para el desarrollo económico del país. No solo se debe tomar en cuenta aquellos jóvenes que tuvieron orpotunidades de ingresar a la universidad, y no han encontrado trabajo, sino aquellos que no trabajan ni estudian. Según datos de la encuesta del INEC para la medición del empleo 2005, se estima que el 14.3% de los jóvenes no tienen ningún grado de preparación escolar, y solo un 12% logra culminar sus estudios universitarios. Por otro lado, el 65.3% de la población que trabaja en el sector informal solo han culminado su educación primaria, o no tienen preparación alguna, indicándonos el segmento de mercado al que está destinado gran parte de la población.

Estos bajos porcentajes son un indicador que refleja el bajo nivel de vida de la población, por lo tanto, si el principal motor para generar el desarrollo no cuenta con las condiciones necesarias para canalizar sus conocimientos hacia actividades y acciones productivas, difícilmente se estimulará el crecimiento económico, originando un círculo vicioso de pobreza. Sin mano de obra calificada el país no va a generar empleo productivo sino que la aspiración de muchos jóvenes serán empleos con largas jornadas laborales, baja remuneración, y con poco potencial de desarrollo.

De igual manera, el Estado y la empresa privada juegan un rol determinante para impulsar el desarrollo de los jóvenes. El marco regulatorio ya existe, la Ley No. 392 “Ley de Promoción del desarrollo integral de la juventud” estipula que debe contratarse tanto a nivel estatal como privado, como mínimo el 30% de mano de obra juvenil, pero todavía no se ha establecido una política de empleos congruente que garantice la inserción de los jóvenes al mercado laboral.

En los próximos años uno de los mayores desafíos para Nicaragua es reducir el desempleo de los jóvenes. Pero el reto es, si habrá suficientes oportunidades de empleo para todos los que deben de incorporarse al mercado de trabajo y si dicho empleo será decente y productivo. Si esto no llegase a suceder, el principal “producto” de exportación del país serán los miles de jóvenes que migrarán a otros países en busca de oportunidades que no encontraron aquí, sujetos a sufrir un sin número de calamidades y explotando capacidades que pudieron haber sido aprovechadas para el progreso del país el cual seguirá siendo prisionero del subdesarrollo y la miseria.