24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

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FotoAdelmo Sandino

Jean Clavreul, estudiante de biología de la Uniersidad Católica de la Nueva Lovaina, Bélgica, visita con frecuencia una tienda particular en el interior de la universidad. Se trata de Make Trade Fair, una de muchas tiendas solidarias de Oxfam Internacional. Alli se comercializa café, té, miel, chocolates, flores, artesanías, vestuarios entre otros productos, todos provenientes de países en desarrollo. Esta vez Jean anda en busca de café, porque este fin de semana su tiempo de estudio se prolonga por la temporada de exámenes.

Al otro lado del mundo, a más de 9,000 kilometros de Lovaina, Mariano Centeno, productor de café orgánico de Jinotega, acelera la revisión de su pequeña finca porque en cualquier momento una delegación de inspectores llegara a ahacerle una visita con el objetivo de aprobar la renovación de la certificación, que le hará meritorio para vender su café bajo el sello Fairtrade (Mercado justo).

Es muy improbable que Jean y don Mariano se lleguen a conocer, pero algo comparten en común: satisfacción. Por su lado, Jean está seguro de que el alto precio que paga por el café de calidad que consume contribuye a mejorar las condiciones de vida de muchas personas; pues de otra forma el diferencial lo equipararía algún intermediario mezquino en el mercado.

Por su parte, don Mariano se siente recompensado al recibir un mejor pago por su café, cuyo precio se mantiene por encima del precio internacional, con la condición de cumplir con determinados programas sociales y mantener los estándares de calidad. Todo esto es posible gracias al comercio justo.

Comercio: ¿solución a la pobreza?



La impopularidad del modus operandi del comercio convencional en todos los rincones del planeta, mayormente visible en un sinnúmero de protestas y demandas en contra las rondas de la OMC y de la negociación y aplicación de decenas de tratados de libre comercio, ha puesto en duda la efectividad de las políticas de comercio internacional para combatir la pobreza en el mundo.

Las cifras hablan por sí mismas. Según estimaciones de Oxfam Internacional, si África, Asia Oriental, Asia meridional y América Latina logran incrementar en 1% su participación en las exportaciones mundiales, las ganancias resultantes, a través del ingreso, podrían sacar de la pobreza a 128 millones de personas.

Cuando los países en desarrollo exportan a los mercados de los países ricos, se enfrentan a barreras arancelarias y no arancelarias que son cuatro veces superiores a las encontradas por los países ricos. El mantenimiento de estos obstáculos les cuesta a estas regiones 100 mil millones de dólares al año, dos veces más de lo que reciben en ayuda externa.

Estas paradojas han hecho que múltiples organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y políticos, incluyendo a las Naciones Unidas, renueven el interés de desarrollar un mecanismo que promueva una relación comercial justa entre productores y consumidores. Llamado comercio justo, este mecanismo aun en evolución se presenta como una alternativa de crecimiento y desarrollo sostenible para los excluidos de la globalización.

¿En qué consiste el comercio justo?



El comercio justo (Fairtrade) es una iniciativa para crear canales comerciales innovadores, dentro de los cuales la relación entre las partes (productores, instituciones solidarias y consumidores) se orienta al logro del desarrollo sostenible económico, social y ambiental de la oferta (productores), respetando la idiosincrasia de los pueblos y los derechos humanos básicos.

El comercio justo es impulsado y practicado por millones de personas solidarias en diversas partes del mundo. Las llamadas Tiendas del Tercer Mundo, son un medio para cumplir con su rol decisivo, a través de voluntarios que apoyan en la venta de productos como café de Colombia, ron de Cuba, miel de Chiapas, quinua de Bolivia y Perú, etc.

De esta manera los objetivos del comercio se resumen en sies puntos: 1) Garantizar para los trabajadores o trabajadoras un salario justo; 2) Mejorar las condiciones de seguridad e higiene del lugar de trabajo; 3) Fomentar la igualdad de oportunidades para las mujeres; 4) Proteger los derechos de los niños; 5) Salvaguardar las minorías étnicas; 6) Preservar el medio ambiente.

La red más representativa a nivel global sobre comercio justo lo constituyen las organizaciones internacionales de etiquetado (sello) de comercio justo (FLO, por sus siglas en ingles), como Max Havelaar, TransFair y Fairtrade Foundation, entre otras, que de forma activa apoyan a los productores de países en desarrollo, difunden el comercio justo y; emprenden campañas para cambiar las reglas y prácticas del comercio convencional a nivel internacional.

Actualmente existen 20 Iniciativas del sello, principalmente en Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, las cuales autorizan el uso del sello Internacional de certificación de Comercio justo (Fairtrade) en productos al consumidor y promocionan el comercio justo en sus respectivos países. La contraparte, llamada redes de productores, representa a organizaciones de productores con productos certificados Fairtrade en Latinoamérica, África y Asia.

Certificación Fairtrade



El comercio justo bajo la Certificación de FLO funciona a través de un proceso de certificación, la cual es realizada por una organización autónoma, FLO-Cert, quien, entre otras actividades, coordina todas las inspecciones de los productores y comerciantes. Esta es una compañía internacional de certificación independiente, que ofrece sus servicios en más de 70 países.

Los costos dependen del tamaño de la organización. Para organizaciones de productores de primer grado, las cuotas de FLO-CERT se consideran cuotas fijas que incluyen, a menos que se indique lo contrario en la factura, todos los costos relacionados con el servicio de certificación y los gastos de viaje de las inspecciones en el terreno.

A las organizaciones de primer grado de pequeños productores que soliciten la Certificación Fairtrade (en su primer año) se les cobra una cuota fija de € 250 por el servicio de solicitud. La cuota básica inicial depende a su vez del número de miembros, oscilando entre € 1,400 y € 3,400. Para organizaciones de segundo o tercer grado, los costos son mayores.

Para formar parte de la iniciativa de comercio justo Fairtrade, se deben de cumplir con criterios muy definidos. Estos se constituyen como una garantía para obtener un precio mínimo considerado justo, es decir que cubra los costos de una producción sostenible. Los criterios además son una especie de prima de seguro, respecto a que el productor invertirá en proyectos que mejoren su desarrollo social, económico y medio ambiental. La certificación depende en última instancia del cumplimento de todos los criterios de comercio justo que son continuamente controlados.

Integración de productores al mercado



La certificación se constituye como una herramienta poderosa para acceder a los mercados. A través de ésta, los productores desde diversas formas organizativas han integrado un sistema de gestión que contempla trazabilidad, inocuidad de alimentos y buenas prácticas agrícolas. Además, esto permite generar mejores condiciones para acceder al mercado de productos y convertir sus fincas en destinos turísticos.

En los últimos siete años, el número de organizaciones participando en el comercio justo se ha triplicado. En Centroamérica existen unas 14 organizaciones, generalmente uniones de cooperativas de café, que operan bajo el comercio justo. En Nicaragua organizaciones con el sello FLO son la Asociación Aldea Global Jinotega, Unión de Cooperativas Productoras de Café Orgánico (UCPCO), Cooperativa Multisectorial de Productores de Café Orgánico (Coomprocom).
Las ventas de productos certificados de Comercio Justo Fairtrade han crecido un promedio anual de 40% en los últimos cinco años. En el año 2007, consumidores en todo el mundo compraron productos Fairtrade por un valor que superó los 2,300 millones de Euros; lo que supone un incremento del 47% con respecto al año anterior.

El caso de Prodecoop



La central de cooperativas de servicios múltiples, R,L, (Prodecoop) pionera en la producción de café orgánico en el país, cuenta con una membresía de 40 cooperativas de base o de primer grado, las cuales a su vez cuentan con una membresía de 2,300 pequeños productores de café, quienes se asientan a lo largo de 100 comunidades rurales, de diez municipios, en tres departamentos del Norte del país.
A mediados de la década pasada Prodecoop, constituida como ONG, nació como una comercializadora para dar respuesta a la necesidad de cientos de productores de vender sus cosechas de café, en ese entonces el eslabón de la cadena menos desarrollado.

En ese momento, soportes importantes fueron, y han sido, el comercio justo y la cooperación internacional solidaria, relató a El Observador Económico Merling Preza Ramos, actual Gerente General de Prodecoop. Preza Ramos asegura que el fin último de Prodecoop es mejorar la calidad de vida de sus agremiados y el de sus familias. En ese sentido expresó que los precios de venta alcanzados, está haciendo que el productor al final de cada ciclo tenga un mayor volumen de ingresos.

Sin embargo, estos ingresos aún son insuficientes para que un 77% de las familias campesinas superen la línea de pobreza. “Superar esta línea es y debe seguir siendo nuestro reto y gran meta”.

Una manera de cómo lo están haciendo es a través del acceso al mercado por medio del comercio justo. En los dos últimos ciclos, 2005/06 y 2006/07 las ventas de Prodecoop se concentraron en más de un 80% en el mercado de comercio justo, siendo el mercado estadounidense el principal destino con una participación del 58%, seguido de Europa con un 31% en el año 2007.

Según Ecomercados, un proyecto con presencia en Centroamérica y financiado por la embajada de Suiza, en alianza con organismos de agricultura y mercados sostenibles, la venta de de productos orgánicos y de comercio justo en el mercado estadouniense tiene un crecimiento anual del 20%, con volúmenes superiores a los US$ 10,000 millones. Para Canadá la cifra asciende a más de US$ 1,000 millones. En el caso del mercado europeo se estima que creció 11% en 2007.

Sin embargo, a pesar de las buenas perspectivas, Preza Ramos considera que los precios altos de café no son suficientes, ya que la disminución de ventajas competitivas del comercio justo, principal defensa comercial de las organizaciones de pequeños productores, está provocando una baja sensible en las capacidades de estas organizaciones para competir.

“Las cooperativas no generan utilidades, y por tanto no tienen capital para especular. Los programas sociales que implementan y que son una de las razones de su ser, son costosos y no generan una rentabilidad económica”, concluyó Preza Ramos.