24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

Prueba de texto q aumenta


FotoAlvaro Ríos Roca*

* Bolivia y Argentina, en su relación gasífera

Profesamos que no existe algo más inverosímil e inconsciente que la relación gasífera que se ejerce entre Bolivia y Argentina desde hace ya varios años. Ambos países se necesitan (también se aman sus gobiernos), pero cada uno juega a su cortoplacismo y politiquería extrema. A la fecha, a pesar de las necesidades, no existe algo serio, que se extienda hacia una integración y complementación económica que beneficie a sus ciudadanos. Hagamos algo de historia y reflexionemos.

Corrían los últimos meses del 2003, Argentina comienza a darse cuenta que su política interna de precios de gas extremadamente bajos, que paró en brusco el ciclo exploratorio y de producción, le traería inconvenientes para cumplir sus compromisos con Chile y abastecer su mercado interno.

Peregrinación inmediata hacia la hermana Bolivia para lograr abastecimiento, incluyendo la construcción del Gasoducto del Noroeste Argentino (GNEA). Recordar que Bolivia tenia (tiene) grandes reservas probadas y capacidad de producción excedente, pero que se había mareado con su política hidrocarburíferas, había cortado la exportación a Norteamérica y el pueblo en su borrachera e ignorancia pedía nacionalización y no exportación del gas, lo que cortó las inversiones.
Muy rápidamente e improvisadamente el 2004, se concreta un contrato (interrumpible por cierto) con precios mal estructurados y con la celebre frase de “Ni una Molécula de Gas a Chile”. En realidad las moléculas de gas físicamente no tenían destino Chile, pero evitaba los cortes iniciales hacia ese país.

Enero de 2006, un nuevo aguerrido gobierno, le da complacencia al pueblo y lanza el discurso de la nacionalización (en el fondo nunca hubo nacionalización, sino una mera compra forzada de acciones). Con justicia y anticipando la necesidad, plantea una nueva fórmula de precios a Argentina, que en su desesperación no tiene más remedio que someterse. Recordemos que siempre al tenor de un contrato interrumpible.

Durante el 2006, el aguerrido nuevo gobierno boliviano y el necesitado gobierno argentino negocian apresuradamente un nuevo contrato de compra venta de gas (ENARSA e YPFB -19 de Octubre de 2006). Ese día, en Yacuiba, ciudad fronteriza, repiqueteaban bombos, platillos y bandas de música, se lucían espectaculares collares de flores y frutas y se pronunciaban los más encendidos discursos de integración gasífera de los pueblos. Qué momento histórico para Latinoamérica y por supuesto subida de popularidad de sus gobernantes. Argentina había resuelto su abastecimiento y Bolivia había conquistado un mercado en menos de un año. Record Guiness.

Bolivia se comprometía a suministrar y Argentina a adquirir el año 2007: 7.7 MMMCD, entre 2008 y 2009: 16 MMMCD y del 2010 al 2026: 27.7 MMMCD, con una fórmula de precios muy similar a Brasil, indexados a los fuel oils. Lo irrisorio es que ese contrato nunca estableció cláusulas serias de Take or Pay o Delivery or Pay, pudiendo las partes incumplir el suministro o dejar de comprar cuando así les entrara en gana.
En 2008 Argentina le imploraba a Bolivia cumplir el contrato, porque sino tenía que comprarlo vía GNL hasta en 17 US$/MMBTU y cortar suministro total a Chile e interno. Qué lejos quedaba Bolivia de cumplir con los 16 MMMCD pactados.

En 2009 la torta se invierte y Bolivia pide desesperadamente cumplimiento al contrato a Argentina. Empero, por varios factores como menor demanda, precios más altos para algunos segmentos (mejores precios por arte de magia hacen aparecer las moléculas de gas), presiones de las provincias productoras, programa GasPlus, menores precios para alternativos y subsidiados fuel oils, etc., ya no le interesa el gas más caro de Bolivia. En Julio y Agosto se exportaron 5.89 MMMCD y 5.54 MMMCD promedio. Qué lejos quedaba Argentina de los 16 MMMCD ó 27.7 MMMCD para el 2010 pactados y del GNEA.

“Que viva la integración y complementación energética de los pueblos de America”, dirán algunos. “Que viva el cortopalcismo y el alimentarnos de show políticos”, diríamos otros.
Sin embargo, sigo creyendo que los gobiernos necesitan ponerse serios y es posible establecer un contrato serio y responsable, con cláusulas TOP y DOP, rampa más creíble y precios que acompañen más a los combustibles alternativos. Como el que se firmó en la época neoliberal entre Bolivia y Brasil, pero que sí funciona y se cumple y que ahora lo quieren renegociar. Ojalá no, porque ya verán el fiasco que saldrá de esta negociación que se tornará extremadamente política.
Argentina si bien puede tener pulmón para respirar por unos 3 a 5 años, su problema de reservas y producción es estructural y complejo en el mediano a largo plazo y no debe dejar el problema para el próximo gobierno. Bolivia debe reconocer su fallida política de no a la exportación y generar inversión para acarrear los 40, 60 ó 100 TPC que tiene enterrados al mercado. Argentina es por ahora su única y mejor opción. Pongámonos serios de una vez por todas.

* Actual Socio Director de Gas Energy Latin America. Fue Secretario Ejecutivo de OLADE y Ministro de Hidrocarburos de Bolivia.