24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

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FotoHoracio J. Somarriba O*

El interés sobre el tema de los desastres y la educación en Nicaragua ha venido manifestándose con mayor fuerza en los últimos diez años, a través de la Ley 337, creadora del Sistema Nacional de Prevención de Desastres, que reza dos asuntos relevantes.

El primero mandata al sistema de educación de Nicaragua a incorporar la Gestión del Riesgo en todos los niveles de educación. El segundo, de carácter más práctico, la utilización de las escuelas como albergues temporales en caso de desastres. Ambos aspectos se han desarrollado con la elaboración de guías y cuadernos escolares en el tema de Gestión de Riesgo (educación primaria y secundaria), manuales y cuadernos de trabajo para la administración de albergues temporales en centros de estudios.

Ciertamente es un avance, sin embargo la realidad de las infraestructuras de los centros educativos de primaria y secundaria es otro. Las instalaciones escolares están ubicadas en muchos de los casos, en zonas de inundación y deslizamientos, lo que es una alta amenaza para alumnos y docentes, ya que muchos de ellos no tienen el conocimiento y capacidades desarrolladas para auto evacuarse o reducir su vulnerabilidad ante las situaciones de peligro por mala ubicación.

El deterioro de los techos, paredes y pisos de las escuelas en Nicaragua por falta de mantenimiento periódico, más un sistema de agua y saneamiento altamente deficiente, aumentan la vulnerabilidad de alumnos y docentes. Estas condiciones no permiten en muchos de los casos convertir una escuela en albergue temporal, dado que los afectados por un desastre padecerán de otros riesgos asociados a las carencias arriba mencionadas: Proliferación de enfermedades, violencia, abusos y deterioro en general del derecho del afectado a una vida digna en los grupos más vulnerables tales como, niñez, mujeres y personas de la tercera edad.

Aunque la Ley 337 mandate al sistema educativo a la creación de albergues temporales en las escuelas, bajo las condiciones de amenaza y vulnerabilidad referidas con mayor acentuación en las zonas rurales por la lejanía y mala comunicación (vías de acceso deficientes), en la práctica el sistema educativo no ha incorporado la Gestión de Riesgo, bajo el modelo de Escuela Segura, el cual sugiere la organización de docentes, estudiantes y padres de familia para implementar planes de emergencias escolares, es decir brigadas escolares capacitadas, equipadas en primeros auxilios, prevención de incendios y evacuación dentro de un sistema de alerta.

En resumen este concepto expresa una comunidad educativa (estudiantes, docentes, padres de familia y líderes comunitarios) unidos, solidarios, preparados para enfrentar situaciones de desastres y manejar albergues temporales, así como promoviendo una cultura preventiva desde las aulas escolares con acciones de protección ambiental. El modelo de escuela segura es aplicable siempre y cuando existan las condiciones de infraestructura segura (techo, paredes, pisos y sistema de agua y saneamiento existentes y en buen estado) con vías de acceso y comunicación abiertas en todo tiempo.

En conclusión, la incorporación de la Gestión de Riesgo en los centros escolares, bajo el modelo de Escuela Segura le falta camino que avanzar, quizá el más difícil, el trabajo con las escuelas primarias y secundarias de nuestro país. En este trecho existe el apoyo de las ONG´s especializadas para cumplir con el mandato de la Ley 337 y el tercer pilar del marco de acción de Hyogo..

* El autor es Sociólogo Ambiental.